El nombre del bosque

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Nadie cruza de noche el Bosque del Cazador. Sólo los forasteros que vienen de lejos, donde los cuentos de miedo no llegan.
Durante el día parece un bosque corriente, excepto quizá por la confianza que demuestran algunos animales comúnmente asustadizos. Esto puede resultar poco creíble dado el nombre del bosque, pero en el lugar hay un solo cazador y no caza animales.
Los niños lo saben bien, a todos les enseñan la canción.
“Si estoy en el bosque y se alarga mi sombra,
me subo a un árbol, el cazador ronda,
me quedo muy quieto, silencio de flecha,
el cazador escucha, el cazador acecha,
espero paciente que llegue la aurora
el Sol salva, el cazador devora”

Las llamas del fogón alimentaban el bailoteo de las sombras en el claro del bosque. Una pareja y tres niños sentados en troncos, se calentaban las manos. Un caldero humeaba colgado sobre el fuego en un trípode improvisado con ramas gruesas. Un gran carromato estaba a un costado y dos caballos resoplaban nerviosos. Eso es lo que veía y oía el cazador desde uno de sus puestos de observación mientras un agradable cosquilleo le recorría el cuerpo y su boca se llenaba de saliva.
Otro sonido se elevó en la noche, sorprendió al cazador y lo detuvo en su avance. La melodía se movía como el viento entre los árboles, una calma tibia se derramó por sus huesos y él, cuyo único placer era torturar y mutilar, hubiera sonreído si recordase cómo.

El cazador salió caminando de la oscuridad y se acercó al grupo. La música cesó, el hombre despegó un momento la flauta de su boca pero luego siguió tocando.
―Haz el favor de acompañarnos forastero―invitó la mujer con temblor en su voz.
La noche impregnaba la alta figura del cazador, su arco, sus cuchillos, todo era oscuro, difuso, sólo sus ojos reflejaban un poco el resplandor del fuego.
La mujer seguía hablando pero el cazador tenía su atención en los tres pequeños, le gustaban los niños y hacía tiempo que no aparecía alguno por el bosque, incluso lo animó la idea de conservar uno y tener un espectador de sus futuras cacerías. Una suave presión en su antebrazo lo sacó de su trance, era la mujer.
―Insisto, mi señor, siéntese y comparta nuestra cena―dijo, y depositó un cuenco humeante en sus férreas manos.
El exquisito aroma y la música reavivaron en él algo de humanidad. Les permitiría vivir hasta que terminara su comida y decidió que se quedaría con un niño. Bebió un par de sorbos y estudió a los pequeños que lo miraban expectantes, estaban flacos y muy pálidos pero parecían fuertes. Eligió al más alto.
Terminó el caldo espeso y arrojó el cuenco a un lado.
El hombre seguía tocando ajeno a todo. “Va a ser el primero”, pensó el cazador. Con suerte los demás tratarían de escapar, haciendo más interesante la cacería. Quiso alcanzar su largo cuchillo pero su mano apenas se movió. La melodía aleteaba en sus oídos, entonces vio las sonrisas de los niños, rebosantes de dientes puntiagudos, demasiado heladas para ser de alegría.
Inmóvil mientras se acercaban los niños el cazador trató de comprender. No pudo.
El frío de la noche le entró en el cuerpo en un sisear de puñales.
Nadie cruza de noche el bosque del flautista. Sólo los forasteros que vienen de lejos, donde los cuentos de miedo no llegan.

7 Respuestas

  1. Cecilia Mirolo dice:

    Me dio miedo leerlo!! muy bueno el clima que logras y bueno también el final

  2. ISABEL SALAS MEYER dice:

    Muy lindo!con frases muy logradas y un final muy bueno.Lo disfruté mucho.

  3. Damián Díaz dice:

    Muchas gracias por los comentarios.

  4. Mabel Luchetti dice:

    Damián, me gustó mucho la atmósfera del cuento, y algunas frases como “silencio de flecha”, “sonrisas rebosante de dientes puntiagudos”, “un sisear de puñales”. Me gustó!

  5. sofia dice:

    muy bueno, me gusto la historia, corta contndente..atrapante…

  6. muy bueno! un original de vampiros….

  7. marina Debias dice:

    Muy lindo! Atrapante y con final insolito y extrañamente feliz. Lo disfrute mucho.

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