PÁGINA 51

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–¡Es mío Juan! –grito ella con conviccíón–¡No te lo vas a llevar!

–Me lo llevo, ¡es mío!–colocó el libro bajo el brazo e hizo ademán de salir.

Pero ella se le plantó adelante bloqueando la puerta.

–Es el único que tengo. Y no lo pienso perder. Ya sé lo que vos podés hacer con mi libro. Hoja por hoja.

–Diente por diente– contestó él con sarcasmo.

–Sos vengativo. Quedamos en separarnos de común acuerdo. Pero ya te sacaste. Me lo dijiste mil veces: “Lo romperé en pedazos” Hasta me hiciste llorar porque yo te creí.

–Vos siempre en la estratósfera. También mil veces te quise decir por qué no me gustaba esta Antología. Y es por la misma razón por la cual me la quiero llevar –Juan hizo una breve pausa, especulando con la reacción de ella– es porque también estoy yo en este libraco ensangrentado.

–¡¿Qué?! ¿Vos escribiste aquí?

–Bajo un seudónimo– y como ella no dejaba de mirarlo incrédula– ¿Adivinás cuál? A ver si los siete años de matrimonio te sirvieron para conocerme.

“¡Y cómo no!”–pensó con tristeza Patricia, mientras por un instante cruzaron las peores imágenes por su mente.

Habían transcurrido siete años, siete años de soledad en peligrosa compañía. Siete años de chatura en una sociedad mezquina, sin compensaciones. Siete años que debería olvidar si quería recuperar a la mujer libre y segura que había sido. ¡Tenía tantos proyectos de vida!

–¿Porqué lo tildás de ensangrentado?

–¿Viste que casi todos los cuentos terminan con muertes?–Era todo una opinión. Y continuó –La humanidad se ha convertido en una suma de hipócritas. Cada niño es un hipócrita de mañana. Pero nadie lo asumirá. Escribir te da la posibilidad de ir descomprimiendo ese vapor que te levanta las costillas mientras un elefante te las pisa.

–¿No sería más fácil probar con un psicólogo?–le preguntó Patricia con un dejo de humor, que fue recibido con una mirada negra por demás elocuente.

Cada vez que había sugerido a su marido la necesidad de una terapia, él se había puesto violento. Pasado el susto del momento, ella volvió sobre lo recurrente de la temática. Pero ningún cuento dejaba un sabor amargo. Salvo uno…y no le cupo duda alguna que era ese el de Juan. Patricia asoció de inmediato la personalidad sicótica de su ex con este relato. Y recordó que no solo el cuento terminaba mal, muy mal. Tenía un final angustiante. Siempre pensó que su autor se tomaba una venganza con la vida. Algo así como decir: “si yo no puedo ser feliz, no lo será nadie”. Ella misma, al terminar de leerlo, absorbida, sin voluntad, como una ventosa en la historia, estaba segura de que al terminar la última palabra, quedaría convertida en culebra. No se puede ser la misma persona después de esa experiencia. Y pensó en quitar de la Antología, la página 51. Justamente esa tarde daban en el cine del pueblo la película del tren. Del mismo tren al que aludía Juan en el cuento, en una tarde de lluvia como ésta, ideal para ir al cine. En las ciudades chicas, contar con un cine era un lujo, porque no suele haber demasiadas opciones de entretenimiento, sobre todo para los niños. Patricia recordaba ahora el día en que Juan, en los comienzos de su vida en común, le comentó esta película que ahora estaban reponiendo, y cuya mayor virtud era el realismo de los efectos especiales. En esa oportunidad, Patricia descubrió en su mirada, el primer brote sicótico de su marido.

–Algún día, –le dijo pausadamente, mirando hacia el horizonte –caminaremos de la mano hacia las vías, nos recostaremos en los duros durmientes, despojados de todo. Nos quitaremos la ropa, para sentir las vibraciones de su proximidad en el cuerpo, mucho antes de escuchar el sonido de la máquina y presentir el final. No te soltaré la mano, hasta que nuestros cerebros liberen los pájaros henchidos de libertad.

Luego miró a Patricia y percibió algo parecido al miedo en su mirada, por lo que se apuró en cambiar el clima. La abrazó con fuerza y en tono de broma preguntó

– ¿Acaso no lo dijo el cura? ¿Hasta que la muerte los separe?

–Prefiero que no me ames tanto, Juan.

Rieron juntos, pero ella quedó preocupada. Ahora, todo aquello se hizo presente y trató de recordar el cuento: “En el momento de máxima tensión, él ingresaba a la sala sin ser visto. Los niños gritaban desafiando al miedo y se colocaban los anteojos 3D para disfrutar del masoquismo. Dejó el dispositivo en la oscuridad y salió apurado. Nadie notó nada extraño. Sólo que luego, el tremendo ruido de la explosión se confundió con el estruendo de los vagones filmados desde abajo de las vías. Por una enorme grieta del techo a punto de derrumbarse, se hizo paso Dios, disfrazado de Papá Noel, para regalarles sus característicos JO JO JO,JO, a los niños muertos” Con la mente turbada, volvió a la adivinanza que le proponía Juan. ¡Cómo dudar que ese era su cuento! Pero no se lo dijo. Le mintió para no provocar una crisis inútil. Para disimular, Patricia le respondió que suponía que él era “El artista”, y su cuento, “Escribiendo en el Museo”. Estaba apurada por salir. Por contarle a alguien su presentimiento. No le interesaba escuchar la respuesta de él.

–Por favor Juan, ándate con el libro. Ahora sí creo que te lo merecés. Pero ándate, ya tengo que salir.

Llegó al cine y escondida; permaneció vigilando la entrada. Hasta ese momento en que lo vio llegar, deseaba fervientemente que todo fuera un delirio de ella. En la pantalla, el tren ya aparecía en la lejana curva. Entonces, comenzó a gritar mientras corría por la calle pidiendo ayuda. Ingresó una brigada antiexplosivos en el preciso instante en que el tren de la película, a extrema velocidad, pasaba por encima de las cabezas de los espectadores que gritaban al unísono y se agachaban divertidos. Segundos después, todos se relajaban, admirados por el realismo de la película. Cuando la sala quedó vacía, Juan, con la cabeza decapitada por una rueda, yacía en una butaca. En el piso, la Antología abierta, en la página 51, exhibía solo el título de un cuento: “Dios se ríe de los niños”, ya que las hojas teñidas con sangre, ya no permitían leer su contenido.

5 Respuestas

  1. Lorena Martinez dice:

    Me gustó como se presentó la historia.
    Muy vívido el desarrollo.
    Trágico desenlace.

  2. Tétrico, pero bien escrito y muy bien llevado el suspenso. Chaly

  3. Guillermo dice:

    Fascinante, guauuuuu

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