Silencio

two clear drinking glasses with water

Junto a la ventana de la habitación, Valentina da una última pitada a su cigarrillo mientras Tomás, su novio, está recostado sobre la cama con la mirada ausente. Llevan varios minutos en silencio, como se les ha hecho habitual.

—Amor —dice él para llamar su atención.

—¿Sí? —contesta ella mientras apaga el cigarrillo, presionándolo contra el cenicero.

—Hay una mancha de humedad. —Señala al techo y agrega—: Ahí.

Valentina levanta la mirada.

—Siempre estuvo así —contesta sin pensar demasiado.

—¿Ah, sí? —pregunta él.

Ella, sin mirarlo, asiente levemente.

La mirada de Tomás vuelve a perderse y el silencio vuelve a reinar en la habitación.

—¿Pasa algo? —pregunta Valentina unos minutos después, fingiendo interés.

Su novio no dice nada, apenas niega con la cabeza. Valentina se pone a pensar una excusa para salir de la habitación. Finalmente, la encuentra.

—Voy a tomar agua —dice—. ¿Te traigo algo?

—No —responde en voz baja, sin siquiera mirarla.

El departamento es pequeño, por lo que, apenas sale de la habitación, ve prendida la luz de la cocina y a la hermana de Tomás, Micaela, de pie, apoyada sobre la mesada.

—¿Todavía despierta? —pregunta Valentina.

Micaela asiente y agrega:

—No pude dormirme, estaban hablando mucho.

Valentina capta el sarcasmo y solo responde con una mueca. Se sirve un vaso de agua y se quedan en silencio. Esta vez es distinto: podrían pasar horas así las dos solas y Valentina jamás se aburriría. Esta vez, sin embargo, nota algo en la mirada de Micaela.

—Te pasa algo —le dice—. ¿Qué es?

—No es nada.

—No me mientas.

Micaela le toma la mano.

—No querés saberlo.

—Sí quiero —dice Valentina, y la hace mirarla a los ojos.

Finalmente, Micaela cede.

—Fue una mala idea.

«¿Por qué ahora?», piensa Valentina y pregunta:

—¿Cuál? —Aunque ya sabe la respuesta.

—Mudarme con ustedes.

—Sé que no es lo ideal…

—No, no es lo ideal —interrumpe Micaela—. No puedo seguir esperándote. No así.

Valentina siente cómo la mano Micaela se aparta de la suya, así como su mirada.

—A mi hermano podés mentirle todo lo que quieras, a mí podés mentirme todo lo que quieras, pero mentirte a vos no va a servirte de nada.

—Mica…

—Andá. Te debe estar esperando.

Micaela voltea y, antes de que Valentina la detenga, vuelve a su habitación, cerrando la puerta detrás de ella.

El silencio rodea a Valentina, que después de unos minutos tira el agua por la pileta de la cocina, apaga la luz y vuelve a su habitación.

6 Respuestas

  1. marcos.saraniti dice:

    Muy buen cuento, Santiago!!

  2. Maira Pelinski dice:

    Qué buenos diálogos, Santiago. Me gustó mucho la atmósfera de este cuento.

  3. victoria.vazquez.Karamazov dice:

    Santiago, que maravilloso texto… profundo y misterioso silencio, bravo!

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