Piquete Cultural (Segundo puesto en el Concurso Cuentos de la Biblioteca 2013 – Categoría Principiantes)

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Como todos los días a las veintiuna horas, la biblioteca cerró sus puertas. Todo presagiaba una noche como las anteriores, donde la única actividad era el lento pero seguro avance de la humedad que transitaba centímetro a centímetro el camino que la separaba del solitario fresco intacto, que, indefenso, únicamente podía esperar el milagro salvador de un funcionario decente acompañado por un ejército de arquitectos, albañiles y pintores que lo salvaran de la muerte largamente preanunciada, pero sólo era eso, la esperanza de un milagro.
El sordo silencio de la noche fue quebrado por una voz:
– Primero será el fresco, luego nosotros- reflexionó el ORGANOM de Aristóteles.
– La humedad es uno de nuestros peores enemigos- sentenció un viejo MANUAL DE CONSERVACION DE LIBROS.
– Sin olvidar al fuego-musitó FARENHEIT 451.
– La humedad es el capitalismo y nosotros la clase obrera, ¡luchemos!- gritó EL CAPITAL de Marx desde lo alto de un anaquel.
– Creo que deberíamos esperar, seguramente nos trasladarán en algún momento a otro edificio- dijo tranquilamente EL PRINCIPE de Maquiavelo.
– Y dejar que nuestra hermosa y antigua casa se destruya ¡Jamás!-replicó El LIBRO DE ESTUDIO DE LA ARQUITECTURA bajando un estante.
– Podríamos terminar en un depósito oscuro y frío, quizás también amenazado por la humedad – coligió el SÓCRATES de Platón.
– Al menos dejarían de manosearnos- expresaron a coro MADAME BOVARY y LA SEÑORITA DE TACNA.
– Los hermanos sean unidos- rugió el MARTIN FIERRO.
– “Cada uno es artífice de su propia ventura”. ¡Luchemos!- sonó imperiosa la voz de EL QUIJOTE.
– Decidamos un plan de acción- apoyó el MANUAL MILITAR DE TÁCTICAS DE GUERRA.
Quedaron en silencio rumiando qué hacer. No era fácil la empresa, tenían conciencia que eran celulosa y tinta mas allá de todo el saber que atesoraban.
En un rincón el ORGANOM y EL PRINCIPE hablaban en voz baja; en otro estante REY LEAR discutía con MACBETH sobre acciones arriesgadas. La voz de EL CASTILLO de Kafka sacó a todos de sus pensamientos:
– Teniendo en cuenta que los humanos son, por lo general, indolentes y egoístas pero, a su vez, los hechos poco comunes le llaman la atención, sugiero que noche tras noche nos apilemos por turnos frente a cada mancha de humedad.
– No entendemos- corearon casi todos.
– Muy sencillo- dijo el SHERLOCK HOLMES de Conan Doyle- Nos encontrarán una y otra vez en el mismo lugar y en algún momento alguien reparará en las humedades.
– ¡Eso, eso, un piquete cultural!- gritó con entusiasmo un ejemplar de LA VOZ DEL INTERIOR que alguien había olvidado sobre la mesa. EL SER Y LA NADA de Sartre lo miró admonitoriamente, censurando la intromisión de un ser inferior.
– Bueno, también soy palabra escrita – arguyó el diario mientras arrugaba un poco las páginas.
– Debemos comenzar de inmediato con la resistencia pacifica- apoyó LAS MEMORIAS DE GHANDI.
– Armemos los grupos- casi tosió un viejo libro de ORGANIZACIÓN INDUSTRIAL.
Sin dudarlo se pusieron todos hojas a la obra.
Antes que amaneciera estaba organizado: el primer turno lo cumpliría la colección completa de CARAS Y CARETAS, el segundo los doce tomos del DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO LAROUSSE, ya que ambas obras eran las más numerosas. Las subsiguientes tandas se armarían de acuerdo a afinidades temáticas, así no se aburrirían tanto en las largas noches por venir.
Al día siguiente los empleados de la biblioteca encontraron los libros tal como se había dispuesto en el plan. Hubo reacciones diversas, desde el fastidio hasta el asombro. Unos decían que algún bromista les tomaba el pelo; otros, que era una prueba del director y algunos comentaban la reaparición de fantasmas de leyenda. Conclusión: ordenaron los libros y al mediodía ya casi nadie hablaba del acontecimiento; para la tarde estaba olvidado.
Luego del cierre de la biblioteca, los libros volvieron a convocarse a fin de analizar los hechos.
– ¿Cómo es posible que no hayan reparado mínimamente en la humedad?- se preguntó LA VUELTA AL DIA EN OCHENTA MUNDOS de Cortázar.
– Es que estos tipos son medio bo…- comenzó a decir ADAN BUENOSAYRES de Marechal.
– ¡Lelos! Son medio lelos- interrumpió el DICCIONARIO DE SINONIMOS Y ANTONIMOS, abortando el exabrupto.
– ¡Montonera, guerra de guerrillas, eso tenemos que hacer!- enfatizó el FACUNDO de Sarmiento.
Hubo acuerdo general y comenzaron a delinear la próxima acción.
Jueves por la mañana. Marcos y Javier llegaron juntos a la biblioteca, abrieron la pesada puerta de entrada e ingresaron para comenzar las tareas del día. Este último, que padecía una incontinencia crónica, atravesó rápidamente el primer salón en dirección al baño de hombres. Urgido, no pudo ver en qué momento los VERSOS ÁUREOS de Pitágoras, que acechaban detrás de una columna, se toparon con su pie derecho, haciéndolo trastabillar, iniciando una trayectoria perfectamente calculada por la obra del matemático griego, que lo hizo impactar con la parte inferior de su humanidad contra la mancha de humedad. Profiriendo malas palabras se reacomodó y siguió su camino al baño, donde encontró el alivio esperado.
Al salir, levantó el libro del piso mascullando improperios contra los estudiantes que no los devolvían, dejándolos en cualquier lugar. “Casi me mato” le dijo a su compañero, al tiempo que se estiraba para poner el libro en el anaquel correspondiente y le refería el incidente. El otro bibliotecario le contestó que había sido una desgracia con suerte, o casi, ya que tenia todo el pantalón manchado en su parte trasera izquierda.
– ¡Ayer lo saqué de la tintorería! ¡Doscientos pesos me costó!-exclamó entre indignado y consternado al ver el salitre de la pared sobre la prenda.
– ¡Qué le vas a hacer! El edificio se viene abajo y nadie se preocupa- replicó con resignación Marcos.
– Es cierto, a nadie le importa- asintió el damnificado.
No había terminado la frase cuando la LEY DE CONTRATO DE TRABAJO, ensayando un salto ornamental digno de los Juegos Olímpicos, impactó sobre su cabeza, para luego quedar en el piso, abierta en el articulo setenta y cinco: “1. El empleador está obligado a observar las normas legales sobre higiene y seguridad en el trabajo.”
Javier levantó el libro y leyó detenidamente. “Como si todo se cumpliera”, pensó y arrojó el libro sobre el escritorio. Giró hacia su compañero ensayando una mueca que no alcanzó a dibujar del todo: un fuerte golpe en la frente lo dejó sentado en el piso. Atontado miró a su alrededor tratando de entender qué había pasado. Fue entonces que vio en su regazo a la CONSTITUCION DE LA NACIÓN ARGENTINA, abierta en el artículo catorce bis, donde resaltaba en negrita la frase “…derecho de huelga”. Mientras se incorporaba, ayudado por su par, masculló: “Hay que llamar al sindicato”.
La semana siguiente una escueta noticia en la página cinco de La VOZ DEL INTERIOR titulaba: “Se realizarán obras en Biblioteca Córdoba” y mencionaba un acuerdo entre gobierno y sindicato.
Esa noche, en el silencio del edificio de la calle Veintisiete de Abril, sólo se escuchó la voz de EL HOMBRE MEDIOCRE de José Ingenieros que decía ” A veces hace falta un golpe de efecto”.

7 Respuestas

  1. Nora Noemi Camino dice:

    ¡¡Buenísimo!!! No hacen falta más palabras-
    Nora

  2. Marcelo dice:

    Gabriel gracias por deleitarnos con un relato tan exquisito.

  3. MSA dice:

    Realmente muy bueno! Permitime decirte, me enamoré del “hojas a la obra”!

  4. qué ingenioso!!

  5. Karina dice:

    Es fantástico tu cuento Gabriel!!! una idea excelente, muy bien desarrollada (y con conocimiento!); divertido, sarcástico, y sumamente serio a la vez.

  6. Marcela dice:

    Gabriel, como siempre, me sorprendo con tu creatividad. Este cuento es genial: aquí hay humor, ironía…me gusta. Te felicito!!

  7. GRACIELA dice:

    muy bien 10!!!!! excelente felicitado

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