El Protector

El traumatólogo me dijo que podré volver a mis tareas en dos meses. Tuve mala suerte, me fracturé la clavícula derecha y con el brazo inmovilizado no podré ni escribir. Así que aquí estoy, con tiempo para releer mis notas y revisar errores.

Desde que me jubilé y mamá murió puedo dedicar cien por cien de mi tiempo a lo que me apasiona: proteger a los demás. Comencé a hacerlo con mis vecinos, vigilándolos y detectando situaciones de riesgo para intervenir, aprovechando los conocimientos y experiencia que adquirí en mis años en la fuerza. Lamento haber perdido oportunidades los últimos años en la seccional cuando mis superiores me condenaran a un escritorio. “Uso excesivo de la fuerza”, dijeron, y me obligaron a consultar a un psiquiatra.

Por suerte, ya estoy jubilado, no tengo que ir a terapia y desde mi departamento en el segundo piso puedo vigilar sin ser visto. A eso se suma la ventaja que desde que la vieja murió ya no tengo que discutir y explicarle que mi intención no es espiar sino cuidar a los que me rodean, aun si no lo piden.

 

***

 

Hola, Caro. Te mando WhatsApp, pero arreglemos para hablar el finde. Ya instalada en el depto que me prestó mi abuelo. ¡Feliz! Mañana empiezo en la empresa de tu tío. No puedo creer estar acá.

 

¡Qué bueno, Flor! Divertite, amiga, aprovechá que no te atan los hijos a este pueblo aburrido, como a mí.

 

Mañana mismo empiezo a ver qué hay potable en Tinder. Hay que aprovechar el anonimato de la gran ciudad jaja

 

Uff, ¡qué envidia! Tratá de engancharte con un cuarentón si querés pasarlo mejor, tienen más plata y saben más de sexo que los pendejos de nuestra edad.

 

Y vos ¿cómo sabés eso? Nunca saliste del pueblo que yo sepa.

 

Eso me contaron, tarada.

 

Podría ser… mi jefe está fuertísimo y no para de mirarme y hacerme chistes. Igual termino destruida, demasiadas horas en la ofi, tengo la espalda hecha una roca.

 

***

 

Decidí concentrarme en el cuaderno de mi último caso, prestando especial interés a los resúmenes semanales que hacía todos los domingos. 

– 6 de abril: una nueva vecina se mudó al 3.º A de Arévalo 1771. Las ventanas sobre la calle lateral me dan un buen ángulo de visión. Linda, aunque no llamativa, algo petisa, de veintipico. Me recuerda a Hilda, la llamaré “H”. Sale a trabajar de lunes a viernes a las 8 y vuelve a las 19 horas.

– 13 de abril: igual rutina, parece volver cansada del trabajo, generalmente cargada con bolsas de compras. Los fines de semana se queda en la casa, en pijamas, viendo tele o mirando su celular. Tengo buena visión de su living comedor, no de su cuarto donde las cortinas están siempre cerradas.

– 20 de abril: igual rutina. “H” está siempre sola, debe ser del interior y quizás no tenga familia ni amigos en la ciudad. Está pálida y parece contracturada, se masajea el cuello cuando sale de la ducha y ve la tele en bata. Este miércoles me acerqué a ofrecerle ayuda, reaccionó mal, volveré a intentarlo más adelante.

 

***

 

—¡Caro! Al fin podemos hablar.

—¡Hola, amiga! ¿Cómo va todo por allá?

—Maso. No les cuentes a mis viejos, me preocupa un tipo mayor con pinta de loco que cada tanto me sigue, desarreglado y con los ojos desorbitados. Me asustó más cuando se ofreció a hacerme las compras y traérmelas hasta casa y me aclaró que sabía que era nueva en el barrio, y que me veía muy sola.

—¡Tranquila! Hay mucho bicho raro en las ciudades, generalmente inofensivos.

—¿Te parece?

—Hagamos una cosa: me libero de la familia este finde y te visito. Vos relajá y concentrate en lo tuyo. Avanzá con tu jefe que por lo que me escribiste te está buscando.

—Genial, ¡te espero! Me decís qué pensás del viejo, charlamos de mi jefe y salimos de joda.

 

***

 

– 27 de abril: sin cambios hasta el viernes, cuando a las 20 horas recibió una visita. Mujer, de similar edad, llegó con una valija pequeña y partió a los dos días. Hablaron y tomaron mate durante horas. Sábado a la noche salieron, volvieron 1 a. m., aparentemente alcoholizadas. ¿Hermana, amiga o novia?: investigarlo.

– 4 de mayo: el martes “H” llegó en un Audi y bajó rápido acompañada de un masculino de traje, de unos cuarenta y pico. No es el padre, un padre no toma así de la cintura a su hija. Atención: posible amenaza.

– 18 de mayo: llegan juntos a las 19 horas, todos los martes y jueves. Él se retira a las 21. Tiene familia, detecté la típica calcomanía de una pareja y dos niños en el vidrio trasero del auto.

– 25 de mayo: igual rutina que la semana anterior. Me preocupan la sonrisa libidinosa del masculino y el entusiasmo en el rostro ingenuo y pálido de ella. Creo que me obsesioné con “H”, la veo demasiado sola y frágil.

 

***

 

¡Hola, Caro! Ya es tarde y quizás estén durmiendo, así que escribo y leerás mañana. No sabés lo bueno que está mi jefe, avanzamos y comenzó a traerme a casa dos veces a la semana. Sushi y sexo de primera. Tenías razón: más grandes, más experiencia en la cama. Estoy aprendiendo cosas nuevas y no precisamente en la oficina jeje.

Además, tiene mucha plata y llegó a insinuarme que podría invitarme un finde a Brasil. ¡Increíble! Estoy feliz y ya medio que me olvidé del bicho raro que me seguía.

 

***

 

– 25 de mayo: igual rutina

– 1 de junio: “H” volvió a estar sola esta semana. Se la ve triste y angustiada. Lloró un par de noches mientras miraba su celular y tuve que frenar mis ganas de ir a tocarle el timbre para consolarla. Seguiré atento.

Ahí terminan mis notas, ya no pude escribir más con el hombro fracturado pero recuerdo todo perfectamente. El martes pasado aparecieron otra vez los dos juntos, esta vez él no la abrazaba y parecían tensos. Me pareció que discutían, por lo que vi a través de la ventana, y me mantuve en alerta hasta que él la empujó hacia el sillón. El momento de actuar había llegado. Bajé rápido los dos pisos por la escalera, crucé y decidí subir en ascensor, ya demasiado agitado. Toqué el timbre insistente y comencé a golpear la puerta con fuerza al no obtener respuesta. Finalmente ella abrió, despeinada y en ropa interior, y me miró con ojos aterrorizados. Él desde atrás increpándome en calzoncillos no llegó a reaccionar cuando avancé y comencé a pegarle. No me detuve hasta que alguien me inmovilizó desde atrás retorciendo mi brazo derecho. Escuché el chasquido de la clavícula fracturada mientras caía.

 

***

 

—¿Pasó algo, Flor? Raro lo que subiste a Instagram, me preocupaste.

—¡Sí, un bajón! Ando medio depre. Chau sexo, sushi y viaje a Río.

—¿Por?

—El martes pasado, en plena reconciliación sobre el sillón con mi jefe después de discutir, el viejo loco se apareció golpeándome la puerta desaforadamente. Apenas abrí me empujó hacia el costado y se le abalanzó a golpes de puño dejándolo en el piso en calzoncillos y con la cara desfigurada.

—¡Me jodés!

—Para nada, solo me consuela que el desquiciado esté ahora con su brazo inmovilizado por varias semanas y con perimetral.

—No lo puedo creer…

—Yo sabía que el friki este no era tan inofensivo. Solo espero que con el escándalo que se armó en el edificio mi abuelo no me saque del depto.

—¿Y en el trabajo?

—Mi jefe contó que le habían intentado robar y le pidió a tu tío que me trasladen a otro sector, no quiere cruzarse más conmigo.

—¡Qué bajón! ¿Qué vas a hacer?

—Me quedo en Buenos Aires, obvio. Recién estaba empezando a disfrutar la vida en la ciudad, no me voy a acobardar por esto. Al menos ya sé que me puedo defender sola, me vino bien haber elegido artes marciales en lugar de handball en la secundaria. La toma que le hice al viejo fue casi perfecta.

4 Respuestas

  1. Leticia dice:

    Muy buen relato. Logrado los saltos entre las perspectivas de ambos personajes.

  2. María Leticia Larruy dice:

    Muy bueno. Me gustó. Esa manera de saltar a distintos narradores y que el lector complete lo que no se dice.

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