Hasta que salga el sol

Tiempo de lectura: 4 minuto/s

En la ciudad Ragah, en la cada vez más estrecha Franja de Gaza, el cielo está oscuro, negro como el humo que los rodea, que huele a miedo. La puerta de la habitación está cerrada.
Ella los dejó adentro, sin explicarles el por qué.
Musa siente que en ese sótano las paredes se acercan. Siente que se achica a cada momento. Siente que lo aprisiona. Está sentado sobre sus pies en una esquina. Sus ojos están entrecerrados y sus pupilas se mueven rápidamente de un lado a otro, buscando no sabe qué. El latido de su corazón es arrítmico. Caen lágrimas involuntarias que intenta disimular. Definitivamente siente miedo.
Yubrán camina de un lado al otro. Intenta, con tres zancadas, alcanzar la pared de enfrente. Obviamente, no puede. Necesita por lo menos cinco o seis pasos extra. Mira a Musa de reojo y, con esa tenue luz, se da cuenta de que su compañero no está bien. Piensa que debe cuidarlo y ya no sólo debe entender qué pasa. Abre y cierra las manos con fuerza, símbolo de todo lo que le preocupa. Trata de encontrarle sentido al abandono.
Al dejarlos en ese sótano, ella les ordenó permanecer en silencio. Nada de gritar, nada de hablar, nada de sollozar. Sólo tienen que escuchar, estar atentos a que terminen las explosiones, para entonces salir. Ella les dijo que parecen fuegos artificiales y que ellos, gracias al Todopoderoso, no los habían visto aún. Ellos están tristes porque no pueden salir a verlos.
Ninguno conoce las reglas, si es que esto es un juego. Ninguno conoce qué hacer, si es que esto es de verdad. Ninguno es valiente. ¿Cómo van a ser valientes? Provoca risas el sólo hecho de pensarlo. O provoca tristeza.
Al ser dejados escucharon, de boca de ella, lo irracional del bombardeo. Escucharon sobre el dolor producido a grandes y niños. Escucharon sobre la destrucción de la ciudad. Escucharon que muchos no tienen casa. Escucharon que muchos no tienen qué comer. No entendieron el por qué. En realidad, no podían entender qué querían decir todas esas palabras.
Al dejarlos, ella les prometió que esto iba a acabar. Les prometió que el cielo volvería a ser azul. Les prometió que volvería el olor a pan. Les prometió volver cuando saliera el sol. Pero no hay ventanas, no hay grietas, no hay por dónde ver si ya hay sol nuevamente. La puerta continúa cerrada.
Desde arriba llegan los ruidos de pasos rápidos, de gente que corre. Se escuchan gritos que los asustan y ellos están solos. Se escuchan explosiones de bombas y ráfagas de tiros. Suenan más fuerte que los fuegos artificiales. Yubrán se sienta al lado de Musa y lo abraza. Es más alto y lo cubre con su cuerpo. Siempre es más animoso y trasmite alegría. Pero hoy no. No sonríe. Yubrán siempre cuidó de Musa, y a pesar de que éste sea más grande. Tiene dos años más, aunque el cuerpo no dice lo mismo. Musa es callado y siempre reafirma con su cabeza, que mueve de arriba hacia abajo con vehemencia, todo lo que dice Yubrán.
Once y nueve años. Yubrán festejó los nueve con el estruendo de una bomba que estalló al frente de su casa. Cayó justo sobre la casa de Musa. Todo se convirtió en escombros. Nada quedó en pie, ni siquiera los padres de su amigo. Desde el momento en que Musa dejó de llorar, se convirtieron en hermanos. La mamá de Yubrán es ahora la mamá de Musa. Hace poco más de un año, ella se convirtió en la mamá de tres niños que no eran suyos. Solo Yubrán y Musa continúan con vida. Por eso ella los escondió en ese sótano. Por eso ella les dejó comida para muchos días y botellas con agua, porque ella quiere que, por lo menos, ellos dos se salven. Ella espera ser la distracción para los soldados. Ella espera, desesperada, la salida del sol.
Se abre la puerta. La luz los ciega. Musa aprieta fuerte la mano de Yubrán. Éste se suelta, se pone de pie y con su mano, intenta tapar la luz. Miran el contorno de una persona parada en lo alto, bajo el marco de la puerta. Sonríen, piensan que ha salido el sol. El que llegó baja los escalones y da dos pasos hacia adentro. Tiene un arma. Musa se esconde detrás de Yubrán, temblando. Yubrán también tiembla, pero hace frente al visitante. Él les devuelve la sonrisa y toca la cabeza de Yubrán. Los niños se tranquilizan. El recién llegado le grita a sus compañeros y bajan dos soldados más. Ponen a un niño al lado del otro. Cada soldado saca un billete, y el último soldado los sostiene en su mano. El primer soldado dispara y acierta los dos tiros en el centro de los corazones. Gana la apuesta y se lleva los tres billetes. Sonríe y ordena que se apaguen los reflectores de los tanques, que alumbran tanto como el sol.

9 Respuestas

  1. Sole dice:

    Independientemente del valor literario o no, me molestan los estereotipos y preconceptos enlatados sobre ciertos grupos. Me molesta la construcción buenos/malos porque no existe. Sugiero, para comprender la complejidad sin límites del conflicto en medio oriente ver la serie “Una mujer honorable” con la genial Maggie Gyllenhaal. Mucha desinformación aunque sea literatura.

    • Marcela dice:

      Primero que nada, le agradezco que se haya tomado el tiempo para leer este cuento. Cómo tal, un cuento es ficción y como tal hay que leerlo. Si la intención hubiera sido hacer a través de ello un análisis político o histórico sería un documento de otro estilo, un ensayo por ej. y no una ficción Y si, a su criterio debiera informarme lo haría a través de un estudio serio de la situación internacional, y no a través de una serie televisiva o de cine. Seguramente Ud. también.
      De la lectura del cuento se desprende que hay malos y víctimas. No he catalogada a ninguna de las partes de bueno/malo. He hablado de “soldados” y de niños que viven en esa triste zona del mundo. “Los soldados” pueden ser de cualquiera de los países en guerra. Lo monstruoso no tiene nacionalidad. No tiene patria. Y es lo que he tratado de mostrar. El horror y lo monstruoso.
      Reitero mi agradecimiento por el tiempo que le tomó la lectura de “Hasta que salga el sol” (aprovecho para hacerle saber que literariamente fue un cuento premiado, 1er puesto). Saludos Cordiales.

  2. “Les prometió que volvería el olor al pan”. Me estremeció el alma este relato que amalgama toda la vida y toda la muerte.

  3. Excelentee cuento pero un poco cruel.Muy buen final

  4. marina dice:

    Excelente relato cruel.

  5. Karina dice:

    Muy bueno!!!!! Pero muy cruel…… parece la realidad…

  6. Fernanda Escarda dice:

    Me duele el corazón. Muy buen relato.

  7. ¡Me dejó sin habla! En ese mundo cruel la vida de nadie no vale nada. Magnífico relato, sin fisuras.

¿Qué opinás?

A %d blogueros les gusta esto: