LA SOLEDAD

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Tirado en el sillón del living, la soledad hace ruido: dos hielos, el vidrio circular y la hipnosis. La soledad le gana espacio al silencio, a fuerza de codazos y ensimismamiento. La soledad me deja solo en un desierto negro, amplio y profundo, y se retira. Termino creyendo que se parece a una noche amplia, donde las estrellas no hacen más que titilar. Las chicharras estivales, el siseo de la estufa, son máscaras que ensayan el disimulo todo un año; la soledad no descansa.

La medida ámbar se vacía y el fuerte aroma se degrada en el ambiente, de la mano de un suspiro resignado, arrojado a perderse más allá de mis pies. Los hielos ya tienen la forma de uñas desechas por la ansiedad. La botella escupe las últimas penas de oro… frágiles, tan frágiles que podrían ser estalladas en cualquiera de las infinitas paredes de la soledad.

Parece que me ha abandonado, pero no: persiste como un emplasto incómodo que, adherido al cuerpo, me levanta del sillón y me acuesta en mi habitación.

El sueño urde su labor reparadora: los trozos de vidrios, los charcos de bordes tenaces, los adornos fragmentados, son acomodados caóticamente durante toda la noche y, al despertarme, temo asomarme al living.

2 Respuestas

  1. Ada Salmasi dice:

    Muy bueno,Alguien que lucha con su soledad entre la realidad y las pesadillas.

  2. Muy bueno Augusto. Quedo Redondo.

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