Una fotografía es un retazo de tiempo, el umbral entre un segundo y otro en la vida de alguien. Un latido congelado. Cuando nos topamos con alguien por primera vez, nuestro cerebro saca una primera fotografía, una «primera impresión» y, si nos animamos a darle rienda suelta, también una historia.
A la hora de pensar en un superpoder, todos tendemos a pensar en: volar, leer la mente, teletransportarse y otros que sería muy interesante poseer… pero no siempre las cosas salen bien.
¿Por qué la gente tiene que ser como es y no de otra manera? El ser humano no es un continuo inconmovible al que las circunstancias le pasan de lado. En la narrativa esto se ve cuando un personaje, luego de que algo ocurre —sea porque le sucede o éste lo provoca de alguna manera—, queda «mutado en otro».
El cine nos convierte en espectadores. Nos ubica en un rol pasivo… hasta que no comprendemos el lenguaje en que se expresan los personajes y nos vemos en la necesidad de fabricar nosotros mismos los diálogos que sostienen, convirtiéndonos en creadores de nuestra propia historia.
De paso, ¿qué mejor que el cine para aprender el timing de un diálogo?
Los científicos han inventado una máquina para establecer conversaciones con personajes conocidos en lugares y tiempos específicos. Está en versión de prueba (beta), con lo cual por ahí hay algún que otro malfuncionamiento, pero nada que no pueda resolverse… creemos.