Cinco condiciones necesarias para escribir (y terminar) una novela

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Si valiera usar las estadísticas, puedo decir que, de todos los que quieren escribir una novela, solo logrará terminarla una minoría cercana al 10%. Al 90 que queda en el camino le ha faltado al menos uno de estos cinco pilares necesarios que sustentan la construcción de tamaño artilugio narrativo: tiempo, conocimiento, práctica, disciplina y actitud. Como cada uno de ellos está cargado de mitos, trataré aquí de conservar la mayor objetividad que sea posible, a fines de derribarlos.

El tiempo que se le dedica a una novela es absolutamente variable, tanto el total como el diario y depende de la subjetividad de cada autor. Hay escritores que llegan a dedicarle doce horas diarias a su producción, como llegó a hacerlo Ricardo Piglia, mientras que otros no se pasan de las dos horas, como César Aira. Así, son capaces de terminar su novela en seis horas, como Alejandro Dumas en El caballero de la casa roja o las tres noches que le tomó a Stephen King escribir El fugitivo. Pero ante tan abrumadora velocidad creativa, hay un contrapunto de autores que, con igual renombre, les tomó bastante más llegar a destino: dieciocho meses a Gabriel García Marquez con su Cien años de soledad, seis años a J.K. Rowling para su famoso Harry Potter y la Piedra Filosofal y, más recientemente, cerca de siete años a Paul Auster completar su última novela, 4, 3, 2, 1. Lo único que une a todos ellos (y a los miles de consagrados que no han sido parte del ejemplo), es que dispusieron de tiempo, ya sea poco o mucho. Quien no pueda hacerse un espacio temporal, que no ambicione escribir una novela.

El conocimiento, como segundo componente, alberga la falsa creencia de que una novela requiere de una licenciatura en Letras, cuando no un doctorado, y no es así. Puestos a ver, son escasos los escritores de novelas, al menos los latinoamericanos, que ostentan tales títulos. La razón es muy sencilla: estas carreras están más orientadas a la crítica que a la creación y se encargan, al menos en Córdoba, de dejárselo bien claro a los aspirantes a ingresar a la facultad. La mayoría de sus egresados, de hecho, reconoce abiertamente que no serían capaces de escribir una novela. Por otra parte, hay gente que tiene un sexto sentido o también una habilidad innata para la escritura, un conocimiento silvestre, diría, que no ha sido adquirido de manera formal, pero sí a través de mucha lectura y consumo de contenido que han sabido internalizar, como muchísimos escritores han hecho; mientras que otros escritores reconocen haber asistido a talleres de escritura creativa o carreras específicas de creación literaria (más en el exterior que en Argentina) que les proveyeron de un punto de partida conceptual para encarar la escritura de una novela: construcción de los personajes, estructuras narrativas, manejo de narradores, entre tantos otros puntos teóricos. Sin un mínimo conocimiento al respecto, no me cabe duda, la escritura de una novela será más una misión rayana en lo suicida que un objetivo cumplido.

Y si en el punto anterior dijimos que hay maneras de obtener el conocimiento necesario, el tercer pilar es el de la práctica: sin esta, todo conocimiento –incluso toda genialidad–, corren riesgo de inutilidad. No vale de nada saber de punta a punta cada aspecto de la narrativa si no se escribe. Suena a verdad de perogrullo, pero está lleno de gente ansiando escribir una novela, estudiando cada aspecto de la materia, pero con una cantidad de palabras escritas cercana a cero… y sin páginas completadas ni historia contada, ¿cómo puede haber novela?

Disciplina, el cuarto pilar, es casi el más robusto para sostener la construcción de una novela. La gente tiende a creer que los escritores son entes geniales que conciben sus novelas en horas y les basta un par de sentadas frente al papel o a la pantalla para concebir la novela más espléndida que se haya leído jamás. También que son ricos (o sino que se sustentan con energía solar) y que una horda de siervos les atiende todas y cada una de sus necesidades, tanto a ellos como a quienes los rodean. Y claro que hemos dado ejemplos de novelas escritas en horas, pero son excepcionales las que han sobrevivido a un mínimo control de calidad por parte de un buen editor. La mayoría de los escritores se han pasado horas, días, meses y años escribiendo, corrigiendo y volviendo a escribir. Y cuando no estaban haciéndolo, estaban buscándose el tiempo para hacerlo o lo defendían a capa y espada de las otras ocupaciones que llevaban a cabo para, por ejemplo, tener un plato de comida y pagar el alquiler y la luz, como cualquier otro peatón de este planeta. Porque, claro que hay escritores que viven en mansiones en la colina y tienen un chófer que los pasea en limusina, pero son los menos. La mayoría vive de otros trabajos, tiene familia a la que atender y es solo gracias a su disciplina (él único punto en común que tienen todos los escritores) que logran avanzar, a veces de a capítulos completos, a veces de a puñados de palabras. Pero avanzan y así llegan a poner «FIN» en la última línea de la última página de su última novela.

El quinto y último ingrediente es el más importante de todos: la actitud, es decir la disposición interna para conseguir el objetivo de escribir una novela, ya sea para tener el tiempo, para establecer una disciplina de trabajo, para obtener los conocimientos necesarios y/o para ponerlos en práctica página a página.  Si alguien no está verdaderamente dispuesto a escribir una novela, con todas las implicancias que conlleva, mejor que ni lo intente, porque va a ser parte del 90% que se quedará con el auto humeando en la autopista de la literatura.

 

Germán Maretto

Creo creando

8 Respuestas

  1. Silvia dice:

    Muy interesante el artículo y esclarecedor, remarcando la actitud como pilar que engloba a los demás y la disciplina de trabajo, como soporte de esa estructura. Por lo demás, siempre es una incógnita la cuestión de la construcción de los personajes.
    Leí “Frida” y “Estudiantes extranjeros” entre los recomendados, muy buenos ambos. Gracias!!

  2. Maria Leticia dice:

    Me gusta el texto. Clarito.En mi caso personal, no creo que pueda escribir una novela porque todavia no sé si escribo cuentos o relatos. Y si escribo cuentos no sě si son buenos pero estas cinco condiciones me parecen que puedo llegar a conseguirlas. Y eso me da esperanzas de pensar y quizás soñar que algůn día escribirě una novela.

    • Germán Maretto dice:

      Y bueno, Leticia, apuesto a que nuestro taller te va a ser de ayuda. De hecho ya tenemos tu primer texto para corregir. En breve lo tendrás en tu casilla de correo.

  3. Ada Salmasi dice:

    Así es profe, anima para seguir “cuenteando”.

  4. Diego Sherriff dice:

    Totalmente de acuerdo German. Agregaría un pilar más si me permitís y es uno que ustedes hacen muy bien: “la tertulia” que entusiasma y sigue animando.

    • Germán Maretto dice:

      ¡Muchas gracias, Diego! Tratamos de ser una buena compañía en el taller. Un GPS que al menos oriente un poco.

  5. Ada Salmasi dice:

    Muy claro, expresado por alguien que lleva tiempo escribiendo. Desde lo personal, en mi intento gratificante y trabajoso a la vez de escribir cuentos, le añado el desarrollo de mi tolerancia a frustrarme al no encontrar esas palabras para decir lo que quiero.

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