Apuntes sobre diálogos

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I. Introducción

El diálogo es una forma de expresión mediante la cual unos personajes se transmiten mutuamente sus pensamientos, deseos, emociones, etc. Diálogo y narración tienen que ajustarse al ritmo de la acción. Un diálogo es, a veces, necesario, pero otras puede convertirse en un peso muerto para el desarrollo de la acción. Inversamente, el abuso de la narración puede restar espontaneidad y variedad a un relato.

Posiblemente, el diálogo sea una de las formas narrativas más creíbles para el lector. La cuentan los propios personajes, sin intermediarios. Es como asistir a una conversación sin que los que dialogan se percaten de nuestra presencia. El diálogo potencia el dinamismo de lo narrado y confiere al texto gran amenidad.

El diálogo mantiene un difícil equilibrio entre la lengua escrita y la hablada, ya que participa de ambas. Aspira a conseguir la espontaneidad de la conversación, pero sin caer en las repeticiones, las palabras imprecisas, los errores sintácticos, las dudas y los silencios que se producen, de forma natural, en cualquier charla real.

Además de emplearse en la narrativa, se utiliza también en otros géneros literarios (teatro, lírica y ensayo) y no literarios (entrevista periodística).

En los relatos en prosa se puede hacer hablar a los personajes mediante tres formas de diálogo diferentes: directo, indirecto e indirecto libre.

II. El estilo directo

El narrador transcribe la conversación de los personajes escribiendo literalmente sus propias palabras y, con los verbos adecuados, nos indica quién habla en cada momento. Esto no se hace cuando resulta bien claro quién toma la palabra.

Se encontró con ella a la entrada del aula.
-¿Has preparado el examen?
-No he tenido tiempo.
-¿Qué vas a hacer, entonces?
-Siempre me sonríe la suerte.

El estilo directo presenta yuxtapuestos el marco de la cita y la cita misma, es decir, la voz del narrador y las palabras atribuídas al personaje. El marco de la cita, tipográficamente hablando, está formado por un verbo de comunicación, al que siguen los dos puntos y las comillas, o que sigue a los guiones, o que se intercala entre los guiones.

El vendedor dijo: “Ese disco está rebajado”.
-Ese disco está rebajado -dijo el vendedor.
-Ese disco -dijo el vendedor- está rebajado.

El estilo directo puede imitar también el modo de hablar, vocabulario, entonación, acento, etc., propios de la persona citada.

Suele decirse que el estilo directo es la “reproducción literal” de un texto, y, en efecto, a veces lo es. Pero estas veces son las menos, porque es muy difícil retener en la memoria, sin deformación alguna, lo que alguien dijo. Los hablantes citan “literalmente” textos que en realidad no recuerdan bien, y tanto el que cita como su interlocutor saben que el texto ha sufrido cambios. Es más acertado decir que el estilo directo es la “reconstrucción” de un discurso: el estilo directo reconstruye (imitándolo perfectamente, o con diversos grados de fidelidad) un discurso realmente emitido, o bien uno imaginario, deseable, posible, anticipado.

Cuando decimos algo, implicamos muchas cosas más de las que decimos, de modo que las palabras pronunciadas son una parte, a veces mínima, del mensaje que queremos comunicar. Repetir lo que alguien dice no entraña reproducir la intención con que lo dice. Además, las palabras citadas quedan siempre amputadas de su contexto, que les daba sentido. Si alguien alaba desproporcionadamente un vestido con intención irónica, la reproducción de la alabanza no incluye necesariamente la ironía: Le dijo: “Ese vestido te sienta estupendamente”. Para rescatar la ironía, habría que agregar, por ejemplo, “pero lo dijo con ironía”.

El estilo directo debe respetar el principio de literalidad en ciertos textos escritos, por ejemplo en los ensayos o en los trabajos científicos (donde la cita directa se aduce como autoridad), y (con ciertas limitaciones) en los textos periodísticos. Esto no es fácil, a veces, sobre todo si se citan palabras pronunciadas y no escritas (de ahí las quejas de muchos entrevistados que aseguran no haber dicho algo que el periodista, sin embargo, reproduce entre comillas). El texto que uno reproduce al citar aparece en el texto citador como una imagen desprovista de gran parte de su entorno, por lo cual su significado puede ser diferente e incluso opuesto al que tenía originalmente.

En el estilo directo la responsabilidad de la expresión (y con ella del punto de vista, valoración, etc.) se atribuye al personaje citado. En estilo directo podemos “repetir” expresiones referenciales que no asumimos. En María dijo: “La presumida de Lola resbaló y se manchó de barro el vestido” repetimos la palabra “presumida” sin arriesgar ninguna opinión nuestra.

Existen diversas formas de representar los diálogos directos:

  1. Forma tradicional española (“-Explícamelo detalladamente -dijo el director-. ¿Cómo conseguiste la llave?”):
    1. Cada intervención se considera un párrafo y va siempre precedido de una raya.
    2. Los incisos del narrador se encierran entre guiones, que actúan, respecto a la puntuación, como si fuesen paréntesis.
    3. Delante del punto final del párrafo de cada intervención se omite el guión.
    4. Los silencios de un interlocutor se representan por medio de tres puntos suspensivos.
  2. Forma tradicional anglosajona (“Explícamelo detalladamente”, dijo el director, “¿Cómo conseguiste la llave?”). La diferencia fundamental es que lo diálogos se marcan con comillas.

Los verbos de comunicación o “verba dicendi” son los que expresan las actividades verbales específicamente comunicativas de los seres humanos, es decir, las que tienen la intención prioritaria de transmitir algo, una información, a otra persona. Algunos verbos, además de introducir la cita, agregan alguna otra información o comentario sobre el acto lingüístico reproducido. Si se compara “decir” y “asegurar”, por ejemplo, se verá que, mientras “decir” sólo anuncia un discurso, “asegurar” implica cierto grado de certeza en lo dicho. Debido a estos matices de significado, algunos verbos de decir son más frecuentes en el estilo directo, y otros en el estilo indirecto, que abordaremos a continuación.

Aquí proponemos una lista de verbos que pueden reemplazar al verbo “decir”, el más utilizado en los incisos del narrador, con la misma o, a menudo, mayor propiedad y eficacia:

Verbos de comunicación verbal
Aclamar, aclarar, afirmar, alabar, alegar, apostillar, aprobar, arengar, argüir, argumentar, articular, asegurar, asentir, atestiguar, balbucear, barbotar, bisbisear, cantar, censurar, charlar, chillar, chismorrear, citar, comentar, comunicar, confesar, confirmar, considerar, contar, contestar, conversar, corroborar, cotillear, cotorrear, criticar, cuchichear, decir, declamar, declarar, definir, demostrar, departir, desaprobar, describir, detallar, dialogar, discursear, discutir, disentir, elogiar, entonar, enumerar, enunciar, esclarecer, especificar, espetar, exclamar, explicar, exponer, expresar, extenderse, farfullar, formular, glosar, gritar, hablar, impugnar, indicar, informar, insistir, insultar, jurar, juzgar, mandar, manifestar, mantener, mascullar, mencionar, murmurar, narrar, negar, nombrar, notificar, objetar, observar, opinar, oponer, ordenar, parafrasear, parlamentar, parlotear, pedir, perorar, platicar, pormenorizar, precisar, preguntar, proclamar, proferir, prohibir, prometer, pronunciar, prorrumpir, protestar, puntualizar, rebatir, rechazar, recitar, reclamar, relatar, repetir, reprochar, reseñar, responder, revelar, rezongar, salmodiar, señalar, sostener, sugerir, suplicar, suspirar, susurrar, tararear, tartamudear, testimoniar, transmitir, vetar, vitorear, vocear,

III. El estilo indirecto

El narrador introduce lo que dicen los personajes -en ningún momento hablan por sí mismos- sin marcar con signo alguno sus palabras; en cambio, se ve obligado a utilizar profusamente la conjunción “que”.

La distinción entre cita directa y cita indirecta es básicamente sintáctica. El narrador transpone las palabras pronunciadas en oraciones subordinadas, además de cambiar los tiempos verbales y las referencias pronominales: El vendedor dijo que aquel disco estaba rebajado. Aquí, quien cita cuenta lo que dijo el vendedor, sin imitar sus palabras exactas, pues quien cita las acomoda a su situación comunicativa.

Las oraciones que tienen una cita indirecta están formadas por un verbo de comunicación verbal y una subordinada sustantiva, encabezada por la conjunción “que”; las interrogativas indirectas totales van encabezadas por “si” (o por “que si”), y las interrogativas parciales, por un pronombre interrogativo (que también puede estar precedido de “que”). La cita indirecta funciona como objeto directo del verbo introductor:

 El vendedor dijo que aquel disco estaba rebajado (C.D.)

El discurso original, en el caso de la cita indirecta, no puede recuperarse. Esto no quiere decir que la cita indirecta sea menos fiel que la directa, ya que ambas pueden ser o no ser fieles; sólo quiere decir que no se puede reconstruir, a partir de una cita indirecta, el discurso original que esta cita representa, en sus exactas palabras. Por ejemplo: Ayer me dijo María que tenemos un examen de Matemáticas. A partir de aquí, podemos imaginar que el discurso original citado podría haber sido algo como: Mañana tenemos un examen de Matemáticas / No sé qué haré mañana, no he podido estudiar nada de lo que entra en el examen de Matemáticas, etc.

Con el estilo indirecto el hablante reformula textos, es decir, las expresiones referenciales se interpretan dando prioridad a su contenido, a su referencia al mundo, sin atender, al menos de manera explícita, al modo en que fueron enunciadas originalmente.

En el estilo indirecto la responsabilidad de las palabras elegidas es nuestra: María dijo que la presumida de Lola resbaló y se manchó de barro el vestido.

El estilo indirecto se puede presentar de dos maneras:

  1. Estilo indirecto estándar. Aparece como la traslación de una proposición, hecha mediante una oración subordinada precedida de “que”: Juan dijo que firmaría el contrato al día siguiente. Aquí lo que importa es el anuncio de Juan.
  2. Estilo indirecto libre. Es una variante del indirecto, con la diferencia de que aquí el relato del narrador (generalmente en pasado, y en tercera persona) se entremezcla con expresiones del personaje, y se utilizan las referencias de tiempo y lugar propias del personaje, no del narrador. La distinción entre el narrador y el diálogo se advierte por el contexto y por los cambios verbales. Consiste, pues, en la reproducción de un discurso que presenta los contenidos de la conciencia de un personaje (palabras, o, con más frecuencia, pensamientos y percepciones) desde el aquí-ahora de esa conciencia, pero en la voz del narrador, y, por lo tanto, en el tiempo pasado de la narración. Ésta no se interrumpe con pasajes dramáticos, como sí sucede en el estilo directo, pero la experiencia del personaje es actualizada por el narrador, que imita las posibles expresiones del personaje. Se caracteriza también por la ausencia de verbo declarativo (dijo, respondió, preguntó…).

    “Abrió la puerta y lo vio. Sí, allí estaba, esperándola.” (éste es un caso de estilo indirecto libre, en el cual se representa verbalmente la percepción visual del personaje que entra).

    “Mañana era Navidad. ¿Vendría papá a traerle regalos?” (el adverbio “mañana”, que indica futuro, se origina en el personaje; el pasado, en el narrador. La expresión “papá” pertenece también al personaje).

    Este último enunciado en estilo indirecto estándar sería: Pensaba que al día siguiente era Navidad, y se preguntaba si su padre iría a llevarle regalos.

IV. Valores expresivos del estilo directo e indirecto

  1. El estilo directo sirve para hacer más dramático un relato, incorporando las voces de otros.
  2. El estilo indirecto, al ser aparentemente una sola voz la que se oye, quita dramatismo al relato, y atiende más a lo que se dijo que a cómo se dijo.
  3. En el estilo directo, las palabras reconstruidas se ofrecen al interlocutor para que éste las interprete.
  4. Las palabras transmitidas en estilo indirecto se dan ya interpretadas por el hablante citador y el narrador tiene toda la responsabilidad, tanto de la retransmisión como de la interpretación.
  5. El diálogo en estilo directo es propio de la charla informal.
  6. El estilo indirecto, al ofrecer una interpretación ya hecha, es apto para discursos más formales, ensayos, o en general, textos escritos.
  7. El estilo directo aporta naturalidad, viveza, expresividad, siempre manteniendo la convención formal de la lengua escrita.
  8. El estilo indirecto aporta abstracción. El uso de la tercera persona verbal da lugar a una despersonalización y a un efecto de alejamiento de personas y cosas de las realidades concretas de tiempo y lugar.
  9. El estilo indirecto se prefiere cuando el relato está más orientado a describir contenidos objetivos que contenidos afectivos, ya que cuenta solamente lo que los personajes dijeron o quisieron decir.
  10. El estilo indirecto es más apto para transmitir no solamente palabras, sino pensamientos y percepciones, precisamente porque es más aceptable transmitir el contenido de un pensamiento o percepción que las palabras que constituyeron ese contenido de conciencia.

V. Funciones del diálogo

  1. Función rítmica. El diálogo, al alternar con la narración y la descripción, contribuye a dotar al texto de un ritmo fluido, pues:
    1. El que intervengan directamente los personajes hace más rápido el relato.
    2. El diálogo de los personajes hace la lectura más amena, ya que evita la monotonía de una prolongada intervención del narrador.
  2. Función argumental. El diálogo sirve también para contar los momentos fuertes de la trama y, entonces, propicia que la acción avance. Ese diálogo hace que ocurra algo, provoca movimiento, y eso quiere decir que, cuando el diálogo termina, la situación ha cambiado. También puede influir en la intriga, porque los personajes no lo cuentan todo, dicen medias verdades, mienten… Mediante la insinuación, el diálogo puede “suspender” al lector, su imaginación se activa y así disfruta más de la lectura.
  3. Función informativa. A través del diálogo transmitimos una información referida a situaciones. El diálogo crea, además, ilusión de realidad. La acción se siente más próxima y viva; es como si se desarrollara en presencia nuestra.
  4. Función caracterizadora. A través del diálogo nos informamos del carácter del personaje, la formalidad de la relación con sus interlocutores, sus objetivos y motivaciones, así como de sus circunstancias sociales y culturales. La palabra revela intenciones, estados de ánimo…

VI. Tipos de diálogo desde un punto de vista lingüístico

  1. Diálogo verosímil. Se da cuando la forma de hablar representa al personaje, es decir, el lenguaje que emplea le corresponde exactamente por edad, por extracción social, etc. Así como no vestiríamos a un miembro de una banda urbana con un frac, tampoco podemos “ataviar” su manera de expresarse con palabras que no le sean propias. Esto sólo es lícito cuando lo empleamos para caracterizar y para provocar efectos humorísticos (por ejemplo, cuando Sancho Panza intenta hablar como don Quijote).
  2. Diálogo indirecto. El diálogo no debe ser uniforme, plano, sino una mezcla de dos realidades: aquello de lo que se habla aparentemente y aquello que se está diciendo en realidad, de manera que el lector pueda leer entre líneas. Intentar transmitir el proceso de ruptura de una pareja de forma velada, haciendo discutir a los personajes sobre cuestiones como la temperatura del café, por ejemplo, enriquecerá la escena:
    1. Ejemplo de diálogo plano:
      • -Ya no te quiero, llevo aguantándote veinte años.
        -Pues yo estoy harta de tus manías.
    2. Ejemplo de diálogo indirecto:
      • -¡Otra vez me has servido el café frío! ¡Veinte años juntos y todavía me sirves el café frío!
        -Ah, ¿sí? Pues caliéntatelo tú mismo.
  3. Diálogos experimentales: dos o más diálogos que suceden en lugares o tiempos diferentes, se fusionan en uno solo.

VII. Decálogo para la elaboración de un diálogo

  1. El diálogo tiene que ser significativo, es decir, servir para algo: o revela el carácter del personaje o da indicios de la situación en que se encuentra, etc.
  2. Tiene que ser progresivo, es decir, utilizarse en función del desarrollo de los personajes, las situaciones y los incidentes. Lo que se dice tiene que hacer avanzar la situación. No hay que enredarse con saludos, despedidas, etc.
  3. Ha de poseer dinamismo y agilidad. Es necesario evitar las intervenciones excesivamente largas, pero sin caer en el diálogo carente de sentido e inexpresivo.
  4. El diálogo ha de ser natural, hay que adecuar el lenguaje a la categoría social, a la edad, al sexo, etc. del hablante. Si no se adecua la expresión lingüística a los caracteres que se pretenden plasmar, los diálogos resultarán artificiales, poco creíbles.
  5. Los personajes deben diferenciarse no sólo por su físico y carácter, sino también por sus voces. A cada personaje le va bien un tipo de expresión verbal específica en función de quién es y cómo es.
  6. No abuses del verbo “decir”. Conviene sustituirlo por sinónimos: replicó, comentó, explicó.
  7. Las preguntas y respuestas y la frase corta y elíptica le dan vivacidad al diálogo, pero se debe evitar la monotonía de una constante alternancia de preguntas y respuestas. Para ello, se puede recurrir a:
    1. Contestar a una pregunta con una respuesta que no corresponda:
      • -¿Adónde vas?
        -Te he dejado comida en el horno.
    2. Contestar a una pregunta con otra:
      • -¿Por qué llegas tan tarde?
        -¿Te has pasado todo el día ahí tirado?
    3. Repetir una parte de lo que el otro ha dicho:
      • -He estado junto al teléfono toda la noche. Dijo que llamaría a las tres.
        -Dijo que llamaría a las tres. Pues ya son las cuatro y media.
    4. Sustituir la respuesta con un silencio o un gesto:
      • -He estado junto al teléfono toda la noche. Dijo que llamaría a las tres.
        -(…)
        -A lo mejor se ha ido sin llamarme.
  8. El estilo indirecto resta autenticidad al diálogo al transmitir lo expresado por el personaje a través de un intermediario.
  9. El paso del estilo directo al indirecto implica, muchas veces, un paso de un registro coloquial a un registro culto.
  10. Es conveniente matizar el diálogo con elementos descriptivos y narrativos que expliquen al lector lo que siente y hace el personaje mientras habla.

VIII. Diálogo teatral

El diálogo es la forma obligada del discurso dramático, porque es la forma en que pueden intervenir los personajes en la obra; y es forma alternativa con el monólogo y optativa, por tanto, en el relato y en el poema, cuyos personajes pueden hablar directamente o no dejarse oir nunca. El diálogo es la base dinámica de una obra teatral. A través del lenguaje hablado en escena se caracterizan los personajes y se ambienta la obra. Es tan importante como la acción. Produce un fuerte efecto de realidad en el espectador, pues éste siente que asiste a un modo familiar y cotidiano de comunicación.

El diálogo narrativo es siempre un “discurso referido”, es decir, un discurso entre personajes que transmite un narrador, bien conservando sus formas originales (diálogo directo), bien introduciéndolo en su propio discurso (diálogo indirecto). El narrador no desaparece nunca del discurso narrativo: antes o después del diálogo de los personajes, cuando no en forma de apostillas, interviene el narrador para decir quiénes son los que hablan, cómo hablan, y aludir a su situación corporal, espacial y temporal. Esto resulta imposible en el diálogo dramático: el autor puede identificarse con un personaje y hablar a través de él, pero no puede dejar oir su palabra ni como autor ni como narrador, porque no hay espacio para nadie entre los personajes y los espectadores (o lectores) de la obra dramática.

Forma de presentación:

  1. La obra dramática utiliza como única forma de expresión los diálogos y con ellos construye la historia, presenta a los personajes… El diálogo se presenta como un discurso de enunciados segmentados en partes que emiten dos o más interlocutores.
  2. Los hablantes se ceden la palabra limitando sus intervenciones y terminándolas con signos lingüísticos perceptibles para el interlocutor (entonación, fórmulas de cierre, etc.). Deben escuchar por turnos y aportar razones para que el discurso progrese. Hay diálogo teatral cuando lo que dicen los personajes adquiere un ritmo suficientemente elevado para que el texto no parezca una sucesión de monólogos.
  3. La identificación de los personajes se realiza mediante su nombre propio en el texto escrito y por la figura del actor que lo representa en la escena. Los textos que dicen los personajes se llaman “parlamentos”. Para redactar parlamentos e indicar acciones, por lo regular se utilizan las siguientes normas:
    1. Se escribe a la izquierda el nombre del personaje que va a hablar, seguido de punto y, a veces, de guión. Después se escriben sus parlamentos y se marcan sus acciones.
    2. A las acciones, para distinguirlas de los parlamentos, se las escribe entre paréntesis y con otro tipo de letra, o en la línea anterior a la del diálogo. Las indicaciones que hace el autor sobre los parlamentos y las acciones, se llaman “acotaciones”.
  4. El diálogo dramático discurre siempre en tiempo presente.

En el discurso de un personaje es tan significativo lo que se dice como lo que no se dice, así como los silencios, que marcan también el ritmo, y a los que llamamos pausas dramáticas, que ayudan a crear la tensión de la obra.

Según la relación que mantenga con el contexto se distinguen tres tipos de diálogo:

  1. Normal, donde los personajes hablan del mismo asunto e intercambian informaciones.
  2. El falso diálogo, en el que los asuntos son extraños entre sí. La forma externa del texto es el diálogo, pero en realidad se trata de una sucesión de monólogos que los personajes van superponiendo. Es como si cada uno hablara y no escuchara al otro. Este efecto produce una tendencia hacia el absurdo como estilo.
  3. El texto es distribuido poéticamente entre los personajes, a modo de monólogo entre varias voces, del mismo modo que una orquesta en la que cada instrumento va sonando en armonía con el resto.

El diálogo puede, además, ser en prosa o en verso. En nuestro Siglo de Oro, los dramaturgos utilizaban el verso. Gradualmente la prosa, por ser más natural, acabó imponiéndose.

IX. Diálogo cinematográfico

Su función principal es proporcionar la información que no se consigue mostrar con la acción propiamente dicha. El diálogo dentro de una imagen puede ser sustituido por un gesto o por una mirada, que podrían ser más significativos que la frase.

Se caracteriza fundamentalmente por su brevedad, dinamismo y verosimilitud: incluye solamente lo necesario para la información.

Funciones del diálogo:

  1. Transmitir hechos e informaciones al espectador, teniendo en cuenta que no debemos emplearlo para decir cosas que se deberían decir con imágenes.
  2. Hacer avanzar la acción, es decir, servir para algo.
  3. Reflejo de la psicología del personaje. Cada uno se expresa según el modo de ser, el grado de cultura, el medio social.
  4. Descubrir conflictos y estados emocionales de los personajes.
  5. Ayudar a establecer las relaciones entre los personajes y los espacios en que éstos se hallan.

Características del diálogo

  1. Los diálogos deben tener siempre un objetivo. Los personajes nunca deben “hablar por hablar”.
  2. Hay que evitar los diálogos basados en el juego mecánico de preguntas y respuestas.
  3. No hay que responder siempre a las preguntas con simples palabras. Hay que utilizar el silencio, el gesto o su ausencia…
  4. Conviene encabalgar la frase y su réplica mediante la repetición de una o varias palabras o pregunta con pregunta: “Necesito dinero”/”¿Dinero?”.
  5. Han de estar bien construidos, huyendo de la repetición, dispersión y momentos vacíos de los de la vida real.
  6. Su redacción no ha de ser literaria para poder ser asimilados rápidamente por el espectador.
  7. Tienen que ser coherentes con las características de los personajes y la situación en que se encuentran.

X. La entrevista periodística

  1. Es en esencia el diálogo que mantiene un informador con un personaje.
  2. Tipos de entrevistas:
    1. Entrevista informativa:
      1. Pretende transmitir información.
      2. Suele centrarse en un tema concreto.
      3. El interlocutor sólo es trascendente para el texto como portador de datos.
      4. Su estructura suele seguir una secuencia de preguntas y respuestas, sin comentarios al margen.
      5. El yo del periodista está ausente.
    2. Entrevista de personalidad o de creación:
      1. Objetivo: Aproximarse al personaje desde muchos puntos de vista para conocerlo mejor.
      2. El yo del periodista está presente.
      3. No giran en torno a un solo tema, sino que abordan todos los que contribuyan al mejor conocimiento del interlocutor.
      4. La estructura es más libre y creativa (comentarios del periodista, descripción del interlocutor, del espacio y del ambiente):
        • Entradilla:
          • Es toda la introducción que encontramos antes de la primera pregunta.
          • Puede constar de varios párrafos.
          • Emplea frecuentemente la descripción de ambiente y espacio y de personaje.
          • Son obligatorios los siguientes datos: nombre, profesión, edad y cuál es el motivo de la entrevista.
        • Titular. Suele contener:
          • Título o cabeza con el nombre del entrevistado, pues, al ser famoso, es lo que más fácilmente atrae la atención del lector..
          • El subtítulo intenta destacar el rasgo más sobresaliente o conocido del personaje. Contiene una de las frases cortas, claras y significativas de la entrevista o una apreciación del periodista.
        • Cuerpo: puede contener también pequeños comentarios del periodista que redondean la descripción del ambiente o dan más pistas sobre el personaje.
        • Ladillos: Actúan como pequeños subtítulos separando la entrevista en forma de pequeños capítulos.
        • Último párrafo. Hay dos maneras de terminar:
          • Con una respuesta del entrevistado que, de alguna forma, marque el final.
          • Con un comentario del periodista que indique ese final.
          • En ambos casos, el final ha de ir marcado por el diseño de la página.
  3. El proceso de elaboración de una entrevista presenta tres etapas: preparación, encuentro con el entrevistado y redacción.
  4. La redacción de una entrevista presenta los siguientes pasos:
    1. Una entrevista no es una transcripción de la cinta magnetofónica tal como ha sido grabada.
    2. Todas las imperfecciones de la lengua hablada y de la conversación espontánea deben ser eliminadas del texto, sin que ello signifique traicionar el mensaje:
      1. El personaje comete errores sintácticos, repite lo mismo dos veces… Estos defectos de forma se corregirán.
      2. El orden de las respuestas se muestra disperso por lo que muchas preguntas variarán su orden.
      3. Otras respuestas serán suprimidas por falta de interés o serán condensación de respuestas dispersas sobre el mismo tema.
      4. Recoger las opiniones del entrevistado con objetividad, sin emitir juicios críticos.
    3. El diálogo se reproduce normalmente con sus alternativas preguntas y respuestas:
      1. Las preguntas suelen ir precedidas de una P, excepto en la primera que se escribe la palabra “pregunta” completa.
      2. Las respuestas llevarán delante la letra R, excepto la primera.
    4. Si la entrevista es larga, se entresacan algunas frases reveladoras para usarlas como rótulos o encabezamiento de las diversas secciones.

 

Fuente: http://recursos.cnice.mec.es/lengua/profesores/eso1/t4/teoria_1.htm

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