UNO…DOS…Y ABRO

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Con la frente apoyada en la reja del entrepiso miro hacia abajo y el damero me llama: uno…dos…y abro, uno…dos… y abro. Creo que mi padre lo puso para mí de tanto verme jugar al tejito. Se me van los pies y la memoria al blanco y negro y un aroma de glicinas emborracha mis sentidos. Ese era mi patio, mi lugar en el mundo.
_¡ Ahora toca el negro! Ese me da suerte-decía mi hermana enemiga de todos los partidos. Y era cierto. No erraba un tiro de la piedrita plana que guardaba en una cajita sólo para ella.
La mía también era buena. La besaba antes de agacharme y tirarla. Y volaba como una pajarita de papel rumbo al cielo del tejo.
¡ Qué llena de juegos y de risa fue mi infancia en esta casa! ¡Uno…dos… y abro! Y el aroma del chocolate de la tarde que había que tomar porque “hace sanos a los niños” se mezcla ahora con el perfume a página de libros que sube y sube llenándome los sentidos.
Las polleras llenas de puntillas al viento y la voz de mi madre regañándonos porque no era de “señoritas” mostrar así las piernas. Mamá era alegre, era una niña como nosotras y cuando creía que nadie la veía también jugaba un tejito. Su perfume a lavanda se desparramaba entonces cubriéndonos de ternura. Nos peleábamos por prestarle la piedrita y todavía retengo la cara de padre cuando para un cumpleaños le regalamos, dentro de una cajita, un pedacito blanco y uno negro del piso.
A veces, sólo a veces, nos dejaban pasar al patio de ingreso porque allí había muchos hombres trabajando. Nos divertía ver la cara seria y concentrada en un montón de papeles y dibujos, del “gringo”. Así le decíamos nosotras en secreto al Maestro Arturo como lo llamaba ceremoniosamente mi padre. Jugábamos con su apellido Memburini, Mamburino, Memberino, Mimbiruni, mientras el vicio del tejito nos ganaba: uno…dos… y abro y los zapatos brillantes y las medias de blanco feroz se volvían parduzcas.
Hasta una historia de amor descubrimos jugando. Allí aprendimos lo que era un beso y un pacto de silencio. ¡No le podíamos contar a nadie lo que veíamos…! Pero sabíamos a qué hora el maestro constructor y la bonita institutriz que todas las tardes nos enseñaba, se encontraban con la mirada y tras una pila de algo se besaban.¡Cuántas historias tejimos con hermana! Historias secretas de curiosas impertinentes. Un día se nos perdieron en la vida pero no en el recuerdo y hoy, jugando otra vez al uno…dos…y abro vuelven aquí, a este patio primero , donde nos escapábamos con la excusa de recibir “como niñas educadas y respetuosas” a su maestra.
Allí también padre nos puso un damero en el piso . ¡Padre! ¿Recuerda como girábamos tomadas de alguna columna rosa? Nosotras le pedimos que fueran rosas, que nos pintaran rosas en la habitación. A Usted, padre, le gustaban las rosas. Era como decirle que lo amábamos. Siempre peleábamos en medio de un…dos…y abro con hermana por Usted. Madre era de las dos pero Usted, padre…Usted, ¿de quién era?
¡Qué ajetreo cuando nos mudamos a la parte de adelante! Fue como irnos a vivir a otra casa pero no dimensioné la importancia de la belleza de su sueño, padre, hasta el día de la fiesta de inauguración. Esta, nuestra casa, mi casa, era un palacio de ensueño. La enorme puerta de ingreso abierta de par en par traía a nuestros sentidos asombrados el ruido del empedrado de los coches mezclado con el arremolinear de lujosos vestidos. En un momento, me pareció que hasta los angelitos de la sala de recibir abrían la boca, anonadados. Las luces transformaban en irreal todo lo que tocaban y las cuatro columnas del patio central parecían sostener un mundo de ensueños.
Madre era una reina y Usted…Usted era feliz. Había hecho realidad su sueño.
Esa noche, como si una centella hubiese abierto por mitad mi ser comprendí. .¡Comprendí, padre, que Usted era … de esta casa!. Usted padre, amaba esta casa más que a nada en el mundo. Y jamás se nos ocurrió reprochárselo aunque lo vimos sufrir y sufrimos mucho cuando debimos abandonarla. ¿Usted sabe padre que siempre pensamos que lo suyo era un acto de amor a su familia?.Por eso lo consentimos siempre sin reprocharle nada, aunque no pudimos con su tristeza.
Yo, que nunca me fui de esta casa en mi memoria estoy aquí, otra vez, reconociéndome en los recuerdos y aunque la casa ya no es la nuestra quiero decirle una vez más que lo amo por los colores, los olores, los sonidos y la infancia dulce que cada negro y blanco del patio me traen.

En memoria del Sr. Ordóñez Cesareo, cuyo amor por este solar nos permiten hoy vivenciar un espacio de refinada belleza, cargado de recuerdos y repleto de historias envueltas en páginas.

5 Respuestas

  1. Vi la casa, el piso blanco y negro, las niñas jugando, la madre tan alegre y aquel padre que quiso regalarse y regalarles la casa de sus sueños. Muy bien contada esta escena familiar, emocionante y tierna. Felicitaciones.

  2. Ana Castro - Cabanillas dice:

    Marta, la historia me pareció preciosa y está muy bien contada.Palabras justas, emoción contenida, ese respeto de antaño que no ponía distancias afectivas, contra lo que la gente cree . Usted señora escribe muy bien. Felicitaciones.¿Cuando vuelves? un beso

  3. GRACIELA dice:

    MARTA FELICITACIONES,!!!!!!! que lo’……p las nostalgias me comen viva sos una geniaaaaaaaaaaa!!!!!!! te extraniamos cuando volvés.????? ya nos tomamos como 20 chaMPANCITOS SIN TI. BUENO, EL VIERNES 9 DE NOV.TENEMOS OTRO. A ESTE NO HAY QUE FALTAR ok? ES EL CUMPLE DEL CAPOLAVORO…… CAPISCE????? BESOS MIL MUY BIEN 10!!!!!!!

  4. Pedro Félix Alonso dice:

    me gustó mucho, cargado de nostalgia, y con una descripcion muy bella, que realmente me transportó al patio aquel. Te felicito

  5. sofia dice:

    tremendamente bello, de dulces nostalgias, poético, me encantó y emociono.

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