Algo que hacer

Algo que hacer

El tipo muere. En el más allá, lo espera un tribunal. Detrás de una enorme y nívea tarima semicircular, está la Santísima Trinidad, los santos y trillones de ángeles que forman una nube. Se abre el archivo de sus pecados: malos pensamientos, odio, rehusar reiterado de limosnas, egoísmo, hipocresía, 6457 masturbaciones, deseo de mujeres ajenas (empezando por su propia madre ) , fornicación con prostitutas , adulterio, divorcios, gula, desórdenes alcohólicos, pequeños robos ( que según su fiscal, San Agustín, valían tanto como los grandes: unas ciruelas a un vecino, un vuelto, un sobreprecio, libros varios ) ; en resumen, salvo matar – aunque según San Agustín había que considerar aquellos pajaritos, aquellos gatos, y hasta pequeños insectos que fueron víctimas de su crueldad – el tipo había infringido casi todo el Decálogo. Pero como no era un gran criminal, y había tenido una vida de perros en la tierra, se resolvió mandarlo al purgatorio durante 49 siglos. Al dictar sentencia, Dios le preguntó:

– ¿Te has arrepentido de tus pecados?

El tipo lo miró y dijo:

– No sé, te quisiera ver a Vos en mi lugar.

El horror de la blasfemia enmudeció el incesante canto de los ángeles.

– ¿En tu lugar? Hace mucho tiempo que no me proponían eso. Dejame que lo piense.

Consultó con la Trinidad, con los Santos, con Zeus, que había existido. Después hizo subir a Satanás, que estuvo MUY de acuerdo con el tipo. Por último, con su estilo profético dijo:

– Se hará.

Dios volvió a la tierra en el cuerpo del tipo. Regresó a su nacimiento, escuchó las peleas de sus padres, soportó la impiedad de las maestras, la indiferencia de sus compañeros, trabajó durante años por un sueldo miserable, los jefes se ensañaron con El, se casó con la misma bruja que le había hecho la vida imposible al tipo, tuvo amantes, se divorció, se hizo 8495 masturbaciones, se tiró con las mujeres de sus amigos, quiso suicidarse 1268 veces, comió y bebió como un cerdo, y a los cuarenta y cinco años, cuando ya no se acordaba que era Dios, volvió a tener el mismo infarto de miocardio que había matado al tipo.

Al ascender al Tribunal, adonde no había pasado más de un minuto – pero lo habían visto todo – los Santos le daban la espalda, la Virgen no se atrevía a mirarlo a los ojos, Cristo estaba frenético de rabia y los ángeles, para adularle, entonaban blues. Dios miró al tipo hecho a su imagen y semejanza, y le dijo:

– Esta bien, estás perdonado. Vivirás por la Eternidad, con Nosotros, en el Cielo.

El tipo pensó un momento y respondió:

– Preferiría volver a la Tierra.

– Pensé que me ibas a pedir eso – dijo Dios, orgulloso de Su Creación. Y guiñándole su Unico Ojo, añadió:

– Después de todo, no se está tan mal allá abajo, ¿eh?

– Bueno, por lo menos uno siempre tiene algo que hacer – dijo el tipo.

Despertó en el Sanatorio de la Mutual. Los médicos no lo podían creer, pero el tipo había resucitado.

4 Respuestas

  1. Daniel Scardulla dice:

    Muy buen cuento. Pensé que la deidad quería quedarse en la tierra.

  2. marcos.saraniti dice:

    Muy buen cuento!! Lo disfruté y me reí muchísimo!!

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