GOLPES EN LA PUERTA(tiempo de lectura: 4 minutos)

I

 

            Siempre me dicen «…y bueno, pero usted es el único médico en este pueblo». Eso ya lo sé, pero no implica que tenga que estar todos los días, las veinticuatro horas, a disposición de la gente. Yo también necesito descanso, tener vida privada. El Centro Periférico, «la salita», como le dicen todos, tiene una guardia de enfermería, y como dependemos del hospital de San Antonio, que está a 30 km, basta con que pidan la ambulancia y se la mandan enseguida. A eso ya se lo expliqué a la vieja Morales mil veces. Pero no, ella quiere que, cada vez que el chico tiene una crisis, lo atienda yo. Y termino siempre llamando a la ambulancia e internándolo. No se preocupan por el mocoso más que cuando ya está para terapia intensiva. ¡Me tiene harto la vieja Morales! La salita le queda casi a la misma distancia que mi casa, pero ella viene siempre a romperme las pelotas, a cualquier hora. El sábado no la atendí. La dejé que golpeara y gritara hasta que se cansó o pensó que yo no estaba y se fue. Finalmente hizo lo que debería haber hecho desde un principio.

            El pibe se murió. Esta vez no resistió. Estuvo tres días en terapia pero no lo pudieron salvar. No me siento mal con mi conciencia, para nada. Si la hubiera atendido habría pasado lo mismo. De la forma en que descuidaban el tratamiento del chico, tarde o temprano se les iba a morir. Ahora la vieja anda divulgando que fue por culpa mía. Yo estaba en mi descanso. Trabajé hasta las doce y media, me fui a casa, me bañé y me quedé esperando a doña Cata, la señora que hace la limpieza y me lava la ropa. Estaba con ella cuando escuchamos los gritos y los golpes de la vieja Morales. Le dije que se quedara callada y le expliqué por qué. Parece que no le gustó porque agarró sus cosas y se fue sin saludar. Ya va a volver. Cuento con su silencio, siempre fue una empleada discreta y fiel. Es la única que sabe que yo estaba en casa el sábado. A los demás les dije que había salido.

  II

             Yo empecé a trabajar cuando quedé viuda. Limpio casas, hago lavado y planchado, cuido ancianos… lo que me pidan. Trabajo no me falta. A lo del médico voy martes, jueves y sábados por la tarde. Él vive solo. Bueno, solo no, con una gata amarilla, asquerosa como todos los gatos. Los martes y jueves, ni bien llego, la corro pa` fuera y abro los postigos y las ventanas pa´ que dentre luz y aire, y salga el olor a meo de gato y humedad, que es insoportable, ¿vio? Tiro a la mierda la arena del cajoncito y le pongo arena limpia y refriego todo con lavandina y echo desoorante. Los sábados es distinto porque está él. Cuando yo llego me está esperando en la cama, recién bañado, desnudo, tapado con la sábana.

            El dotor es gordo, muy gordo, peludo, con una barba larga que se le mezcla con los pelos del pecho y un pito chico y parado que parece un chiste. Por eso creo yo que todavía es soltero. No sé cuántos años tiene, pero debe andar por mi edad, los cincuenticinco. 

            El sábado nos saludamos, y yo, como siempre, me desvisto y me siento arriba de él, como arriba del caballo, ¿vio? porque el gordo no puede con su cuerpo. Y me muevo mientras él me acaricia las tetas, me las aprieta y da vuelta los ojos para atrás entre gemidos que dan risa. ¿Por qué me va a dar vergüenza si yo soy una mujer libre y él tampoco es casa´o? Así estábamos cuando se escucharon los golpes en la puerta. Era una vecina desespera´a que gritaba: «Dotor, dotor, por favor, venga urgente, es mi nene…». Él me tapó la boca con la mano y me dijo que no haga ruido y nos quedamos así, en silencio, hasta que la pobre mujer se cansó y se fue. Yo nunca hubiera esperado eso del dotor. ¿No tiene sentimientos? Al final resultó ser frío y maligno como su gata. Me vestí y me fui sin decir nada. Estoy enojada conmigo por andar haciéndole el favor a un tipo sin alma, solo porque es el médico del pueblo. No creo que vuelva a pisar su casa. Por suerte trabajo no me falta y si me preguntan… lo voy a mandar al frente. Y que se la aguante por cómo se portó con ese pobre angelito, que Dios lo ampare.

 

8 Respuestas

  1. María Teresa del Viso dice:

    Muy bien caracterizadas las perspectivas de cada personaje ante un mismo hecho.Las dos miradas proporcionan al lector una explicación más acabada de la situación.

  2. Ernesto Aloy dice:

    Me gustó mucho esta muy bueno el relato te felicito y seguí escribiendo pque es tu placer de describir

  3. Isabel Roura dice:

    Muy buen retrato de los personajes. Me gustó mucho la narración de las dos miradas sobre un mismo episodio.

    • Miguel Cabanne dice:

      Muchas gracias a todos los que, con sus comentarios u observaciones, me ayudan a conocer la mirada del lector.

  4. intihuasi dice:

    ME GUSTO- CREO QUE EL AUTOR DEBE BUSCAR UN PUNTO MEDIO AL ESCRIBIR LOS FINALES, EN OBRAS ANTERIORES LOS HACE DEMASIADO COMPLICADOS O EXTREMADAMENTE SENCILLOS COMO EN ESTE ULTIMO CUENTO- LA DESCRIPCION DE LOS PERSONAJES FUE LO QUE MAS ME GUSTO.

  5. Me gust{o mucho Miguel. Excelente relato. Bien descripto los personajes. Cuando leí la parte del médico me imaginé una cosa, cuando leí la parte de la empleada vi todo distinto. Sorprendente. Saludos

  6. Vicente dice:

    Me gustó mucho. En especial como se va mostrando el personaje del doctor. Quizas hubiera dejado el final más tajante. Irse sin dar tantas explicaciones al lector.

  7. Vicente dice:

    v_padilla52 @yahoo.com.ar

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