El protagonista

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—Cuando quieras —lo invitó el analista.

—Ayer hablé con Marcos —escupió Sebastián—. Después de tantos años, le pedí perdón por haberlo matado.

—¿Te sirvió?

—Sí, creo. No me fue fácil mirarlo a los ojos y reconocer que asesinarlo fue lo mejor que pude haber hecho. Así se lo dije y supongo que me entendió. Extraño su compañía. Él sabe que su ausencia me cuesta mucho, pero más me perjudicaba su presencia. Era demasiado siniestro. Bueno, vos lo sabés de sobra. De eso ya hablamos bastante…

Sebastián guardó silencio unos cuantos segundos.

—¿En qué te quedaste pensando? —intervino el profesional.

—En que nunca pude entender cómo fue que manteníamos una relación tan cercana. Siempre pensé que Marcos era como un hermano para mí, pero me equivoqué. Al confesarle que, prácticamente, me alegraba que estuviera muerto comprobé que no era la sangre lo que nos unía, sino el miedo. El miedo al otro. Le temo a Marcos, a su cinismo, a su impunidad, a su rabia, a su total desprejuicio y libertad para hacer y deshacer realidades.

—¿Lo odiás por eso?

—No, claro que no. Marcos es mío, soy yo. Marcos nació porque yo tenía una necesidad. La necesidad de un personaje oscuro para mis historias.

—¿Y pudiste satisfacerla?

—Sí, por supuesto. Su aparición en mi narración fue mi mejor acto creativo. Pero ya cumplió con su misión. Prefiero que se quede donde está: enterrado junto con sus historias. A Marcos lo escribí yo y yo voy a elegir cuándo borrarlo.

—¿Qué, no lo habías hecho ya?

«Te dije que no te iba a resultar tan fácil, Seba. Más vale que te vayas acostumbrando a tenerme cerca porque yo te sigo a donde vayas.»

—Sebastián —interpeló el analista— te quedaste callado.

—La verdad es que no quiero seguir hablando del tema.

«Más vale que no. Basta de gastar plata en esta basura, Sebastián. No te hace falta hablar con nadie más que conmigo. Acordate: yo te hice famoso. Sos el escritor que sos gracias a mí, a las historias que te conté.»

—Es Marcos otra vez, ¿verdad? —lo interrogó el psicólogo—. Permitime charlar con él.

—Sí. Bueno, no —se arrepintió el paciente—. Me quedé pensando en él, nada más. Marcos no existe más, ya le dije que lo borré. Lo hice cenizas, junto con todos libros que lo tenían por protagonista.

«Qué mediocre, inepto, este locólogo tuyo. Se cree que va a poder manipularnos otra vez. Bien sabés que no te conviene dejar que trate de “analizarme”. Vos y yo somos uno, no te olvides de eso.»

—Mejor me voy —se excusó Sebastián mientras se incorporaba sobre el diván.

—Te espero la semana que viene —El analista lo miró a los ojos—. A los dos.

8 Respuestas

  1. Laura Mammana dice:

    Genial, me gusta mucho el final

  2. Jorge Juarez-Bagdigian dice:

    Me gusta como has personificado a tus gatos. Estuvo muy bueno.

    • Jorge Juarez-Bagdigian dice:

      Perdona. Esto fue para el otro cuento que hicistes jajaja Este cuento tiene todas las caracteristicas de una buen libro de suspenso sicologico.

      • Melisa Alexandra dice:

        ¡Gracias por tu comentario, Jorge! Y por leer el cuento, también. Me alegra mucho que te gustara. Los dos (blink).

  3. Guillermo Inchauspe dice:

    ¡Muy bueno! Felicitaciones.

  4. ¡Jajaja! Gracias por leerme, Ada. Y gracias por tu comentario. Lo aprecio.

  5. Ada Salmasi dice:

    Muy bien logrados ambos personajes, Sebastián y Marcos,su lado oscuro, ¿Me encantó el “locólogo” que la tiene clara!

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