La última pieza

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Eligió su atuendo preferido: trusa y can can blancos como la nieve, pollera de tul rosa y zapatillas de punta al tono, cuyo brillante raso contrastaba con el desgaste de las suelas.
Enroscó su pelo en el mismo rodete tirante que usaba hacía tantos años y que había repetido una y otra vez con obsesivo esmero. El cabello estaba aun largo, aunque se notaba que había perdido brillo con los años.
Seleccionó su pieza favorita “Claro de Luna” de Beethoven y puso el disco en el antiguo aparato. El sonido estaba sucio y evidenciaba el paso del tiempo, aunque esto no impedía que esa música le genere en todo el cuerpo el mismo escalofrío que la primera vez que la bailó.
Aprovechó la introducción para mirarse en el espejo por última vez antes de salir a escena. Sintió la adrenalina desde la cabeza a los pies. Cerró sus ojos, respiró profundo hasta llenar de aire sus pulmones y se entregó completamente desde los primeros acordes.
Comenzó a bailar y cada movimiento fluía con la espontaneidad de un río que sigue su curso tranquilo y sereno. Con cada paso se imaginaba a sí misma como un verdadero cisne, y podía sentir la fuerza de los aplausos en cada demostración, mientras la luz de los reflectores le quemaba la piel y le derretía el maquillaje. Iba relatando los pasos para adentro: “Glissade, jeté, assemblé, sissonne…” Conocía la coreografía a la perfección, claro, la había bailado infinidad de veces sin cansarse, en algunas ocasiones, tres, cuatro y hasta diez veces seguidas. Cada vez que hacía un salto sentía vértigo en cada rincón de su cuerpo, como si estuviera en una montaña rusa. Pero lo que más la movilizaba eran los giros. Hizó un “fouetté en tournant” de quince vueltas en el que dejó hasta sus últimas fuerzas. Jadeó e intentó recuperar el aire. No pudo evitar sentir el paso de los años, pero disimulando la agitación, sonrió y sintió la ovación y el amor de su público. La felicidad la invadió una vez más. Esto era lo que había amado toda su vida, esto era por lo que había vivido siempre, la única razón de su existencia. Y en cada oportunidad que tenía de volver a bailar, experimentaba el placer con la misma intensidad de la primera vez.
Faltaba muy poco para terminar. La música y la memoria le indicaban que ya eran los últimos acordes, los últimos pasos de la coreografía. Se preparó para brindar y brindarse el mejor de los finales, para aprovechar la última oportunidad que tenía de brillar en esta pieza. Pero ese final nunca llegó. De repente todo se puso negro. La música se cortó abruptamente antes de que puedan sonar las últimas notas. Todo se volvió oscuro, frío y silencioso. La tristeza y el vacío se apoderaron del lugar, y de la bailarina. No sabía porqué, pero esta vez notó algo extraño, algo que le hizo dar cuenta de que todo había terminado pero esta vez para siempre. Algo le hizo sentir que esta había sido su última pieza, su última danza. Entonces resignada, se recostó dejando caer una lágrima y se preparó para lo peor.

Momentos antes, Catalina jugaba en un pequeño rincón del living, en el único espacio vacío que había encontrado entre el desorden y las cajas de mudanza. Todos corrían apurados pero ella estaba en su mundo. Pasaba el tiempo con algunos viejos objetos que había rescatado de una bolsa de consorcio hasta que el grito de su madre la sobresaltó: “Catalina, por dios! Cerrá ya esa caja de música y metela en la bolsa de una vez que está por pasar el camión de la basura!

8 Respuestas

  1. Sofi dice:

    Es verdaderamente impactante… desde la belleza del relato hasta lo inesperado del final… Talento que emociona!!! Sos grandiosa!!!

  2. Gabriel Escribano dice:

    Impecable, no tiene desperdicio, me encanto.

  3. precioso el relato, y el final totalmente inesperado para mí. cómo me dolió!!! me gustó mucho.

  4. graciela derna bonetto bertoa dice:

    record’e mis juguetes de juventud y mis dias de clases de ballet con este cuento maravilloso donde la musica se vive en el alma y en el coraz’on y ese final maravilloso. Mil felicitaciones

  5. Karina dice:

    Como te dije en el taller, creí que adivinaba el final (por el título y por algunas pistas) pero me sorprendiste y me encantó!!! la vida paralela de los juguetes con la nuestra, encantador relato. Se me hace un nudito en la garganta.

  6. MSA dice:

    Realmente me gustó, al principio me imaginaba sólo una señora grande, pero 3/4 del camino me di cuenta de lo que estaba pasando y aprecio mucho el “giro”, es muy refrescante. Una historia melancólica y un poquito mágica. Muy bien!

  7. Noe dice:

    Una gran e ingeniosa historia, nunca imaginé el final. ¡Aplausos!

  8. Pedro Félix Alonso dice:

    ¡que bueno,como me gustó! Una historia diferente, con un final inesperado. El relato te transporta a una función imaginaria, si hasta escuchaba el sonido de la música! te felicito.

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