Prisionero del dinero(tiempo de lectura: 5 minutos)

Decidió que se iría igual. Con él o sin él, esta vez no iba a perderse el viaje. En muchas otras ocasiones había cedido ante las explicaciones de Julio. Retumbaban en su cabeza las explicaciones de siempre: cuando organice esta sucursal, después de la licitación, después de esa obra…

Se miró al espejo, observó su piel tostada, su larga cabellera enrulada, su cuerpo esbelto envuelto en una túnica blanca. Le gustó la imagen que le devolvió el espejo. La inundó una sensación de plenitud y seguridad. Pensó que ser feliz era su responsabilidad, y no la de Julio. “¿Por qué hay gente que siempre vive insatisfecha, que siempre ambiciona más, que no puede disfrutar lo que tiene?” se cuestionó mientras seguía contemplándose al espejo. Escuchó la puerta que se abría. Julio entraba como siempre hablando por teléfono. La besó rápidamente sin interrumpir su conversación.

-Confirmé mi participación en la muestra- le dijo Marisa en cuanto Julio dejó de hablar.

-Pero no podemos ir a Francia a fines de octubre, ahí cierra la licitación de la obra- le contestó Julio.

– Vos no podes mi amor, yo sí puedo ir. Me encantaría que me acompañes, pero si no podes, voy a ir igual.

– ¿Tan importante es que lleves tus cuadros a esa exposición? ¿No podés presentarlos en la próxima?

– Puedo, pero quiero llevarlos ahora. Siempre mis actividades están dependiendo de las tuyas, y vos siempre tenés algo más importante que hacer. Así que decidí que voy a ir de cualquier modo.

Julio la miró sorprendido. Ella siempre se había acomodado a sus ritmos. “Ya se le va a pasar “pensó Julio.

– ¿Por qué nunca podés disfrutar de tus logros, y siempre necesitas algo más? ¿Hasta cuándo voy a seguir esperando que tu empresa termine de crecer y se estabilice? Estoy harta de no vivir pensando en el futuro-dijo ella.

-Ambiciono más porque no soy un mediocre- contestó Julio con soberbia. – Y, además, yo sí vivo.

– ¿Vivir? Tenemos mucho dinero que no nos sirve para nada, no podemos viajar porque tenes que trabajar. No tenemos hijos porque todavía no estamos estabilizados, dejamos de ir a fiestas porque al otro día te tenes que levantar temprano, aunque sea domingo. ¿A eso le llamas vivir? Eso para mí ya no es vida.

– Si no hiciera esta vida, no tendríamos nada.

– ¿y para que nos sirve tener dinero?  Una cosa es tener los recursos que uno necesita, y otra estar enfermo de avaricia. ¡Para que queremos dinero si no lo podemos usar!

– Ah, mira vos. ¿Y con que dinero te irías a Francia? ¿Con lo que te dan los cuadritos de morondanga que pintas?

“Esto es más de lo que puedo aguantar” “Quien se cree que es este pelotudo” pensó Marisa mientras se iba a su atelier. Se sacó la bronca pintando. Él no fue a buscarla, y ella siguió toda la noche pintando. Estaba demasiado enojada para compartir la habitación.

Julio se fue a la habitación suponiendo que Marisa vendría en un rato. Cuando despertó vio que no fue así.Marisa siguió encerrada pintando los días siguientes. Julio empezó a preocuparse.  La segunda noche, se acercó al atelier con una botella de champan buscando un reencuentro. Ella acepto el champan y también sus mimos. “Ya está, ya pasó” supuso Julio.

  • Amor, ya arreglé todo para que vayamos a la exposición en diciembre” le dijo Julio sonriente.
  • Yo voy a ir en octubre- le dijo Marisa con la misma sonrisa.

Sin responder, tomo la botella y se fue del atelier. “Que se vaya a la mierda” pensó Julio, que sintió que sus esfuerzos habían sido en vano.

No volvieron a hablarse. Ella partió una semana después. Dado el clima que se vivía, decidió adelantar su partida. Estar unos días antes de la exposición le vendría bien. Aprovecharía para relajarse y visitar algunas viejas amigas.

Él decidió que esto no lo afectaría. Marisa regresaría contenta de la exposición, y ahí sería más fácil hacer las paces.

Marisa en cuanto llegó a Paris no paró de conectarse con otros pintores, de participar de reuniones previas a la muestra, de visitar amigas. Tuvo poco tiempo de acordarse de Julio. Estaba contenta, había podido hacer lo que deseaba. Se sentía libre. “Julio es prisionero de su dinero” pensó.

Al cabo de una semana, Julio no aguantó más y la llamó, le dijo que la extrañaba.

  • Si fuera así, hubieras tomado un avión. ¿La presentación de la licitación no era ayer? –preguntó Marisa.
  • Sí, pero salieron unos pliegos nuevos para una ampliación.
  • Sí, me imagino, siempre un poco más…porque no sos un mediocre.

Julio no quiso seguir discutiendo, Marisa no entendía, y desvió la conversación hacía las actividades de Marisa. Ella ya no parecía enojada, pero estaba rara, él no podía definir en qué consistía el cambio, pero lo percibía. En la próxima conversación, ella le dijo que estaba participando de unas clases de perfeccionamiento, así que se quedaría unos días más.

Julio empezó a preocuparse. Y simultáneamente los negocios comenzaron a complicarse. “Me agarró una mala racha, ya pasará” pensó.

A la semana lo llamó su abogado. “Y ahora encima una demanda” imaginó Julio que ya había perdido su buen humor.

-No Julio, no es una demanda- le dijo el abogado -es un pedido de divorcio.

El mundo se le derrumbó, y empezó a preguntarse para que le servía el dinero.

 

4 Respuestas

  1. Mabel dice:

    Gracias Zulma!

  2. Muy buena decisión de Marisa, vivir así no es vivir. Dejar escapar el amor, menos. Buen realto, simple y directo. Un gusto leerte Mabel.

  3. Muy lindo. Me gustó la simplicidad y la armonía para contar esa historia que nos hace reflexionar. Ojo con la ambición sin límites.

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