“Su” Versalles

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Los dedos de Madame Pompadour tamborilean sobre una de las cajas que trajo el peluquero. Está ansiosa por ver sus creaciones, la fiesta está próxima. La fábrica de Sèvres ha terminado la nueva porcelana que lleva su nombre en reconocimiento al apoyo brindado y la lucirán en la ocasión. Será uno más de sus triunfos para el reinado de su amado Luis.
Un frívolo cortejo rodea a la consentida; acercan espejos ,retiran cortinas para que entre la luz esquiva de fines de primavera ,ponen a mano el chocolate , prestos a complacerla, todos. El talco en la garganta los hace toser cuando el artista descubre su obra. Una exclamación contenida se escurre de las bocas.
La peluca es rosada.
-¡Brillante, maestro!- dice la favorita del rey -. Nunca pensé que usaría el color de la nueva vajilla ¡Bravo, Monsieur Legros!¡Bravo!.
El peluquero sonríe complacido.
Ella saborea de la copa, moldeada a la medida exacta de su seno , un sorbo más de champagne. Mareada por las burbujas que tanto adora o por la fascinación, acaricia los bucles sedosos con su mano pequeña, huele el alcanfor al rodear el taburete donde descansa la pieza; quiere evaluar cómo lucirá en su espalda esa descarada cantidad de rizos. Un rayo de sol la encandila al herir los caireles que los sirvientes han pulido para el evento.
Todo brilla en el salón de los espejos y ella entrecierra los ojos.
La luz es más fuerte. Proviene de la oscuridad, por encima de las arañas y la sigue allí donde se mueve “¿qué sol es este?”, se pregunta confusa.
Las caras de otra troupe de la vanidad la desconciertan: inmensas pestañas asomando de pelucas como la suya, el frufrú de metros de tela en movimiento a su alrededor, piernas al descubierto, zapatos extraños de personas que van y vienen haciéndola girar en ese pasadizo que divide el salón de baile en dos. No reconoce a nadie en la marea de gente a los lados ; el sonido la ensordece.
-¡Luis!¡ Luis! Llamen al rey , ¡ahora!- Reclama, mientras cientos de manos aplauden y los reflectores la acosan y un extraño de pelo muy largo y sombrero de tres picos le toma la mano sonriente . Es el mismo salón de Versalles ,pero es de noche, las luces de las arañas se ven diferentes.
-¿Quién es usted?¿Cómo se atreve a tocarme?
John Galliano responde con su nombre y sin soltar la mano agrega:
-Excelente ,mi querida .Nadie se parece tanto a la verdadera Madame Pompadour como tú. Maravilloso papel, sigue actuando. Esta noche es de gloria para mí y para la casa Dior en su aniversario sesenta .También para ti. Eres perfecta, te recomendaré.
Se acerca a ella, obligándola en el gesto a tocar su pecho; la Pompadour siente el corazón emocionado de ese hombre desconocido .Ahora la arrastra en reverencia profunda. La joven se deja llevar, perpleja. No comprende cómo llegó a esa pasarela, ni conoce a ese Galliano a quien todos ovacionan dentro de “su” palacio de Versalles.
La cortesana duda de sí, del champagne, del mismísimo Rey Luis y se pregunta quién es Christian Dior, cuyo nombre se multiplica en los espejos y dónde se supone que está la “verdadera” Madame Pompadour.
Una vez más ,el hombre de sonrisa de bucanero toma firme su mano y la eleva como queriendo atrapar el triunfo que se respira en el gran salón colmado de aplausos. Un triunfo que ella no ha gestado, que tampoco pertenece a Luis, que ella no comprende.
-¿Dónde está el Rey?- pregunta impaciente.
-¡Genial! dice el diseñador estrella de Dior mientras le devuelve un aplauso silencioso
¿Cómo te llamas criatura? Eres deliciosa.
Ella no sabe cómo responder. John Galliano se inclina quitándose el sombrero.
Una pluma se desprende y flota hasta quedar suspendida entre la luz y los ojos de la favorita, ella la sigue. Cegada por los cristales iluminados , debe entornar los ojos . La aturde el ruido, todo gira.

.-.-.-.

Reacciona, alguien le acerca un frasco de sales a la nariz, está recostada ,siente cómo sus talones se deslizan por el brocado de la chaise longue , el ruido ha cesado .Vuelve a ver la claridad del día y el diseño floral del cielorraso.
-Mi señora, ¿está usted bien?.
Ella sonríe suave. Suspira al comprobar que “su” Versalles continúa en torno a ella , como siempre.
-Creo que por hoy es suficiente champagne- dice riendo el Rey Luis al tiempo que un rumor de sedas y genuflexiones invade el aire del salón donde él acaba de entrar.

5 Respuestas

  1. Cecilia Martinez dice:

    Gracias a todas!. Yo también lo disfruté.

  2. Karina dice:

    Me gustaron las descripciones. Me llevaste de viaje ida y vuelta.

  3. Adriana Daniele dice:

    Impecable Ceci!. Excelente la ambientación. Describis brillos, colores, sonidos, la luz. Muy bueno. Felicitaciones!
    Adriana

  4. marina Debias dice:

    que lindo Ceci ! Lo sigo disfrutando!! Las imágenes son tan transparentes que no hago ningún esfuerzo para instalarme en ese castillo o en el desfile mismo al instante que tu mandame. ¡hermoso!

  5. laura dice:

    qué viajecito!!! muy bueno ceci!

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