FINAL ABIERTO

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Lo ha planeado con la meticulosa dedicación de otras veces porque su prestigio de homicida serial está en juego. Resulta paradójico, ya que su buen nombre de asesina depende de que, gracias a su detallismo y perfección, continúe en el anonimato. Tampoco debe llegar a conocerse la vinculación entre las muertes que ha causado, pese a que ésta exista. Pero cree que es un lazo que solamente ella puede percibir.
Idea cada crimen con gran paciencia, evitando que la ansiedad la empuje a cometerlos en intervalos demasiado breves. Además la elección de la víctima, el escenario, el tiempo y el medio, le insumen una energía que bien administrada jamás podría agotarse en unos pocos días.
Es una psicópata social bien disimulada, que arrastra desde su adolescencia la inacabada incapacidad de relacionarse íntimamente. Para ayudarla su madre la envió a realizar distintas actividades: pintura, piano, vóley. Se adecuó muy bien al deporte en equipo. En ese ámbito comenzó realmente a desarrollar su mayor talento.
Desde entonces, se inscribe cada año en una actividad colectiva. Se integra al grupo humano con discreta ubicuidad y, sin levantar ninguna sospecha, escoge a su próxima víctima.
Si constara en un currículum, podría alardear de haber asesinado una armadora del equipo de vóley, una tejedora de la Parroquia Salesiana del pueblo, un compañero del grupo Amigos en Bicicleta, un coreuta desafinado, un bailarín de las clases de tango con asombrosa puntería para las femeninas pantorrillas y demasiado afecto en los abrazos, una anciana del grupo de oración “El rosario del alba”, entre otros.
No quiere vanagloriarse. En el imaginario cursum honoris seguramente no detallaría en cada caso el modus operandi, y por supuesto tampoco la forma de selección de su objetivo. No obstante, nada de eso queda librado al azar. Todo responde a los tortuosos razonamientos de su patológica mente.
Esa noche llega a la reunión del último grupo al que se ha incorporado. Todos los compañeros muestran una alegría moderada. Algunos no se conocen. Otros se saludan íntimamente. Unos pocos están un tanto nerviosos porque deberán, después de los brindis, leer en alta voz el resultado de su inspiración literaria.
Ella, a su turno, no mostrará demasiada inquietud. Está acostumbrada a hablar en público, a veces a actuar. En la superficialidad del trato social parece sumamente desenvuelta.
Ha imaginado iniciar su relato con un fragmento impactante, ya ha entendido la importancia de los inicios contundentes. Por ejemplo: -“Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche…” Quiere adivinar quién reconoce el plagio.
Comienza la lectura. Parte del placer del homicida es apreciar en su víctima el relámpago del temor, el presagio de la muerte. Ella modula cada vocablo, levanta la vista en cada punto, se reconcentra en cada pausa profunda del discurso. Su mirada se ha detenido, infinitesimal, en la mirada de quien pronto morirá.
¿A quién habrá elegido en esta oportunidad? Tal vez al contertulio envidiado, que cosecha siempre más comentarios que ella en sus publicaciones, todos elogiosos. Quizás sea el abnegado coordinador, que sin saberlo ha herido su orgullo y vanidad con alguna observación lacerante para sus cuentos. Ella siempre las agradece, evadiendo así eventuales suspicacias. Acaso el corrector, que con sus críticas permanentes al exceso de comas y gerundios ha llegado a irritarla hasta el límite.
¿Cuál será el arma homicida? ¿Eligió el veneno? ¿Lo ocultó en el vértice de alguno de los folios repartidos entre los comensales, cual monje anciano de Eco? ¿Convidó a alguno de ellos una pequeña confitura especialmente enriquecida con el tósigo? ¿Sacará de repente un revólver de su cartera, como el hada de la Consigna 36 – Taller virtual, versión en texto, punto 3? ¿O, después de la despedida, en las penumbrosas calles cercanas al restorán “La latina” volará por los aires un coche bomba dejando una vacante libre en el Taller Literario de los jueves a las 18:30?
Finaliza su relato. Antes de doblar con tranquila prolijidad la hoja en cuatro, levanta por última vez la vista y aspira con fruición un sutil efluvio de adrenalina que invade el aire nocturno.

3 Respuestas

  1. Carlos dice:

    ¡Yo voy los martes! ¡Yo voy los martes! ¡Yo voy los martes! ¡Yo voy los martes!
    Muy bueno!!

  2. Ángela Peláez dice:

    Ya me encantó cuando te lo escuché decir en la reunión de “La latina”, casi para fin de año. Tiene ironía y humor. Aunque nunca me enteré quién fue la víctima aquella noche, lo que sí puedo atestiguar es que había una fuerte presencia de adrenalina circulando por el ambiente. Queda claro el porqué…

  3. Pedro dice:

    muy bueno! realmente me gustó mucho el tema, muy original y bien resuelto, un verdadero “trhiller” con un final inesperado y “abierto”, espero no tener que compartir las tertulias de este año con vos… me dá mucho miedo!

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