La gárgola

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Te escucho llegar. Las suelas de tus zapatos golpean fuerte en la vereda. Está tan desolada la calle afuera, que no me hace falta adivinar que son tuyos esos pasos. Destrabás las puertas que nos separan, caminás el último tramo, el del pasillo y me encontrás acá. Sentado, con la mirada fija en vos. Te esperaba desde hacía rato, pero no tengo intención de develarte ese secreto. Ya llegaste y eso me basta. Te sacás el abrigo y te ponés cómoda. Me dejás escrudiñare sin reprimirme por que no te quite los ojos de encima. Qué imagen tan imponente sos. Qué invocación divina.

Me había olvidado de la mochila, la pasé por alto cuando te vi entrar. Menos mal que la trajiste, menos mal que a vos sí te importa lo que hay adentro. La abrís con parsimonia, te encanta ese ritual. Con las dos manos, extraés el paquetito que hiciste con ese pañuelo bordado que te regaló tu abuela y tanto te gusta. Desatás la cinta que lo envuelve y me reencuentro con ese pedazo de mí que te pertenece desde que decidí amarte.

Me desabotonás la camisa con una mano y con la otra lo sostenés con sumo cuidado. Mientras tus dedos recorren esa vertical, disfruto de la fragancia de tu perfume, del roce de tu pelo, del sonido de tu respiración, de la visión de tu escote. Me acariciás el vello del pecho con tus yemas delicadas y, en el momento preciso, clavás las uñas justo sobre el esternón. Presionás un poco, lo justo y necesario para que el pectoral izquierdo se levante y permita el paso del pequeño objeto. Lo introducís despacio. Me devolvés el corazón. Cerrás la herida y me besás por primera vez desde que llegaste.

Cuánto deleite me causa esta sensación, la de que nada me falte cuando estamos juntos. Te desvestís de a gajos. Me mirás fijo ahora vos a mí. Me tendés la mano y resiento el colosal esfuerzo que debe hacer cada uno de mis músculos para ponerme de pie. Ya a tu par, me conducís a la habitación y me tumbás sobre la cama. Y vos te tumbás sobre mí. Ojalá esta noche no se acabe nunca.

Pero sé que te levantás con el sol y que yo me quedo acá, sentado, petrificado como las gárgolas. A la espera de que regreses y desentumezcas mi humanidad.

12 Respuestas

  1. Roberto Sosa dice:

    ¡Woow, Meli! Cuanta sensualidad hay en este texto. Eso de vivir como estatua hasta que venga el otro, fuaa… Disfrute esa simbología. Hermoso. ¡Felicitaciones!

    • Melisa Alexandra dice:

      Querido Rober: ¡cuánta generosidad! Gracias. Me alegra montones que te gustara. Me merezco una abrazo, ¿o no?

  2. Gustavo Arias dice:

    Muy bueno!

  3. Amadeo Belaus dice:

    Melisa:

    Me gustó. No es fácil escribir en 2º. Tal vez por tipeo o al pasarlo a la web, encontré dos errores: donde dice escrudiñare, creo debería decir: escrudiñarte y le faltaría el acento en no te quité. Buen texto, agradable de leer. Te lleva a ese dormitrio
    Un saludo
    Amadeo

    • Melisa Alexandra dice:

      Hola, Amadeo.
      Te doy la derecha en cuanto al error de tipeo en la palabra “escrudiñare”. “Quite” va sin tilde porque no está usado en pretérito, sino en presente. Y supongo que vos quisiste escribir “dormitorio” cuando tipeaste “dormitrio”.
      Saludos.

  4. Mabel dice:

    Hermoso Meli, erotismo con altura

  5. Ada Salmasi dice:

    Muy bueno, entre la ficción y lo simbólico

  6. Viviana dice:

    Felicitaciones por la sencillez.

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