Leer para escribir

Escritores que merecen ser le铆dos porque dejan huellas. Leer para escribir, porque leer no te garantiza que seas escritor, pero s铆 uno mucho mejor.

ELEGIDO AL AZAR:

LA 脷LTIMA PREGUNTA – Isaac Asimov

La 煤ltima pregunta se formul贸 por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (tambi茅n por primera vez) se ba帽贸 en luz. La pregunta lleg贸 como resultado de una apuesta por cinco d贸lares hecha entre dos hombres que beb铆an cerveza, y sucedi贸 de esta manera:
聽聽聽聽Alexander Adell y Bertram Lupov eran dos de los fieles asistentes de Multivac. Dentro de las dimensiones de lo humano sab铆an qu茅 era lo que pasaba detr谩s del rostro fr铆o, parpadeante e intermitentemente luminoso 鈥攌il贸metros y kil贸metros de rostro鈥 de la gigantesca computadora. Al ...

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脷LTIMO PUBLICADO:

Pedro Mairal – HOY TEMPRANO

Salimos temprano. Pap谩 tiene un Peugeot 404 bord贸, reci茅n comprado. Yo me trepo a la luneta trasera y me acuesto ah铆 a lo largo. Voy c贸modo. Me gusta quedarme contra el vidrio de atr谩s porque puedo dormir. Siempre estoy contento de ir a pasar el fin de semana a la quinta, porque en el departamento del centro, durante la semana, lo 煤nico que hago es patear una pelota de tenis en el patio del pozo de aire y luz que est谩 sobre el garaje, un patio entre cuatro paredes medianeras alt铆simas y sucias por el holl铆n ...

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ORDENADOS POR AUTOR:

An贸nimo – El 脕ngel de la Muerte y el rey de Israel (cuento de Las mil y una noches)

Se cuenta de un rey de Israel que fue un tirano. Cierto d铆a,聽mientras estaba sentado en el. Trono de su reino, vio que entraba un hombre por la puerta de palacio; ten铆a la pinta de un pordiosero y un semblante aterrador. Indignado por su aparici贸n, asustado por el aspecto, el Rey se puso en pie de un salto y pregunt贸:
-驴Qui茅n eres? 驴Qui茅n te ha permitido entrar? 驴Qui茅n te ha mandado venir a mi casa?
-Me lo ha mandado el Due帽o de la casa. A m铆 no me anuncian los chambelanes ni necesito permiso para presentarme ante reyes ni me ...

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An贸nimo – El 脕ngel de la Muerte y el rey de Israel (cuento de Las mil y una noches)

Se cuenta de un rey de Israel que fue un tirano. Cierto d铆a,聽mientras estaba sentado en el. Trono de su reino, vio que entraba un hombre por la puerta de palacio; ten铆a la pinta de un pordiosero y un semblante aterrador. Indignado por su aparici贸n, asustado por el aspecto, el Rey se puso en pie de un salto y pregunt贸:
-驴Qui茅n eres? 驴Qui茅n te ha permitido entrar? 驴Qui茅n te ha mandado venir a mi casa?
-Me lo ha mandado el Due帽o de la casa. A m铆 no me anuncian los chambelanes ni necesito permiso para presentarme ante reyes ni me ...

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Rabindranath T. Tagore – El h茅roe

Madre, fig煤rate que vamos de viaje, que atravesamos un pa铆s extra帽o y peligroso.
Yo monto un caballo rubio al lado de tu palanqu铆n.
El sol se pone; anochece. El desierto de Joradoghi, gris y desolado, se extiende ante nosotros.
El miedo se apodera de ti y piensas: 鈥樎緿贸nde estamos?鈥
Pero yo te digo: 鈥楴o temas, madre鈥.
La tierra est谩 erizada de cardos y la cruza un estrecho sendero.
Todos los reba帽os han vuelto ya a los establos de los pueblos y en la vasta extensi贸n no se ve ning煤n ser viviente.
La oscuridad crece, el campo y el cielo se ...

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Julio Torri – Literatura

El novelista, en mangas de camisa, meti贸 en la m谩quina de escribir una hoja de papel, la numer贸, y se dispuso a relatar un abordaje de piratas. No conoc铆a el mar y sin embargo iba a pintar los mares del sur, turbulentos y misteriosos; no hab铆a tratado en su vida m谩s que a empleados sin prestigio rom谩ntico y a vecinos pac铆ficos y oscuros, pero ten铆a que decir ahora c贸mo son los piratas; o铆a gorjear a los jilgueros de su mujer, y poblaba en esos instantes de albatros y grandes aves marinas los cielos sombr铆os y empavorecedores.
La lucha que sosten铆a ...

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Clarice Lispector – La gallina

Era una gallina de domingo. Todav铆a viv铆a porque no pasaba de las nueve de la ma帽ana. Parec铆a calma. Desde el s谩bado se hab铆a encogido en un rinc贸n de la cocina. No miraba a nadie, nadie la miraba a ella. Aun cuando la eligieron, palpando su intimidad con indiferencia, no supieron decir si era gorda o flaca. Nunca se adivinar铆a en ella un anhelo.
Por eso fue una sorpresa cuando la vieron abrir las alas de vuelo corto, hinchar el pecho y, en dos o tres intentos, alcanzar el muro de la terraza. Todav铆a vacil贸 un instante -el tiempo para que ...

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Alejo Carpentier – Los fugitivos

El rastro mor铆a al pie de un 谩rbol. Cierto era que hab铆a un fuerte olor a negro en el aire, cada vez que la brisa levantaba las moscas que trabajaban en oquedades de frutas podridas. Pero el perro 鈥攏unca le hab铆an llamado sino Perro鈥 estaba cansado. Se revole贸 entre las yerbas para desrizarse el lomo y aflojar los m煤sculos. Muy lejos, los gritos de los de la cuadrilla se perd铆an en el atardecer. Segu铆a oliendo a negro. Tal vez el cimarr贸n estaba escondido arriba, en alguna parte, a horcajadas sobre una rama, escuchando con los ojos. Sin embargo, Perro no ...

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John Cheever – Reuni贸n

La 煤ltima vez que vi a mi聽padre聽fue en la estaci贸n Grand Central. Yo ven铆a de estar con mi abuela en los montes Adirondacks, y me dirig铆a a una casita de campo que mi madre hab铆a alquilado en el cabo; escrib铆 a mi padre dici茅ndole que pasar铆a hora y media en Nueva York debido al cambio de trenes, y pregunt谩ndole si pod铆amos comer juntos. Su secretaria me contest贸 que se reunir铆a conmigo en el mostrador de informaci贸n a mediod铆a, y, cuando a煤n estaban dando las doce, lo vi venir a trav茅s de la multitud. Era un extra帽o para m铆 鈥攎i madre ...

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Ciro Alegr铆a – Muerte del cabo Cheo L贸pez

Perd贸neme, don Pedro鈥 Claro que esta no es manera de presentarme鈥 Pero, le dir茅鈥 驴C贸mo podr铆a explicarle?鈥 Ha muerto Eusebio L贸pez鈥 Ya s茅 que usted no lo conoce y muy pocos lo conoc铆an鈥 驴Qui茅n se va a fijar en un hombre que vive entre tablas viejas? Por eso no fui a traer los ladrillos鈥 脡ramos amigos, 驴me entiende?
Yo estaba pasando en el cami贸n y me cruc茅 con Pancho Torres. 脡l me grit贸: 鈥溌a muerto Cheo L贸pez!鈥. Entonces enderezo para la casa de Cheo y ah铆 me encuentro con la mujer, llorando como es natural; el hijito de dos a帽os ...

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Pedro Ugarte – Los b谩rbaros

Nosotros, los b谩rbaros, viv铆amos en las monta帽as, en cuevas h煤medas y oscuras, comiendo bayas, robando huevos de los nidos y apret谩ndonos los unos contra los otros cuando la noche se hac铆a insufrible.聽
Era cierto que, a veces, un tr茅molo sordo nos llamaba. Temerosos, descend铆amos por el bosque hasta ver el camino que hab铆an construido los hombres del poblado, y ve铆amos las caravanas, los ricos carruajes, los soldados de brillantes corazas. Y era tanto el odio y la envidia y la rabia, que precipit谩bamos sobre ellos gruesas piedras (eran nuestra 煤nica arma) y escap谩bamos antes de que nos alcanzaran sus dardos.
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Pedro G贸mez Valderrama – El tapiz del virrey

Cuando el virrey subi贸 a su coche con la virreina, para dirigirse al baile en casa del marqu茅s, el criado mulato se qued贸 escondido en un rinc贸n del patio, hasta que cesaron todos los ruidos del palacio. Sac贸 entonces una inmensa llave, y abri贸 la puerta del sal贸n central. Encendi贸 una antorcha y se situ贸 ante el gran tapiz que adornaba el fondo del sal贸n, y que representaba una hermosa escena de bacantes y caballeros desnudos. El mulato extendi贸 las manos y acarici贸 el cuerpo de una Diana que se adelantaba sobre el tapiz. Murmuraba en voz baja, hasta que ...

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Varlam Shal谩mov – El pan ajeno

Aquel era un pan ajeno, el pan de mi compa帽ero. 脡ste confiaba s贸lo en m铆. Al compa帽ero lo pasaron a trabajar al turno de d铆a y el pan se qued贸 conmigo en un peque帽o cofre ruso de madera. Ahora ya no se hacen cofres as铆, en cambio en los a帽os veinte las muchachas presum铆an con ellos, con aquellos maletines deportivos, de piel de 鈥渃ocodrilo鈥 artificial. En el cofre guardaba el pan, una raci贸n de pan. Si sacud铆a la caja, el pan se remov铆a en el interior. El baulillo se encontraba bajo mi cabeza. No pude dormir mucho. El hombre hambriento ...

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Woody Allen – Fiesta de disfraces

Les voy a contar una historia que les parecer谩 incre铆ble. Una vez cac茅 un alce. Me fu铆 de cacer铆a a los bosques de Nueva York y cac茅 un alce.
As铆 que lo asegur茅 sobre el parachoques de mi autom贸vil y emprend铆 el regreso a casa por la carretera oeste. Pero lo que yo no sab铆a era que la bala no le hab铆a penetrado en la cabeza; s贸lo le hab铆a rozado el cr谩neo y lo hab铆a dejado inconsciente.
Justo cuando estaba cruzando el t煤nel el alce se despert贸. As铆 que estaba conduciendo con un alce vivo en el parachoques, y el ...

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Rosario Barros Pe帽a – LA TRISTEZA

El profe me ha dado una nota para mi madre. La he le铆do. Dice que necesita hablar con ella porque yo estoy mal. Se la he puesto en la mesilla, debajo del taz贸n lleno de leche que le dej茅 por la ma帽ana. He metido en el microondas la tortilla congelada que compr茅 en el supermercado y me he comido la mitad. La otra mitad la puse en un plato en la mesilla, al lado del taz贸n de leche. Mi madre sigue igual, con los ojos rojos que miran sin ver y el pelo, que ya no brilla, desparramado sobre la ...

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Marco Denevi – G脡NESIS, 2

Imaginad que un d铆a estalla una guerra at贸mica. Los hombres y las ciudades desaparecen. Toda la tierra es como un vasto desierto calcinado. Pero imaginad tambi茅n que en cierta regi贸n sobreviva un ni帽o, hijo de un jerarca de la civilizaci贸n reci茅n extinguida. El ni帽o se alimenta de ra铆ces y duerme en una caverna. Durante mucho tiempo, aturdido por el horror de la cat谩strofe, s贸lo sabe llorar y clamar por su padre. Despu茅s sus recuerdos se oscurecen, se disgregan, se vuelven arbitrarios y cambiantes como un sue帽o. Su terror se transforma en un vago miedo. A ratos recuerda, con indecible nostalgia, ...

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Mario Benedetti – El otro yo

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, le铆a historietas, hac铆a ruido cuando com铆a, se met铆a los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: ten铆a Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poes铆a en la mirada, se enamoraba de las actrices, ment铆a cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hac铆a sentirse inc贸modo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melanc贸lico, y debido a ello, Armando no pod铆a ser tan vulgar ...

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Slawomir Mrozek – Revoluci贸n

En mi habitaci贸n la cama estaba aqu铆, el armario all谩 y en medio la mesa.
Hasta que esto me aburri贸. Puse entonces la cama all谩 y el armario aqu铆.
Durante un tiempo me sent铆 animado por la novedad. Pero el aburrimiento acab贸 por volver.
Llegu茅 a la conclusi贸n de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situaci贸n central e inmutable.
Traslad茅 la mesa all谩 y la cama en medio. El resultado fue inconformista.
La novedad volvi贸 a animarme, y mientras dur贸 me conform茅 con la incomodidad inconformista que hab铆a causado. Pues sucedi贸 que no pod铆a ...

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Oscar Wilde – El gigante ego铆sta

Cada tarde, a la salida de la escuela, los ni帽os se iban a jugar al jard铆n del Gigante. Era un jard铆n amplio y hermoso, con arbustos de flores y cubierto de c茅sped verde y suave. Por aqu铆 y por all谩, entre la hierba, se abr铆an flores luminosas como estrellas, y hab铆a doce albaricoqueros que durante la Primavera se cubr铆an con delicadas flores color rosa y n谩car, y al llegar el Oto帽o se cargaban de ricos frutos aterciopelados. Los p谩jaros se demoraban en el ramaje de los 谩rboles, y cantaban con聽tanta dulzura que los ni帽os dejaban de jugar para escuchar sus ...

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Enrique Anderson Imbert – El suicida

Al pie de la Biblia abierta -donde estaba se帽alado en rojo el vers铆culo que lo explicar铆a todo- aline贸 las cartas: a su mujer, al juez, a los amigos. Despu茅s bebi贸 el veneno y se acost贸.
Nada. A la hora se levant贸 y mir贸 el frasco. S铆, era el veneno.
隆Estaba tan seguro! Recarg贸 la dosis y bebi贸 otro vaso. Se acost贸 de nuevo. Otra hora. No mor铆a. Entonces dispar贸 su rev贸lver contra la sien. 驴Qu茅 broma era 茅sa? Alguien -驴pero qui茅n, cu谩ndo?- alguien le hab铆a cambiado el veneno por agua, las balas por cartuchos de fogueo. Dispar贸 contra la sien ...

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Kelly Link – Planes de contingencia frente a los zombis

Este es un cuento que trata de cuando uno se pierde en el bosque.

Hay un tipo que se llama El Jabones, en una fiesta en los suburbios. Lo que nos hace falta saber acerca de El Jabones es que tiene un peque帽o 贸leo enmarcado que guarda en el maletero del coche. El cuadro es del tama帽o de una novela de tapa blanda. Vaya donde vaya El Jabones, el 贸leo le acompa帽a. Pero deja el cuadro en el maletero del coche, porque para qu茅 vas a ir a una fiesta con un cuadro en las manos. La gente pensar铆a que eres ...

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Tobias Wolff – A la espera de nuevas 贸rdenes

El sargento Morse estaba de guardia aquella noche en la oficina de la compa帽铆a cuando llam贸 una mujer; preguntaba por Billy Hart. 脡l le cont贸 que al soldado especialista Hart lo hab铆an mandado a Irak una semana antes. La mujer dijo:
-驴Billy Hart? 驴Est谩 seguro? Nunca dijo nada sobre que lo mandar铆an fuera.
-Estoy seguro.
-Bien. Dios santo. Eso s铆 que es nuevo.
-驴Y qui茅n es usted? Si no le importa que se lo pregunte.
-Soy su hermana.
-Puedo darle su email. No cuelgue, se lo conseguir茅.
-Est谩 bien. Pero hay gente esperando para hablar. Gente que no tiene nada ...

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