Rutinas Kafkianas

Tiempo de lectura: 5 minuto/s

Peter toma un café frente a la torre del ayuntamiento en la ciudad vieja de Praga. El día tibio y soleado contrasta con el aspecto demacrado y ansioso de su amigo Janus, que viene a su encuentro.

—¡Hola! ¡Qué mala cara! ¿Tuviste una noche difícil?

—Sí, terrible —responde Janus—. Vas a creer que estoy loco, como siempre. El haber estado internado no ayuda mucho a mi credibilidad.

—Bueno, amigo, eso ya se olvidó. Contame, me asustás…

Janus se desparrama en la silla, toma aire, abre la boca y la cierra. Sus ojos fijos en el reloj de la torre:

—Ese maldito libro, Metamorfosis, ¿lo leíste?

—Sí, cuando era chico. Me impresionó mucho, ¿sabés? ¡Ah!, ¡no me digas que lo leíste y te despertaste creyendo que eras una cucaracha! Ja, ja, ja.

—Ojalá hubiera sido un sueño. Creo que el leerlo activó algo desconocido en mí. ¡De pronto me desperté y estaba empotrado en la torre del ayuntamiento, convertido en el reloj astronómico! —Se detiene, y recuerda con miedo.  Peter se acerca, lo palmea y lo anima a seguir con el relato—. Vos me conocés. Creo que nunca me paré a mirar el reloj, como hace todo el mundo cuando viene a Praga… No entendía nada… No era yo, no tenía mi cuerpo. Imagináte que, así de la nada, sos un reloj.

—Y ¿cómo te diste cuenta? —le pregunta Peter, dudoso del sano juicio de su amigo.

—Empecé a escuchar el sonido del mecanismo, «tic-tac», parecía un corazón que latía. ¡Yo era una máquina! Me asustó el ruido de mis engranajes que se acomodaban, perfectos. Los pistones que subían y bajaban, ¡uf! cuántas cosas.  Un líquido aceitoso lubricaba las tuercas para sostener las partes en un perfecto equilibrio. Pensé que era una sangre nueva, desconocida, que me atravesaba sin poder controlarla. El sol, la luna y los signos zodiacales se compaginaban de manera armoniosa, ¡le pusieron de todo! Me acompañaban el pecado de la vanidad y los otros vicios. Salen a mostrarse y niegan con la cabeza para disuadir a la gente. Hasta la muerte está presente. Y los apóstoles, ¿qué hacen todos ahí? Me gusta San Pedro, que tiene las llaves del cielo.

Con una mezcla de duda y asombro, Peter escucha este relato Ellos son amigos de la secundaria. Cuando Janus finalizó la escuela, su hermano mayor murió en un accidente de moto. Janus nunca aceptó esta pérdida e intentó suicidarse.

Peter, quien es guía de turismo en la ciudad, conoce el reloj, es una pieza de gran valor histórico y artístico. Al escuchar a su amigo, observa que la descripción de la máquina coincide con la realidad.

Janus continúa, concentrado en su recuerdo.

—A las siete de la mañana, di la hora. Mi sol estaba en la zona azul, el signo zodiacal de tauro rige los destinos de los hombres, ja, y la luna en cuarto menguante. Y yo, que no creo en esas cosas. De repente formaban parte de mí. Observaba cómo la plaza despertaba de su sopor y adquiría vida propia. Las palomas llegaron a buscar comida, los empleados del ayuntamiento caminaban hacia el edificio. Me costaba escuchar las conversaciones porque estaba muy alto. Di las ocho, veía que el sol empujaba las nubes y la plaza se iluminó.

»Di las nueve, ¡qué lío! Mis compañeros de tarea, los pecados, aparecieron para convencer a la gente de no caer en ellos. La muerte se incluyó en el paseo. Llegaron los turistas; yo era tan hermoso y artístico que atraía su atención. La morocha de jean y campera de cuero estaba bárbara, y cómo me miraba. Esperaba que siguiera ahí cuando volviera a retomar mi cuerpo.

Peter pide dos cafés. Janus le agradece, necesita recuperar energías. Fascinado por la experiencia, Peter alienta a su amigo para continuar.

—Fueron pasando las horas, lentas para mí. Tomé conciencia del tiempo. ¡Qué ironía! La plaza cambiaba su fisonomía con la gente que le daba vida, y yo también tenía mucho movimiento, me cansaba para coordinar todas mis partes. Me entretuve mirando las personas.

–Algo impensado para vos, que siempre estás metido en los números y la computadora –-se sorprende Peter.

Janus pide un vaso de agua y continúa—: El sol estaba alto, sí, era mediodía. Di las doce, hice mi trabajo. ¿Me gustaba? Supongo que sí… me sentía imprescindible.

»Los empleados salieron a almorzar y este café se llenó de gente. Pensé que si hubiera estado en mi cuerpo hubiera comido el sándwich que me prepara mi compañera Hanna. ¿Tenía hambre? No sé… supuse que me alimentaba de la sincronización de las partes, de los sonidos de la máquina.

Peter piensa en cómo le habría costado a su amigo separarse de sus números, metido en esta rutina fija . De repente, el guía recuerda que ayer por la tarde estaba con un grupo de turistas parado frente al reloj, explicándoles su historia y funcionamiento. No vio nada diferente. Intrigado, le pregunta:

—Y ¿cómo hiciste para ser vos otra vez?

—Algo se descompuso —le explica, desconcertado, Janus—. Mis mecanismos se alteraron y dejé de andar…  ¿Mi impaciencia para liberarme habrá roto un engranaje? Vino un relojero, empezó a tocarme. Le dijo a su ayudante: «Encontré la falla: uno de los pistones se atascó. Qué raro, como si alguien lo hubiera tocado». Me sentí expulsado y de repente estaba en mi habitación, confundido, pero aliviado. Mi cuerpo ya no tenía la dureza de las piezas del reloj. El espejo de la cómoda me devolvía la imagen de mi cara asombrada, con un dejo de terror. No veía la hora de contarte lo que me pasó.

Peter lo mira con preocupación. Conociendo la fragilidad de su amigo, intuye que no es el momento para otras preguntas. Ambos permanecen en silencio, pensativos. Desde lo alto de la torre, el reloj da la hora y parece contemplarlos, burlón.

4 Respuestas

  1. Amadeo Belaus dice:

    Interesante relato. Muy buena metamorfosis. Considero que hay demasiados aspectos incluidos en un «reloj»: astrología, pecados, mecanismos, muerte, apóstoles, etc.. Me llamó la atención que los pecados trataran de convencer a la gente a no caer en ellos: creo que sería lo contrario.
    Me gustó
    Sigamos escribiendo
    Amadeo

    • Ada Salmasi dice:

      ¡Muchísimas gracias por tu devolución!Buena la observación que me hacés acerca de la intención de los pecados. Me queda la inquietud de releer la descripción del reloj astronómico de Praga.

  2. Ángela Pelláez dice:

    Interesante cuento que combina lo real con lo fantástico en un delicado equilibrio. Me encantó que jugaras con el intertexto de Kafka y que algo que podría haber sido aburrido como la descripción del reloj se transformara en inquietante y sugerente al identificarse con el protagonista. Felicitaciones, Ada.

    • Ada Salmasi dice:

      ¡Muchísimas gracias por tus felicitaciones! Me gustan los matices que ves en el cuento y cómo los presentás.

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