La cosa

Una vez creo que vi una cosa monstruosa en mi casa. Fue en el dormitorio de mis padres. Yo abrí la puerta y la vi, reflejada en el espejo del ropero. Mi padre gritó, y mi mamá se hizo bajita como yo era entonces y me dijo que me fuera, que no se podía entrar, y me cerró la puerta. Pero yo vi que la cosa me miró cuando abrí la puerta, y después tenía miedo de que me buscara por la casa y me quisiera matar.

Les conté a mis hermanos, pero no me creyeron. Yo les pedía por favor que me creyeran, porque no quería quedarme solo con la cosa, pero ellos no me hacían caso y seguían tomando la leche o dibujando.

Cuando mis padres no estaban, la cosa no salía. Entré varias veces al dormitorio, con mucho cuidado para no despertarla, pero no la encontré, no estaba ni dentro del ropero ni debajo de la cama. Si mi mamá la escondía, no sé cómo hacía porque no estaba en ningún lado. Revisé hasta la caja del sombrero, pero no la volví a ver por un tiempo, y me tranquilicé. Quizás cuando mis padres estaban en el dormitorio sacaban la cosa, para que tomara aire. Yo escuchaba con la oreja pegada a la puerta, pero lo único que oía eran los ronquidos de mi padre. Me daba rabia que la cosa estuviera durmiendo con mi mamá y yo afuera. A veces entraba para verla cuando estaba seguro de que estaban durmiendo, pero ella se escondía, y yo no me animaba a levantar la colcha para descubrirla.

Un día mis padres se separaron y yo aproveché para ir a dormir con mi mamá, para ver si la cosa aparecía, pero mi mamá me sacaba de la pieza y me obligaba a dormir en mi cama, junto a mis hermanos.

Entonces pensé si la cosa no se habría ido con mi padre, y lo estaba matando ahora mismo que estaba pensando eso. Se lo dije a mamá y ella se puso triste, pero no me respondió. Se lo dije a mis hermanos y me sacaron a patadas. Cuando me animé a decírselo a mi padre él me acarició la cabeza y me dijo que no pensara estupideces y que había matado a la cosa. Yo no lo creí, porque para qué la cuidarían tanto si al final él la mataba.

Me di cuenta que mis padres extrañaban a la cosa, porque no tenían buena cara cuando estaban solos, y parecían gente esperando a un tren que no llega nunca. Entonces pensé: “¿y si la cosa vivía en el espejo y no era que la vi reflejada, sino que estaba adentro?” Me empezó a agarrar miedo de mirarme en el espejo, primero en el del ropero, después en cualquier espejo, porque creo que el mundo de los espejos se comunica por dentro y es como un palacio grande con muchas puertas.

Mi mamá se enojaba conmigo porque no iba bien peinado a la escuela sino que me mojaba la mano y me achataba el pelo para no tener que mirarme en el espejo del baño. Una vez me vi la cara en el agua del inodoro y pensé que la cosa también podía aparecerse por ahí. Y en la cuneta y en los charcos y en todos los lugares en donde había espejos o agua quieta.

Otro día, era de noche, y me vi mirando la ventana del living que daba a la calle. También era peligroso mirarse en los vidrios y en las vidrieras cuando estaba oscuro. Otro día mi hermano mayor me mostró cómo me veía en una cuchara. De un lado parecía un pescado y del otro estaba al revés. Pegué un grito y se me pusieron los pelos de punta y nadie entendió qué pasaba. Desde entonces dejé de tomar la sopa o el flan o cualquier cosa que se comiera con cuchara, ni el dulce de leche.

Mi mamá empezó a decir que ya estaba cansada, que no podía más y que me iban a mandar a un colegio de internados. Yo pregunté si en los colegios de internados había espejos, y mis hermanos me pegaron cachetazos en la cabeza y me dijeron que me callara. Al final, me dije, a lo mejor la cosa anda conmigo desde el día que la vi y me vio, y por eso ahora no la veo. Entonces me puse más normal y volví a ir a la escuela y a jugar con mis amigos y mi mamá, tranquila.

Pero siempre que abro la cartera o meto la mano en los bolsillos lo hago muy despacio porque tengo miedo de que la cosa esté ahí y me salte o muerda. No sé qué va a pasar si la cosa crece y un día quiere salir y no hay nadie cerca. Por eso a la noche antes de irme a dormir reviso todos los lugares donde puede esconderse para ver si está. Recién después me acuesto y me duermo, esperando con un miedo bárbaro que la cosa no aparezca cualquier día de estos.

6 Respuestas

  1. Eduardo Cuadrado dice:

    Gracias Leti, cada lector completa el cuento a su manera!

  2. Leti dice:

    Me emcantó. Atrapa al lector. Para mi la cosa era el papá.
    Muy bueno.

  3. Manu dice:

    Muy entretenido, su bien puede tener alguna similitud con el cuento de S.King es una alegoría de los miedos que nos habitan desde niños.Me sentí identificada.

  4. Beatriz Casini dice:

    Me recordó al relato del Cuco o Coco que leí en el taller de verano por el escenario ,el dormitorio. Es interesante, mantiene el suspenso en todo el desarrollo.El final no me convence mucho,pero pensándolo bien , quién soy yo para hacer críticas. Gracias por compartir este cuento.

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