La espera

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Desde el bar, la veo cruzar la calle de tierra con un puñado de viento enredado en el pelo. El pueblo, al igual que el bar, parece suspendido en el tiempo. Un tiempo de ocres sucios y paredes descascaradas. Se le nota en los modos que no es del pueblo, y me pregunto qué la habrá traído hasta aquí. Parece desorientada en la frágil tempestad vespertina, pero sus pasos la llevan sin titubeos hasta el bar donde la espero, aunque ella todavía no lo sabe.

Sentado en el rincón más oscuro, la observo acomodarse en una mesa frente a la ventana y pedirle un café al mozo acodado detrás del mostrador. Me agrada cómo la luz difusa que se cuela por la ventana engendra sombras en la mitad de su cara. La quise para mí desde el principio, pero ahora que su perfil se recorta exquisito frente a mí, quisiera que nunca hubiera traspasado la puerta del bar. Ella, habría continuado su camino y yo, estaría obligado a renunciar a ella.

Parece no esperar a nadie. Sólo deja morir los segundos, uno tras otro. No tamborilea los dedos, no juega con su pelo. Tampoco muerde sus uñas. No, definitivamente no espera. Rompe la quietud del bar, cuando vuelve la mirada varias veces, hacia una cartera que descansa en la silla contigua. Algo se mueve adentro. Sin embargo, distrae su atención la llegada silenciosa, como si flotara al caminar, del mozo que luego de servirle el café, regresa otra vez al mostrador.

Luego de reconfortarse con un sorbo de café, gira su cabeza buscando a la dueña de la cartera, pero no hay nadie, ni siquiera el mozo. Por un momento sus ojos se detienen en la esquina oscura donde espero. No me ve. Tampoco el cigarrillo preso entre mis dedos huesudos, que espera la primera pitada para empezar a ser exactamente eso, un cigarrillo. Uno, que más tarde morirá en un cúmulo de cenizas.

De la cartera surge ahora un leve susurro. Una voz suave, aniñada, la llama por su nombre. Aunque duda, la toma con nerviosismo. Mira nuevamente el bar vacío y la abre. El cigarrillo, ahora vivo, me envuelve en su neblina. A través de ella, puedo ver que una larga lengua blanquecina le lame los dedos finos y, su cara, parece disfrutar el contacto húmedo, al igual que mi boca disfruta el sabor amargo del tabaco.

De repente, su brazo comienza a deslizase adentro de la cartera, como si resbalara en fangosa ciénaga, antes de introducir el otro, ambos envueltos en la lengua pegajosa. Ella, como en un trance, se deja llevar mansa aunque sus ojos me muestran el terror cuando mira hacia el rincón oscuro que sólo deja ver la colilla al rojo vivo. Lentamente, su cuerpo laxo y desarticulado, es arrastrado al interior por la lengua hambrienta, mientras mi boca besa por última vez el cigarrillo antes de soltar su alma blanca al aire.

La cartera se cierra en un ruido seco. El bar exuda, ahora, un completo silencio. Las sombras terminan por cubrir la claridad del día, cuando el mozo se acerca a la mesa vacía y limpia su superficie. Antes de regresar al mostrador, acomoda nuevamente la cartera en la silla.

Desde el rincón, siento que voy a extrañarla al menos, en lo que queda del día. Saco otro cigarillo y espero.

7 Respuestas

  1. Cecilia Martinez Rapalo dice:

    Nati: qué buen cuento.Recuerdo cuando lo leíste en una de las tertulias.Me provoca escalosfrío.Creo que está MUY logrado el balance entre lo poético y lo terrible. Chapeau!!!

  2. ISABEL SALAS MEYER dice:

    Muy bueno el cuento , el relato de lo fantastico y lo real. Perfecto da ganas de seguir leyendo.

  3. mariana dice:

    perfecto…todo lleva a l imaginaciòn ….me encanta…dan ganas de leer mucho mas

  4. Carlos A. Micca dice:

    Muy bueno Nati!!

  5. augusto dice:

    Mientras no se me refute, creo que este cuento pertenece al género fantástico. Según definición: el texto obliga al lector a considerar el mundo de los personajes como un mundo de personajes reales, y a dudar entre una explicación natural y una sobrenatural de los sucesos relatados. Luego, la duda se convierte en uno de los temas de la obra. Finalmente, el lector es llevado a rechazar tanto la interpretación alegórica como la poética. Bien Nati. Uno de los cuentos que más me ha gustado si no el que más

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