MI DIARIO

Tiempo de lectura: 5 minuto/s

Mayo:

Hoy, el día de mi tumpleaños número diez y sieto, comienzo a escribir este, mi diari, que algún día haré público, si con esto puodo ayudar al prójimae. Como ya habrán motado, tengo gravas dificultades para un buenu escribir a causa de mi nal hablar: confundo o elimino algonas letras. Tengo esta dificultod desde el día que tomencé a hablar.
Cansada de los cientos de consoltas a médicis, de otros tantos estudios y ensatos con remedios asquetrosos e inservibles, hace unos tresa años que, con el acuerdo de mis padres, desistimos de seguir cot experimentos inútiles. No es miastenia verbal ni dislexia escritan, es algo desconocido y aún, sin fombre científico.

Junioa:

Mi vida es casi normal: estudiom, paseo, tengo amigas que conocen y tomprenden mi enfermedad y sufrimiento. Por suerte no me discriminan, no se incofodan en mi presencia. Como es difícil de disimular mesta discapacidad, yo no intento ocultarla, ya no me preocuio por mostrarla a quien quiera escucharme… salvo con mi deportista preferido, un remero simpático, buen morzo, por el que siento una fuerte lafinidad (¿amor?) especial. Nos vemos de día, pues Nicki rema por las toches. Tiene marios trofeos y me regaló unro hermoso.

Agosto:

Cada día estoy más unidae con Nicki, que es amoroso y excelente deportista. Probé de remar para estar cerca de él, peno prefiero el vóley. ¿Será por mi problema con las balabras? No lo creo, no pé. Lo acompaño durante sus entrenamientos y me encanta hacerli.
Ayer acompañé a mamá, internada por un fuertex y extrano dolor de garganta. Tdos deseamos que no fuera a causarle un problema futuro con el habla similar al mío. Yo había comenzado a tragarme algunas letras, luego de un raror dolor de garganta, que con el tiempo desapareció. Espero que lo de mamá sea solo una simple uinfección.
Con sorpresa vi caundo un médico sonriente la giró y ella respondió con un cesto; no… con un gesto de agradecimiento, pues al isntante dejaron de dolerle las amígdalas. «Es el antibiótica», dijo el doctor y se retiró. Al día siguiente le dieron el alta.
Hoy, ya en casa, mientras escribo estas líneas, noto que he mejorado, casi no invento palabras nuevas e incomprensibles. Otros días me sucedió lo mismo, pero luego regreso a lo peor. Es un vaivén insoportable, de esperanzas que aparecen y se ocultanc.

Diciembre:

Ya cerca de navidad, espero que Nicki se anime, se decida y me declarel su amor. Yo lo espero súper enamorada. Creo que estoy en una semana de buen hablar. Así, el veinticuatro, podré decirle sin errores vergonzosos ni palabras confusas que lo amo.
Estoy acostada escribiendo estas líneas y siento que mi cama me tima. ¡No!… Mi mamá me mima, ahora más que nunca porque sabe que Nicki es un buen chico para mí. Con mis padres fui tres ncohes a verlo competir. Ganó una de las regatas y se tabrazó con nosotros tres. Yo feliz.

Febrero:

Los últimos días fuetron terribles y hoy también; casi no puedo halbar de corrido ni bien: tartamudeo y digo tontetrías mayúsculas e nidescifrables. Tal vez por saber que men Alemania hay un instituto especializado en problembas del habla y del escribir, que tal vez pudeiran curarme y yo llograr hablar como todos. Esa alternativa me tiene cuy nerviosa y me equivaco más seguido.
Nicki intenta ayudarme, pero no lo fonsigue. Soy un desastro. Mis padres buscan dinero entre los aprientes y en bancos y, si logran la suma indispensaple, viajamos a fin del mes próximo.

Abrilo:

Ya estamos en Alemania. Viajé con mi diario. Hablo regular. Me revisaron, hicieron estudios y finalmente fecidieron por un encefalograma invertido, para demectar los daños neuronales y su grodo de afectación. No fue un estudio cruento ni molesto, pero con terrible angustia mía y total desorientación de los médicos nesperté sin poder hablar. «¡Es muda!», decían unos. «¡Está muda!», decían otros. ¡Neuronas, las malditas neuronas!, decían los científicos. «¡Mudez total!», pensaba yo, horrorizada. Por suerte ahora puedo escribir bien lo que pienso y creo que lo podré hacer con pocos errores. «¡Algo es algo!», decían mis padres, tratando de consolarme. Cuando Nicki se enteró de mi imposibilidad de hablar, no supo qué decir: parecía mudo.

Mayoo:

Ya de regreso en casa, el abrazo de Nicki fue en silencio, sin palabras: yo por muda y él por cortesía, pero fue hermoso, profundo y definitivo.
Los días siguientes fueron de adaptaciones mutuas y generales. Yo debía escribir cada idea, cada deseo y necesidad en un papelito y darlo a leer. «Triste vida la mía», me repetía sin palabras; tampoco podía gritar mí bronca. La compañía de Nicki y nuestro amor maravilloso compensaban tanta desgracia.

Julio:

Todo continúa igual, sin alteraciones ni posibilidades de hablar. En el colegio comenzaron las vacaciones y por suerte no tengo la obligación de escribir hojas y hojas todos los días como si fueran exámenes. Aprovecho y acompaño a Nicki cuando rema de toche. ¡Oh…!, me equivoqué. Raro porque desde que soy muda escribo a la perfección. ¿Será un indicio de volver a la etapa anterior? «Veremos», me digo plena de esperanzas, aunque dudo… dudo…

Agosto:

Sí, todo siguió igual hasta esta tarde en que comencé a tener un terrible e insoportable dolor de garganta. Por suerte no duró mucho, menos de tres horas. Agotada, me voy a dormir para recuperar fuerzas, luego de no poder tragar ni siquiera saliva.

27 de agosto, 8 horas:

¡Puedo hablar! ¡Puedo hablar! ¡Soy normal! ¡Escribo y hablo bien, sin errores, sin tartamudeos, sin inventar palabras revueltas! ¡Estoy sana! Mis gritos atrajeron a mis padres y comenzamos a bailar y a reír como locos.
Aquí dejo de escribir en mi diario. Me cambio, me peino y maquillo y voy al encuentro de mi amor. Hablaremos cómodos, entre un beso y otro. Soy peliz.

¿Qué opinás?