Leer para escribir

Escritores que merecen ser leídos porque dejan huellas. Leer para escribir, porque leer no te garantiza que seas escritor, pero sí uno mucho mejor.

ELEGIDO AL AZAR:

Jorge Luis Borges – LA CASA DE ASTERIÓN

Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro: Biblioteca, iii, I.
         

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato ...

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ÚLTIMO PUBLICADO:

Ambrose Bierce – EL PUENTE SOBRE EL RÍO DEL BÚHO

I

 

Desde un puente de ferrocarril, en el norte de Alabama, un hombre miraba correr rápidamente el agua veinte pies más abajo. El hombre tenía las manos detrás de la espalda, las muñecas atadas con una cuerda; otra cuerda anudada al cuello y amarrada a un grueso tirante por encima de su cabeza, pendía hasta la altura de sus rodillas. Algunas tablas flojas colocadas sobre los durmientes que soportaban los rieles le prestaban un punto de apoyo a él y a sus ejecutores —dos soldados rasos del ejército federal bajo las órdenes de un sargento que, ...

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ORDENADOS POR AUTOR:

Kelly Link – Planes de contingencia frente a los zombis

Este es un cuento que trata de cuando uno se pierde en el bosque.

Hay un tipo que se llama El Jabones, en una fiesta en los suburbios. Lo que nos hace falta saber acerca de El Jabones es que tiene un pequeño óleo enmarcado que guarda en el maletero del coche. El cuadro es del tamaño de una novela de tapa blanda. Vaya donde vaya El Jabones, el óleo le acompaña. Pero deja el cuadro en el maletero del coche, porque para qué vas a ir a una fiesta con un cuadro en las manos. La gente pensaría que eres ...

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Tobias Wolff – A la espera de nuevas órdenes

El sargento Morse estaba de guardia aquella noche en la oficina de la compañía cuando llamó una mujer; preguntaba por Billy Hart. Él le contó que al soldado especialista Hart lo habían mandado a Irak una semana antes. La mujer dijo:
-¿Billy Hart? ¿Está seguro? Nunca dijo nada sobre que lo mandarían fuera.
-Estoy seguro.
-Bien. Dios santo. Eso sí que es nuevo.
-¿Y quién es usted? Si no le importa que se lo pregunte.
-Soy su hermana.
-Puedo darle su email. No cuelgue, se lo conseguiré.
-Está bien. Pero hay gente esperando para hablar. Gente que no tiene nada ...

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Raymond Carver – La casa de Chef

Aquel verano Wes le alquiló una casa amueblada al norte de Eureka a un alcohólico recuperado llamado Chef. Luego me llamó para pedirme que olvidara lo que estuviese haciendo y que me fuese allí a vivir con él. Me dijo que no bebía. Yo ya sabía qué era eso de no beber. Pero él no aceptaba negativas, Volvió a llamar y dijo: Edna, desde la ventana delantera se ve el mar. En el aire se huele la sal. Me fijé en cómo hablaba.  No arrastraba las palabras. Le dije que me lo pensaría. Y lo hice. Una semana después volvió ...

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Ernest Hemingway – Colinas como elefantes blancos

Del otro lado del valle del Ebro, las colinas eran largas y blancas. De este lado no había sombra ni árboles y la estación se alzaba al rayo del sol, entre dos líneas de rieles. Junto a la pared de la estación caía la sombra tibia del edificio y una cortina de cuentas de bambú colgaba en el vano de la puerta del bar, para que no entraran las moscas. El norteamericano y la muchacha que iba con él tomaron asiento en una mesa a la sombra, fuera del edificio. Hacía mucho calor y el expreso de Barcelona llegaría en cuarenta minutos. ...

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Hermann Hesse – La fábula de los ciegos

Durante los primeros años del hospital de ciegos, como se sabe, todos los internos detentaban los mismos derechos y sus pequeñas cuestiones se resolvían por mayoría simple, sacándolas a votación. Con el sentido del tacto sabían distinguir las monedas de cobre y las de plata, y nunca se dio el caso de que ninguno de ellos confundiese el vino de Mosela con el de Borgoña. Tenían el olfato mucho más sensible que el de sus vecinos videntes. Acerca de los cuatro sentidos consiguieron establecer brillantes razonamientos, es decir que sabían de ellos cuanto hay que saber, y de esta manera ...

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