GEMELOS

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Nacimos el 10 de junio de 1973, con unos minutos de diferencia. Él nació primero. Yo tardé un poco en aparecer. Misma bolsa: gemelos. Somos idénticos físicamente y exactamente opuestos en caracteres. ¿Será que es verdad eso de que Géminis tiene dos personalidades? Tal vez, y en este caso se dividió entre nosotros. Es verdad que los gemelos sentimos una conexión especial y un amor casi sobrenatural. Pero no fue fácil vivir con Mario. No sé por qué razón él siempre creyó que tenía que protegerme. Será por su carácter, será por el mío.
La situación se repetía casi siempre de la misma manera. La primera señal eran sus ojos. Pasaban de un brillo vidrioso a un rojo sangre, y seguramente se clavaban en alguien. La posición de su cuerpo se iba modificando hasta quedar tan erguido que me parecía más alto de lo normal. Mientras tanto, sus músculos se tensaban, como un arco en el momento justo antes de soltar la flecha. Parecía que se iba de este mundo con un estado enloquecido, dispuesto a saciarse. Se desaliñaba por completo, la ropa, el pelo, incluso su cara, cobraban un estado de exacerbación. Vomitaba palabras enceguecido y, aunque pocas veces, también tuvo intercambio de golpes para descargarse.
Yo inmediatamente comenzaba a achicarme. Mis ojos buscaban el suelo. Sentía un calor agobiante y sabía que me iba poniendo colorado hasta las orejas. Terminaba encorvándome y me mantenía retraído, sin poder pronunciar palabra. Además sudaba y me sentía incómodo. Quería que se abriera el piso para poder caerme en un pozo profundo, donde nadie pudiera verme. Creía que todo el mundo me miraba a mí y que no podía escapar del juicio. Siempre me vestía de colores opacos para no llamar la atención, y nunca era suficiente para desaparecer.
Hasta el secundario fuimos juntos a todos lados, pero cuando tuvimos que decidirnos por estudiar, yo esperé a que él eligiera una carrera, para elegir una bien diferente. Con eso logré un poco de independencia. No cambió mi carácter, es decir, seguí siendo retraído e introvertido, pero por lo menos no sentía esa terrible invasión que la vergüenza ejercía sobre mí. Por más que lo intentara, yo no lograba comprender sus ataques de ira y sabía que tomar distancia sería una forma de sufrir menos.
Comenzamos a tener diferentes grupos de amigos para estudiar y para salir. Así pude ser Pedro y no “el hermano gemelo de Mario”. Al principio, Mario temía que alguien me dañara y estaba pendiente de mí, pero después creo que se relajó y hasta llegó a disfrutar de sentir una responsabilidad menos. Ya éramos adultos y no podía vivir como mi guardaespaldas. Sus efervescencias seguían sucediendo. Ahora quien las presenciaba era Mónica, su novia. Pero ella las tomaba de otra forma. Cuando él volvía en sí, ella lo retaba por loco y a veces se le reía.
Yo me recibí hace tres meses de contador. A Mario le falta poco para terminar Sistemas. Desde hace diez días él está en coma y yo estoy preso. Me había llevado esa mañana en su moto hasta la oficina donde yo trabajo, o trabajaba. Me quedé con mi casco y Mario siguió camino hasta la facultad. A las diez de la mañana me avisaron por teléfono que mi hermano estaba en el Hospital de Urgencias. Fui volando. Él aún estaba consciente y pudo contarme todo. Lo había reventado un taxi que bajaba como un tiro por Obispo Trejo en la esquina que corta en diagonal con Ambrosio Olmos. Antes de que pasaran dos horas, quedó inconsciente. El médico me relataba un sinfín de líneas de diagnóstico que yo iba guardando en mi cabeza como autómata, para tratar de comprenderlas en algún momento de serenidad:
̶ Su hermano tiene ocho quebraduras expuestas y la cabeza del fémur, la mayor de todas, ha taponado con médula ósea los pulmones por lo que, automáticamente dejó de respirar. Lo hemos inducido a un coma farmacológico para ponerle un respirador…
Me pareció que había hablado durante dos horas.
Esa tarde, la policía me llamó para ir a buscar la moto al depósito judicial. Cuando yo llegaba, entraba conmigo un hombre de unos 50 años. Al presentarnos en la guardia, dijo su nombre y que venía a buscar un taxi. Me puse en alerta. Cuando supo quién era yo, comenzó a decir:
̶ Eh… tu hermano venía mirando para otro lado justo cuando yo iba a cruzar, y no me dio tiempo a…
La primera señal fueron mis ojos. Pasé de ver blanco a ver rojo, y los clavé sobre el infeliz. La posición de mi cuerpo iba cambiando: me sentía inmenso. Mientras tanto, mis músculos se tensaban. Me iba a otra dimensión. Mientras él me seguía mintiendo, yo enloquecía. Sentía que mi cara se transformaba. Cerré los puños y empecé a gritar enceguecido. Me perdí por completo y me descargué tanto a golpes, que lo dejé inconsciente.
Ya pasaron diez días y el hombre todavía no recobró el conocimiento. Mi hermano tampoco, un aparato respira por él. Yo respiro este aire comprimido y entiendo, por primera vez, que nunca fuimos tan distintos.

1 respuesta

  1. Cecilia Mirolo dice:

    Me gustó mucho el cuento, Quizás por ser melliza me identifiqué muchísimo con el relato. Felicitaciones!!!

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