Síntomas

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Soy un soñador cuya calvicie se acentúa poco a poco. Disfruto de los tiempos alucinantes del sueño más que de la diaria realidad. En mis ensueños encuentro un refugio, aunque sé que luego me pasan la factura. Por alguna oculta “transferencia” en el inconsciente, diría mi psicólogo, esa mañana te recordé. No me sucede seguido pero, cuando ocurre, suele ser intenso. Y esta vez lo era. Desde entonces, te llevé reflejada en mis ojos durante todo el día. Mirara donde mirara, vos estabas allí. Sólo era tu imagen. No te acompañaba tu perfume ni tu voz, pero en cada muchacha que cruzaba, te veía. En cada vidriera que aparecía a mi paso, te reflejabas. Por eso supe que esa noche no lo iba a poder evitar. Comencé a resignarme y preparar mi seguro destino. Mañana, al mirarme al espejo me encontraré con una imagen distinta. Decidí enfrentar la situación de la mejor manera.
Antes de llegar a casa, pasé por el mercado, me compré un vino blanco y unos langostinos. Siempre quise tomar una copa de buen vino blanco helado mientras saboreo unos langostinos, esperando que todo suceda. Después caminé las dos cuadras que me restaban, silbando bajo un tema de Pearl Jam, “Black”, el que mejor te pintaba. Cuando lo escuchabas, tus ojos brillaban y le daban luz a la habitación en penumbras, donde te recordaba a mi lado. Subí las escaleras hasta mi departamento en el quinto piso. Al entrar, encendí la luz tenue que brinda la lámpara que está detrás del sofá del living, un poco antes del ventanal que da al balcón. Ese balcón donde me disponía a sentarme a degustar todo lo que había comprado para esa noche. Puse el vino en el refrigerador. Los tiempos encajaban de tal manera que cuando la comida estuviera preparada, el vino alcanzaría la temperatura justa. Encendí el reproductor de CD, busqué el mismo tema que venía silbando y lo programé para que suene una y otra vez.
Cuando tuve todo listo, me ubiqué en el balcón, llené mi copa y disfruté del momento. Comencé a llorar, me dejé llevar por la melodía y la suave brisa que me acariciaba. ¿Sería el vino que me daba una mano en una noche especial? Esperé que una a una se apaguen las luces de los departamentos que me rodeaban. Quería abrigarme con la soledad para adormecerme pensando en vos. Poder soñarte. No quería luciérnagas curiosas, de ser posible dejaría sólo la luz de la luna…
Poco a poco lo conseguí. En un instante estaba sentado en el cómodo sillón que había elegido y vos frente a mí, apoyada en el balcón, con un vestido sexy que flotaba por el leve impulso del viento, mirando hacia el frente pero hacia la nada. Como si vos también estuvieras soñando y me imaginaras a mí, con la copa de vino en la mano, mirándote, disfrutándote con la mirada. El sueño donde nacen las esperanzas. La felicidad, dicen, es solo un instante.
“And now my bitter hands chafe beneath the clouds” (1), cantaba Eddie Vedder cuando comenzaste a desaparecer. La suave brisa se había convertido en violenta tempestad y comenzaba a arrastrarte. Aún así, giraste para mirarme. Tu sonrisa seguía siendo la misma. Un instante más y tú cuerpo se convirtió en millones de partículas que flotaban en el aire, sin rumbo, sin destino, volando sueltas ahora en lo alto de la calle, persiguiendo un horizonte escondido. Un torbellino de vos.
Te seguí con la vista, mientras lágrimas de tristeza comenzaban a brotarme. Miré la copa que estaba vacía. El frío comenzó a envolverme.
“And now my bitter hands cradle broken glass” (2). ¿Por qué dejé que te fueras? Estiré la mano, pero no fue suficiente. El tiempo te llevó por más que regreses en noches como esta. “Of what was everything?” (3). Entonces la oscuridad fue completa.
Me desperté con el sol en los ojos. Los ruidos de la ciudad todavía no habían comenzado a deambular. La copa de vino se había resbalado entre mis dedos y yacía rota en el piso del balcón. Me puse de pié, sacudí los cabellos que habían quedado sobre mis hombros y otros atrapados en mi camisa. No eran pocos, aunque cada vez menos. Concluí que soñar con vos, hace que pierda un poco más de pelo. Pronto ya no podré recordarte…

Notas:
(1) “Y ahora mis ásperas manos se sacuden entre las nubes”. (“Black” de Pearl Jam).
(2) “Y ahora mis ásperas manos se sumergen en vidrios rotos”. (“Black” de Pearl Jam).
(3) “¿De qué fue todo?” (“Black” de Pearl Jam).

3 Respuestas

  1. María José Borgogno dice:

    me gustó mucho. lo verdaderamente melancólico del personaje es, a mi humilde parecer, que por más que se quede sin pelo, qué le asegura que ya no la va a recordar.
    o sea, la pregunta es ¿qué seguirá perdiendo (cuando se le acabe el pelo) por recordar el amor perdido??
    me gustó.

  2. Aimarcecilia dice:

    Melancólico, original, me gustó como lo va mechando con la canción.

  3. PEDRO dice:

    Es un cuento repleto de melancolía, algo de tristeza y mucho de nostalgia.
    Me gustó mucho, tiene una atmósfera que te envuelve por completo, te lleva a navegar por tiempos pasados, conmueve.

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