TRES MINUTOS

Tres minutos

—Todo listo, señor —dijo ella sacando un teléfono celular de su cartera—. Solo debe marcar cuatro, siete, cuatro, siete y, luego, el signo numeral —agregó.

***

—Sí, claro, por supuesto. Quédese tranquilo. Me ocuparé del tema personalmente. No vamos a perder este negocio, se lo aseguro —le dijo el señor Ma Fang al funcionario del Gobierno y colgó.

Fang convocó a una reunión secreta de emergencia.

Mientras iba y venía por el despacho, sermoneaba —como otras tantas veces— acerca de la cantidad de años que llevaban fabricando satélites y armamentos para el Gobierno y que todas sus compañías estaban al servicio de la «querida» China. Hizo una pausa y se sentó en el sillón de cuero blanco estirando los brazos en el respaldo.

Su asistente y el director general, los únicos participantes de la reunión, se indagaron mutuamente con la mirada, preguntándose hacia dónde iba el discurso del jefe esta vez. Fang continuó:

—Hace tres años que estamos trabajando junto al Gobierno en el proyecto reservado Li-III. Y el litio es la nueva riqueza mundial, ¿correcto? —preguntó apuntándoles con la vista.

Sin darles tiempo a responder y elevando el tono de voz, continuó como si fuera la primera vez que les explicaba la importancia de este proyecto y que, a partir de Li-III, ganarían sumas millonarias y tendrían el poder para dominar los cinco continentes.

—¡Y no nos olvidemos de la conquista del espacio! —agregó.

Elevando la vista al techo y abriendo los brazos como invocando a los dioses de la ambición y el poder, aspiró una bocanada de aire a través de las fosas nasales y dijo:

—Produciremos energía a escala y, de ese modo, gran parte del mundo estará a nuestros pies. —Se inclinó levemente hacia adelante y, apretando los puños, agregó—: Pero hay un «pequeño problema». Llegó a mis oídos la noticia de que alguien se está entrometiendo en nuestro negocio. Pero nosotros «no tenemos ningún inconveniente en recibir con los brazos abiertos a la competencia, ¿cierto?» —dijo con sarcasmo—. Necesito que averigüen todo acerca del imbécil que se está interponiendo en nuestro camino. Quiero toda la información en mi escritorio en menos de tres horas —remató con voz firme mientras abría la puerta del despacho incitando a los invitados a retirarse.

***

—Señor, tenemos el nombre: Han Xun. Es un empresario respetado, filántropo y activista contra el cambio climático —dijo la señorita Mei mientras ingresaba al despacho de Fang—. Además —agregó la asistenta—, tiene empresas en gran parte del país, especialmente en el sector alimenticio, el farmacéutico y en centros comerciales. Hasta el momento, no tiene ninguna en el rubro de la energía y minerales.

—Entonces, ¿cuáles son sus planes?, ¿qué averiguaron? —preguntó el señor Fang mientras encendía un cigarrillo.

—Está montando una importante planta de procesamiento de litio en Guangzhou, sobre la calle Wenming —explicó ella y agregó—: Según investigaciones que hicimos, tienen el plan de exportar el mineral para ser usado en medicina y en la generación de energía eléctrica. Una gran parte será enviada a países pobres o de bajos recursos.

Al terminar la exposición, permaneció con la mirada baja, esperando órdenes de su jefe. El señor Fang le devolvió la mirada a la señorita Mei a través de una densa cortina de humo del cigarrillo. Le hizo señas para que dejara el reporte sobre su escritorio y le pidió que se retirara. 

Desde la puerta, ella agregó:

—Hay algo más, señor: según nuestras fuentes, la planta de Xun estará operativa en tres meses.

Hizo una reverencia y se marchó.

Fang caminó hasta el enorme ventanal de su despacho y vio, desde el soberbio piso cincuenta, que la ciudad estabapequeña. El reflejo del sol de la mañana en los cristales de un edificio cercano lo terminó de fastidiar. Giró hacia su escritorio y, luego de dar un par de pitadas, murmuró: 

—Xan, Xun o como te llames, no vas a llegar muy lejos con tus ideas de amor y paz. Nadie se mete con mis negocios.

Dio un golpe seco y fuerte al interruptor al lado de la ventana. Siguió con la mirada el suave movimiento de las cortinas, que iban oscureciendo lentamente la habitación. Miraba y pensaba. 

Cuando la claridad de la mañana dejó de ingresar al despacho, llamó a través del comunicador interno a su asistenta:

—Señorita Mei, necesitamos sacar del juego a ese tal Xun. Usaremos el mismo método con el que «limpiamos» la fábrica de Zao, ¿recuerda? Lo quiero resuelto esta misma noche. No debe quedar nada, absolutamente nada, ¿entendido?

—Convocaré al equipo para que se ponga a trabajar ahora mismo. Estimo que cerca de las veintiún horas estará todo preparado. En estos momen…

—¡Ocúpese del asunto y resuélvalo! —la interrumpió Fang con hastío y colgó.

***

—Es muy importante que, luego de los números, presione la tecla numeral —le recordó la señorita Mei.

—Me gustan los números que eligieron, me gustan —dijo el señor Fang con regocijo mientras se sentaba frente a su escritorio. Los números de la muerte—. ¡Muy ingeniosos! Entonces: cuatro, siete, cuatro, siete, numeral y ¿pum? —le preguntó a Mei.

—Así es. Una vez presionado el signo numeral, se sincronizan todos los explosivos y, luego de tres minutos exactos, se producen las detonaciones simultáneas. Toda la planta y lo que esté a unos cien metros a la redonda quedará reducido a cenizas —agregó ella con tono oscuro y se retiró.

El señor Fang quedó solo en su despacho. Ya era de noche. Con las manos en los bolsillos del pantalón, se acercó a la ventana y detuvo la mirada en el mar de hormigas rojas y blancas que se deslizaban allí abajo, con movimientos suaves y constantes. 

Levantó el celular que le dejó su asistente en el escritorio y marcó los números. Aguardó con el dedo índice sobre el símbolo numeral y pensó: «Xun, espero que aprendas la lección». Luego, esbozando una sonrisa oscura y temeraria, presionó la tecla.

 

Mientras flotaba en una nube de pensamientos, el timbre agudo de su teléfono personal lo trajo de vuelta a la tierra. Miró el reloj y vio que habían pasado los tres minutos. Atendió la llamada de su esposa.

—Hola, querido, espero que no estés muy ocupado. Necesito que vayas a buscar a los chicos, que tuvieron un desperfecto con el auto regresando a casa. Están esperando en la calle Wenming, frente a una fábrica en construcción.

 

1 respuesta

  1. Daniel dice:

    Será x eso que siempre se ven las oficinas concon un Tanto sobre el escritorio ?

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