Jueves a las diez

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—Hablaste con mi mujer… ¿Por qué?

Dimitri buscó la mirada de su amante, que le daba la espalda. Ella acababa de dejarlo entrar en su casa, la santa sede de la voluptuosidad.

—Porque sí —contestó Nuria.

Su voz era tibia y serena como la de los recién salidos de una bañera llena de espuma.

—No es una respuesta.

—No tengo que explicarte nada… hace rato que decidí dejar de explicar —enfatizó ella mientras se volvía hacia él.

Un abismo de cinco metros los separaba. Era esa hora del día en que la luz natural comienza a atenuarse de manera sutil y las lámparas incandescentes no suman ni restan. Él acababa de terminar su jornada laboral. Ella jamás había trabajado.

—No quiero que me expliques. Quiero entenderte, hacerte amiga de mi mujer… ¡lograr que te invite a tomar el té! Lunes a las seis de la tarde, huumm.

La densidad del ambiente había comenzado a derretirse al calor de sus cuerpos lascivos. Él tenía ojos azules de metal frío, que aumentaban la temperatura y enrojecían como un fierro candente todos los lunes a las seis, cuando pasaba por la casa de Nuria atraído por los enormes senos imantados de ella. La habitación era marrón y olía a madera humedecida y a sexo.

—Ja, exactamente eso, —contestó Nuria —. Verte entrar como siempre, pero en tu casa. Esperar a que ella nos presente y actuar como si no nos conociéramos. Ver la tensión del pantalón entre tus piernas.

— Estás loca. Siempre lo supe pero acabo de confirmarlo. Solo una cosa: yo no puedo volver un lunes a las seis de la tarde a mi casa. En ese horario… «trabajo».

Ella sonrió. «Noches de Moscú» sonaba de fondo, obligando a Dimitri a ser contundente con sus palabras pero no con su tono de voz.

—¿Hace falta que te lo explique? —continuó él no tan convencido de querer convencer—. Esto puede terminar mal, o terminar tal vez bien, pero acabar al fin. Si la pasamos bien así. ¿O te falta algo?

Las fuerzas magnéticas aumentaban de intensidad por el acercamiento. Hierro e imán nacieron para estar juntos. Ella reposó las palmas de sus manos sobre el pecho agitado de Dimitri y miró hacia abajo.

—No me falta nada, nada —repitió ella —. Yo solo quiero complacerlos.

—Está bien, lo acepto. Pero no en ese horario, los lunes a las seis son nuestros. ¿Por qué no lo dejamos para los jueves a las 10?

—Ella no puede, en ese horario…«trabaja»

Él sufrió un sobresalto ínfimo que le hizo desviar la mirada hacia un costado por un segundo. Hacía rato que su mujer no tenía empleo. Sospechó algo, quizás ellas… Dimitri no quiso pensar más.

—Te amo —le dijo él mientras besaba la frente de ella. Su sangre viajaba como agua de río de deshielo.

3 Respuestas

  1. Susana dice:

    Muy buena trama de un cuento breve, moviliza el interés, dejando un final incierto que queda abierto a la imaginación del lector

  2. Elva dice:

    Muy bueno!!!! Esa trama esta genial

  3. Jueves a las diez, muy bien contado. Interesante con un final totalmente sorpresivo. “Yo solo quiero complacerlos” indica la relación con ambos: Nuria y Dimitri, Nuria y la esposa de Dimitri. No sobran ni faltan palabras. Estan ajustadas al relato. Dimitri sospecha, pero su pasión no sufre ninguna alteración y tampoco va a averiguar nada.

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