NUMEROS OLVIDADOS

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Busco en el bolsillo el papel donde quedó anotado ese teléfono y no lo encuentro. A veces pienso que buscar una y otra vez en un bolsillo vacío es como hurgar en tu alma cuando no sentís nada adentro de ella.
Intento, sigo buscando y no lo encuentro. Con panza, cuarentón y olvidadizo, no me van a querer ni los perros. Mientras tanto, hasta que aparezca el bendito número, voy a aprovechar para ordenar el escritorio que está tan confuso y desordenado como mi mente. Si en el despelote encuentro el papelito me daré por satisfecho y a otra cosa.
Por fin, debajo de unas fotos, encuentro la famosa anotación que creía haber dejado en el pantalón pero no, no es la del contador al cual debía responder. Acá dice Ester, esa compañera de oficina con la cual supe salir hace tiempo ¡Ester, la hermosa Ester! ¿Por qué nunca la volví a llamar?
Ahora recuerdo lo que me pasó con ella: nunca me gustaron los nombres bíblicos. Me parecen anticuados y creo que la mujer que se llame así, se arrugará muy pronto como el papel de una Biblia original. No, no la voy a llamar.
Mejor dejo de buscar papeles casuales y consulto la agenda para ver si se me ocurre algo ¿Qué dice la primera hoja? ¡Alicia, la hermana del flaco! Tenía un cuerpo que rompía la tierra, pero su voz de pito me volvía loco. Difícilmente la podría soportar más allá de una noche en la cama.
Tengo también el número de Beatriz, la colorada pecosa que conocí en el campo. Alta, flaca, con una sonrisa espectacular y muy cariñosa. Cuando me la cruzo en la calle siempre me dice a los gritos: “¡Llamáme!” Nunca tuvo dramas y todo le venía bien. Por eso sospecho que en cualquier momento podría fugarse con cualquiera. No, a ella tampoco la llamaré.
A ver acá: Clarita, la hija de la gallega. Cocina como los dioses, aunque se arregla muy poco. Es raro, en esta época, que a una mina joven le gusten tanto las tareas de la casa. Estaría bueno tenerla como empleada, más que como mujer. ¿Qué querés que te diga? A mí me gusta salir, mostrarme y que mi novia se destaque.
No recuerdo bien: ¿quién era Dora? ¿la peluquera del quinto “A”? En las próximas hojas aparecen también Estela, la pesimista. Florencia, la despistada. Gabriela, la comunista. Hortensia, la jardinera… Isabel… Mercedes.. Ofelia… Zulema, la mulatona … ¡Mierda! No hay una que se salve. Está visto que identificar un alma gemela es más difícil que encontrar un teléfono perdido.
Mejor dejo todos los papeles como están y llamo a la casa de mamá. A ese número me lo sé de memoria.

7 Respuestas

  1. Mónica Álvarez dice:

    Es genial, el humor envuelve una situación que tiene mucho de real.

  2. Mariano Baigorria dice:

    Es de colección este texto. Cómico y profundo. Redondito. Felicitaciones Daniel !!

  3. Cecilia Aimar dice:

    ¡¡¡Muy divertido!!! Y por lo que escucho por ahí bastante cercano a la realidad.

  4. Pedro Félix Alonso dice:

    Hola Daniel, ya te lo había dicho antes, cuando se publicó en La Voz, pero lo repito: me pareció muy bueno, original, divertido, en fin una OBRA MAESTRA!

  5. sandra ortega dice:

    excelente !!!!!! me gusto mucho y dice muchas verdades! un texto con mucho humor.felicitaciones

  6. Elsa dice:

    Aunque ya te lo dije, no me canso de repetirlo… Este relato es EXCELENTE!!! Te felicito Dani!!

  7. mk dice:

    Genial. la analogía del bolsillo vacío, el humor solapado que envuelve lo cotidiano. Gracias Daniel.

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