Chupitos

Chupitos

Fernando Guillén López estacionó la carretilla frente a la tumba de su mejor amigo, Joaquín de la Cruz, alias el Chel, como les dicen a los rubios en Yucatán.

Leyó con desprecio, una vez más, el epitafio de su compañero de copas y pensó que la hipocresía prevalecía hasta en la muerte. Si le hubiesen preguntado a él, en la lápida se leería: «Aquí descansa Joaquín el “Chel” de la Cruz, quien un día se sentó en un bar a beber hasta morir».  

Empuñó la pala que robó del patio trasero de su vecina mientras esta se ponía al día, con las demás vecinas de la cuadra, sobre los últimos acontecimientos del pueblo. Tomó un trago y, en la soledad del cementerio municipal de Muna, comenzó a cavar.

Gracias a su práctica en el uso de la pala y al hartazgo de los sepultureros, llegó rápido hasta la madera del cajón. También podría agradecerle a la madre de su amigo, que, para abaratar los gastos del sepelio, elegía para sus seres queridos ataúdes de tapa plana, con aglomerado chapado sin lustrar; esos que se utilizan generalmente para las incineraciones. Todo ello hacía que la última morada de Joaquín no ofreciera resistencia a los golpes de su pala.

Cuando finalmente se reencontraron, Fernando no pudo evitar darle un emotivo abrazo a su amigo el Chel y, sin más pérdida de tiempo, comenzó a arrojar fragmentos de este hacia la superficie. Le pareció apropiado empezar por el cráneo, y así continuó hasta el último hueso.

Trepó satisfecho por el pozo y cargó los restos de su amigo en la carretilla junto a las botellas de tequila y ron que pudo conseguir para el festejo que —si no había interrupciones— comenzaría de un momento a otro.

Las calles del pueblo de Muna estaban silenciosas, mientras Fernando las atravesaba con la carretilla que, en cada imperfección del pavimento, hacía tintinear las botellas y los huesos de Joaquín.

Una vez que hubo ingresado a su casa, se ocupó de devolver la pala a su vecina saltando el muro divisorio de los patios traseros. Debía dejarla en el lugar exacto si quería seguir utilizándola.

En la intimidad de su hogar, rearmó el esqueleto de Joaquín en el sofá y depositó el cráneo en la mesita frente a él. Luego preparó un par de tequilas para abrir la noche como buenos jóvenes mejicanos que eran.

Puso un chupito de tequila frente al cráneo de Joaquín y con el suyo lo chocó a modo de brindis diciendo:

—Por un lugar de agua tierna, Chel.

Con una breve carcajada, recordó que para ellos era más que el significado de la palabra muna, en lengua maya, era el sonido de la base de los chupitos golpeando la barra del bar, los ojos enrojecidos por la carrera infinita de tequilas, sus bocas ásperas por la sal y el limón, el humo, dos amigas llamándolos con la mirada mientras ríen sin disimulo, el taco golpeando una bola de villar, el chirrido de la bisagra de la puerta de ingreso, empujones y tragos derramados en la ropa, música, abrazos apretados y sus copas siempre llenas de agua tierna.

Unos golpes insistentes a la puerta lo sacaron del recuerdo. Entre tambaleos y tropiezos, pudo finalmente abrirle al policía que, hastiado, le mostraba las esposas.

— ¿Cuántas veces más vas a hacer esto, Fernando? —le preguntó el oficial, mitad enojado, mitad dormido.

Pensó en desahogarse, en confesarle que extrañaba tanto a su amigo que él también quería tomar hasta morir. Pero no podía hacerlo solo. Quizás con su compañero, aunque más no fuera en los huesos, podría lograrlo. Porque ya no podía volver al bar sin él. Durante años lo intentó, pero solo pudo llegar hasta la puerta.

Finalmente, respondió sin dar mayores precisiones:

—Todas las que sean necesarias. —Y extendió los brazos para que le pusiera las esposas.

12 Respuestas

  1. Diego C. dice:

    me encantó esta historia, Mai. Me trabé un toque en la línea que dice: con una breve carcajada….pero nada, excelente!

  2. Maria Eugenia dice:

    Impecable querida Maira¡ como disfruto leerte¡¡ abrazooote!!

  3. Mirian Sansone dice:

    Excelente cuento! Me tomé el atrevimiento de publicarlo en mi grupo de Facebook «Lectura y escritura». ¡Quedaron maravillados! Es perfecto, original y redondo! Nada de más, nada de menos. ¡Perfecto! Quizás me agrega a anotarme en tu taller para saber si puedo lograr algo así. Mis sinceras felicitaciones. Mirian Sansone de La Plata. ¿De dónde eres, Maira? ¿De México?

    • Maira Pelinski dice:

      ¡Muchas gracias por tus palabras, Mirian! Me alegra que te haya gustado. Soy de Córdoba.
      Si te gusta escribir, te recomiendo este taller en el que estoy participando, que es el de escritura por video llamada grupal.
      No solo aprendés un montón, sino que además es divertidísimo.
      Lo coordina Germán Maretto y, en mi caso, tengo un grupo de compañeros increíbles.
      Además, tenés otras modalidades del taller que podés consultar en esta misma página en la que leíste mi cuento.
      ¡Saludos!

  4. Graciela Giachero dice:

    Excelente, sensitivo,profundo.

  5. victoria.vazquez.Karamazov dice:

    Brindo por este cuento, ingeniosa historia, deliciosa redacción, ¡Felicitaciones a la autora!

  6. Agustin dice:

    Me encantó!!! Tremendo cuento, felicitaciones a la autora!

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