Relectura sí, relectura no

Corrigiendo un texto, me pasó que tuve que releer un fragmento. Inmediatamente pensé que no está bien que alguien deba interrumpir su flujo de lectura para retroceder y así, quizás, capturar el sentido de lo que el autor quiso transmitir. Son tiempos de poco tiempo, de datos a la velocidad de la luz y más rápidos aún, a la velocidad del pensamiento. Son tiempos de presionar «enviar», sin vuelta atrás. Y la lectura debería seguir ese flujo: que el lector no tenga que releerte para avanzar en eso que le estás queriendo decir.

Muy conforme con la idea, estaba por retomar la corrección cuando un nuevo pensamiento me interpeló: ¿seguro que no es bueno que un lector relea? Pensé en lo que hago cuando leo algo que me estalla de repente en la cabeza, en el pecho y, por qué no, en la entrepierna. ¿Sigo de largo, haciendo de cuenta que no lo vi? Claro que no: vuelvo todas las veces que quiera: al fin y al cabo es placer. Y es gratis.

¿Y entonces, releer o no?, me pregunto. Releer para que me entiendan, porque escribo en jeringoso, no. Releer porque les gustó algo que escribí, adelante, pasen y sírvanse todo lo que quieran. Será un honor recibirlos en mi texto.

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