Plan B

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Las palabras no le salían, los sentimientos parecían habérsele secado tiempo atrás. Una bocanada de humo formó círculos en el aire y el cigarrillo los desarmó sin piedad. Era feliz, no conocía el porqué, simplemente disfrutaba de ese momento.
La sonrisa se le dibujaba en el rostro, los ojos no mostraban la misma expresión. Los años le habían enseñado a disimular y se consideraba una experta. Poseía la capacidad de mentirle a la gente en la cara, era su orgullo. Apagó el cigarrillo en la copa de whisky que llevaba horas vacía y miró alrededor. Volvió a sonreír y poniéndose los tacones, abandonó la habitación.
La noche había sido perfecta para volverse a encontrar con Plan B. La relación había pasado de lo laboral a lo personal en menos de un mes. Trece años más tarde la canción que los guiaba había cambiado. Se conocieron de jóvenes y la bachata marcó un ritmo constante los primeros años. La sensualidad de los cuerpos que se movían al unísono y sin distancia entre sus dos almas, los llenaba de pasión.
El encuentro previo fue en el bar de la primera cita, hasta le pareció demasiado “cursi” cuando lo mencionó. Plan B aceptó encantado, se moría de ganas de un nuevo comienzo. Ella reía, no estaba segura de lo que estaba haciendo, ni hacia dónde se dirigían sus intenciones.
Mientras buscaba un vestido para ponerse, entre los veinte que se amontonaban en el ropero, encontró un viejo álbum de fotos. Algunas ya estaban perdiendo el color, otras aún se veían algo nítidas y llenas de recuerdos. En aquella época no fumaba, ahora el amarillo de sus dedos indicaba lo contrario. Olvidando la búsqueda agarró el álbum, el paquete sin abrir de cigarrillos y se sentó en la cocina a ojear las fotos. Tenía tiempo para hacerlo antes de su cita.
En cada una de ellas se los veía felices. Eran la pareja perfecta. Plan B siempre se presentó como un correcto caballero, atento, respetuoso. Los años parecían un suspiro en esas imágenes. Al llegar a la mitad del álbum noto que la expresión de sus ojos había cambiado. Ella se estiro, giró el cuello para un lado y al otro. Su mano instintivamente busco un cigarrillo y ayudada por su igual lo encendieron.
Mientras acariciaba con la punta de los dedos el borde inferior de la foto, recordó que todavía guardaba ese vestido negro. Permitiendo a su mente volver en el tiempo se dio cuenta, ese día fue cuando cambiaron las cosas. Sin quitar la vista de la fotografía terminó su cigarrillo. Dejando el álbum olvidado en la mesa, junto al cenicero y el amor que se fue desvaneciendo en el camino, fue en busca del vestido negro.
Entre las cenizas que volaban sobre las imágenes, se podía ver en el centro de la página una pareja de no más de 25 años cada uno. Él vestía jeans y camisa, ella un vestido negro al estilo de Audrey Hepburn con la espalda descubierta. Él la sostenía de la cintura y parecía que el mundo se acababa en esa cabellera castaña, la felicidad estaba plantada en su cara. Ella…
Se acercaba la hora de la cita, el maquillaje iba colocando colores en su rostro tratando de mostrar la expresión perfecta para el esperado reencuentro. Sobre la cama descansaba el vestido negro de la fotografía. Dejando el rímel en la mesa se acercó a la prenda, la acarició y comenzó una charla sin respuestas.
– De nada sirve fingir, es el cierre que necesito para encontrarme. Tengo tiempo perdida y fuiste testigo de ello. No me puedo quejar de él. Siempre fue un caballero, trabajador y se preocupaba por mí. No le echo la culpa. Ojala supiera que me pasó… – Mirando el reloj soltó el vestido y terminó de arreglarse.
Plan B la esperaba en el bar. El jean y la camisa de la foto no le quedaban igual que antes así que optó por un traje. Los años le habían traído algunos cambios, ahora usaba lentes, el pelo estaba bastante corto y a pesar de tener un poco de panza se conservaba bien para sus 38 años. Los nervios le hacían transpirar las manos, nunca había podido olvidarla. Le sorprendió que lo llamara, no sabía cómo había conseguido su número y no le importaba averiguarlo. La recordaba alegre, con un perfume dulce que se impregnaba en su piel con cada caricia. El mar de recuerdos trajo años de risas, de comidas caseras y caricias de noches enteras. La propuesta del reencuentro lo emocionaba.
El sol que asoma por las ventanas del hotel, despertó a Plan B. Abrió los ojos sabiendo que no volvería a verla. Las sabanas todavía sostenían su perfume, eran cómplices del anhelo de Plan B. Mirando el techo rejunto su humanidad y se levantó sin prisa. El rostro en el espejo le mostraba un perfecto beso marcado con rouge rojo, la perfecta despedida. El correr del agua por sus manos le recordaba el contorno de la mujer que por segunda vez le rompía el corazón.
La imagen que le devolvía el espejo reflejaba todos sus pensamientos. “No queda otra, volviste a caer en su mundo. Nunca dejaras de ser solo un plan b para ella. Solo se quiere a sí misma, es la misma de siempre. Otro parche al amor y a seguir…”
Cerrando la puerta tras de sí, mientras deja la llave en la recepción y retoma su vida se pregunta: “¿Me volverá a llamar?”

1 respuesta

  1. Pedro Félix Alonso dice:

    Lorena, me gustó mucho la historia, me parece que está bien narrada, mantiene el interés del lector, te va llevando poco a poco al desenlace, el final está buenísimo. Te felicito.

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