La Brava

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Vinchina y Jagúé quedaban atrás. La quebrada de Troya lo llevaba hacia La Brava. Él miraba las montañas de colores indescriptibles que enmarcaban La Brava, cual manto protector de las nubes que giraban al compás del viento.
El tiempo parecía detenido, iba sin caminos mientras el aire lo despeinaba, trayendo el sonido de las garzas que ya asomaban al costado de la laguna. El frío era especial. Con gusto a sal y a la vez vigorizante. El ritmo de la enduro y su jinete no menguaba. La sequedad en la boca y la piel helada lo llevaban a límites que no había pensado traspasar. Los minutos transcurrían sin dimensionarlos. Ya se acercaba al primer refugio.
De lejos lo vio como un nido de hornero. De cerca sintió que era un útero contenedor. Antes de entrar, Valerio miró al derredor y se sintió más solo y acompañado que nunca. Todo y nada era de él. Los Andes riojanos se reían de su vanidad y respetaban su osadía. La experiencia era única y pensó que no podría ponerla en palabras.
La Brava tenía la dualidad de hacerlo sentir una hormiga y un gigante. Se sentó en el borde blanco de la laguna y simplemente descansó. Dejó que el viento llevara la tristeza acumulada y el recuerdo de Ana de su cabeza. Las nubes bailarinas lo envolvieron confortándolo.
En la otra orilla el segundo refugio parecía llamarlo, hizo el camino despacio, disfrutando el aire que ahora empujaba la espalda. El túmulo de piedras al lado de las centenarias paredes le hizo recordar el nombre del lugar:”El muertito”, por Don Carbajal, arriero chileno momificado por el aire y con la leyenda que la noche lo destapaba. Viejas historias, que el viento al tumbar las piedras de la tumba ayudaba a conservar.
Puso unas rocas pesadas, por las dudas sobre el viejo cadáver momificado, con sus botas y campera intacta, y pensó que con esas piedras ningún viento se las llevaría por un buen tiempo. Caminó hasta el agua un poco mareado por la altura, las hojas de coca ayudaban pero la altura se imponía. La noche iba anunciándose por lo que acomodo la mochila, prendió fuego dentro del refugio y con un par de latas su hambre se calmó. La calma y el cielo límpido lo llevaron afuera con la manta cubriéndolo y sin darse cuenta sentado al lado del muertito, confesó sus penas de amor y la búsqueda de soledad extrema que lo había llevado hasta La Brava ante el abandono de Ana. Era más fácil y barato que hablarle al psicólogo, pensaba Valerio. El ridículo no lo cohibía, así que la charla unilateral siguió hasta que los últimos secretos fueron revelados. Cuando contó lo de la consulta a una bruja, se sintió en paz y aliviado. Así que de eso se trataba la confesión de los católicos. Traspasarle el fardo de la culpa a otro y uno tan contento, pensó Valerio ya con los ojos semicerrados por el sueño.
El catre y el abrigo lo cobijaron del frío, pero no de la sorpresa de despertarse con un gaucho cebando mate junto al horno que caldeaba el lugar. Se miraron y el criollo inquirió tranquilo.
-¿Buenas, como anda?
-Bien ¿y usted?
-Arreando ovejas para Vinchina, solo paré porque me lastimé el pie al bajar las últimas pircas.
-¿Necesita ayuda?
-No. Puse las ovejas en el corral y me tiro a dormir un rato. Seguro después estaré para seguir-
Valerio, sin preguntar nada, acomodó su mochila. Tomó dos mates sin hablar con el gaucho, amable pero arisco. Le aceptó un pan con chicharrón y agradeciéndole salió del refugio para irse aprovechando el buen tiempo. El hombre lo despidió diciendo
-Ande tranquilo, chango y no le crea tanto a las brujas.
Las palabras de despedida y el aire frio lo golpearon, pero más lo sorprendió no ver nada en el corral. Pensó que habría otro. Y mareado por la altura y la sorpresa salió despacio hacia Pastillo, el último refugio. Llegó al mediodía, y con hambre, cuando vio las motos de los amigos que se habían anticipado .Lo sintieron llegar y lo recibieron con gritos. Al rescoldo se estaba haciendo un cordero, magro, pero apetecible. La comida, las risas, las anécdotas ayudaron a vencer el apunamiento. La tarde pasó con los preparativos del cruce a Copiapó en Chile. A la noche junto al fuego, recordó el gaucho que había dejado atrás. Los amigos dijeron no haberse cruzado con nadie, ni haber visto ovejas. Lo trataron de loco y se rieron de la descripción de su compañero de desayuno. Uno dijo como al pasar.
– ¿No habrá sido Carbajal?
-¿Te fijaste en la tumba cuando saliste?
-No. Ni me fijé.
-Era él -le gritaron a coro sus amigos.
La risa ya no fue tan fácil. El silencio envolvió el tramo que les faltaba hasta llegar al cruce. La figura del gaucho y sus cripticas palabras le rondaban sin dejarlo pensar con claridad. Llegaron al puesto de gendarmería .Los esperaban. Se pusieron al día con las noticias y aprovecharon la señal para llamar por teléfono.
Recuperó los mensajes que ahora entraban y se quedo sin habla cuando vio el Whatsapp de Ana “me llamó tu amigo Carbajal y me explicó lo que te pasaba. Perdoname, no sabía cuánto me querías cuando te pedí que te fueras de casa. Volvé. Te quiero”

10 Respuestas

  1. Lucia dice:

    Me encantò Elva!!! Felicitaciones!

  2. Cecilia Mirolo dice:

    Muy lindo cuento!!! lleno de imágenes, me encantó

  3. Gastón Inaui dice:

    Felicitaciones, Elva, me gustó mucho. Sobre todo me encantó cómo vas desarrollando las informaciones, hasta el final uno sigue descubriendo.

  4. vic dice:

    Volvi a viajar por ese lugar maravilloso . muy bueno

  5. ISABEL SALAS MEYER dice:

    Me gustó la relación entre el viaje y la ficción. Excelente. Y tiene imágenes logradas.¡Excelente cuento!

  6. vero dice:

    Excelente ! felicitaciones , me gusto mucho realmente viajas por esos parajes con esas imagenes

  7. Ana Giambastani dice:

    ¡Qué bueno que está! Lo que más me gustó son las imágenes que recreaste. ¡Felicitaciones! 😀

  8. jose dice:

    Me gusto mucho la forma de relatar ese paisaje unico que es la cordillera riojana,con el agregado de una historia de desencuentros y ficcion con Don Carbajal

  9. Nivia dice:

    Huyyyy… que bueno Elva!!! lo releí por segunda vez porque me gustó mucho y la última con un sentido más crítico. Coincido con Santiago plenamente, sobre todo lo que dice de Ana… y sí…somos jodidas!!!!!!!

  10. Santiago dice:

    Excelente, el estilo me encantó, tiene imágenes muy bien logradas, y además, a mí me parece que las apariciones de fantasmas siempre son una buena noticia. Ahora, qué mina jodida, un fantasma le tenía que decir lo que sucedía…

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