Francotirador (2º Premio – Principiantes – Concurso Cuentos de la Biblioteca 2015)

Después de varios días de espera comienzas a desear apretar el gatillo, me digo a modo de compañía. Observo el pueblo en ruinas, quieto, polvoriento. Trato de no adormecerme siguiendo las idas y vueltas de los perros y las ratas. Como todos los días apareció una anciana. Revolvía entre los escombros y algo recogía. Todas las mañanas salía cargando un recipiente de lata abollado, buscaba agua en un surtidor todavía sano en el patio de una casa hermosa, ya en ruinas. En el charco siempre presente los pájaros se bañaban y los gorjeos, que imagino, me transportaban al patio de la niñez. En el pueblo los hombres son escasos y los soldados toman sus precauciones a pesar de la distancia que nos separa. ¿Sabrán que los estoy esperando? Una planicie pedregosa apenas cubierta de pasto separa el pueblo de esta loma. Me siento seguro, el bosquecito donde me oculto es espeso y fresco. Las moscas perennes de los muertos se detienen a mitad del descampado arrastradas por una brisa fuerte, casi eterna. Pero la calma es una hermosa ilusión, en la compañía corren rumores. La guerra no se detiene y no estoy justificando mis éxitos anteriores. Los once derribos en el frente oriental no alcanzan a justificar estas dos semanas de “vacaciones”. Debo concentrarme en descubrir cuál es su estrategia. ¿Y si la anciana es su recurso para no exponerse? ¿Cómo se proveen de agua? No es necesario matarla. Una herida en la pierna puede ser suficiente. Hay que sacar a las ratas de su escondite. Finalmente me di el gusto. A falta de panes, buenas son las tortas dice el refrán. Cuando alguien concibió este lugar incluyo a la anciana para darle dimensión humana. El fusil tiene sus necesidades, y no podía desoírlas por más tiempo. Casi podía derribarla con los ojos cerrados. Caminaba tan lentamente, esquivando los mismos escombros cada día. Repetía su trayectoria con precisión. Con un andar moroso e inestable. Una invitación inexcusable. Lamentablemente no pude disfrutarlo plenamente. Con la claridad que da la muerte ahora se que era el señuelo de otro francotirador mas paciente, ubicado en el campanario de la iglesia justo frente a mi.

7 Respuestas

  1. Graciela dice:

    ¡Muy bueno Guillermo, cómo siempre! Felicitaciones

  2. Adriana Daniele dice:

    Excelente cuento!
    Destaco algunos aciertos: en los que con pocas palabras se expresa toda una situación: «El fusil tiene sus necesidades…». » Con un andar moroso e inestable.» . » Con la tranquilidad que da la muerte…»
    Inesperado y contundente final. ¡Felicitaciones!

  3. Eduardo dice:

    ¡Buen texto! El tiempo no da. Es un final post morten

  4. Mi comentario anterior no vale. Me confundí con otro cuento. El fracotirador me gustó mucho. Muy bien escrito. Atrapante con un final impensado. Felicitaciones.

  5. Chaly Chiappero dice:

    Un drama familiar muy bien contado.

  6. Thelma dice:

    Muy buen cuento. Corto y con una atmósfera atrapante. ¡¡¡Felicitaciones!!!

  7. Cecilia Exeni dice:

    Excelente!! Bravo Guillermo!

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