El Lugar

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– ¿Cuánto le queda de vida, doctor?
– No más de 24 horas.

Escuchar semejante sentencia de la propia muerte, podría ser algo imposible de soportar para cualquier joven de diecinueve años. No para Ceferino.
Yo en esta cama y sólo puedo escuchar la vida que me pasa al lado. A la mía me la voy olvidando de a poco, y ya no me duele.
Ya no me acuerdo cómo eran muchas cosas; ni el frío helado que cala los huesos en la mañana temprano camino a la cantera, ni el calor sofocante de los medios días, allá arriba en los cerros de cal.
¿Cómo era que me decía mi abuela Santina cuando me iba a trabajar?
– Alistesé rapidito m’hijo y recuerde: “A seguro se lo llevaron preso”.
Siempre la escuché; menos, aquel día cuando el apuro nos llevaba al galope.
¿Cómo era su voz?
Hablaba fuerte, a eso lo recuerdo bien; casi que se la podía escuchar desde la casa de al lado. Yo le decía que parecía vendedora ambulante, y siempre le causaba la misma gracia. ¡Cómo me gustaba llegar a casa y tomar unos mates con ella debajo de la parra!
Mi abuela Santina era capaz de dejar cualquier cosa que estuviera haciendo, aunque fuera lo más importante, sentarse en el sillón de mimbre y cebarnos una pava llena. A cualquier hora.
Podía haber tenido el peor día de mi vida, haber laburado el santo día, haber aguantado al patrón durante doce horas, pero llegaba a casa y encontraba a la abuela yendo y viniendo, casi siempre agitada de tanto andar, y mi día volvía a empezar.
No pasaba una semana sin decirme:
-“Recuerde m’hijo, que uno tiene que vivir lo suficiente como para ir al lugar de sus sueños, contentarse ahí, estar como en las pascuas y volverse a casa. No se olvide”.
– No abuela.
¡Qué sé yo, cuál es el lugar de mis sueños! ¡Yo pensé que eso era cosa de viejos! Que cuando tuviera como cuarenta, iba a ponerme a pensar cuál es ese lugar y entonces iba a decidir. Y que todavía iba a tener tiempo de ir hasta allá y después volver a casa, así como decía la abuela.
Me queda sólo un día y no sé cuál es mi lugar. Yo nunca soñé con uno. Entonces no valió la pena que yo haya vivido.
Lo único que puedo hacer en esta cama es pensar; por ahí puedo concentrarme mucho y elegir alguno. No he salido del pueblo más de una docena de veces; cuatro, fui a la ciudad y las otras a los pueblos de por acá cerca. De los lugares que vi en las revistas o en la televisión, me gustó mucho el mar, las Cataratas del Iguazú y la cancha de Boca. Deben de ser muy lindos, pero no para tanto como para decir que son “ese” lugar. No le pregunté a la abuela cómo debía ser el lugar de nuestros sueños. Tampoco ella me lo dijo.
Supongamos que elijo alguno, ¿y entonces qué hago? ¿Cómo les digo que mi lugar es el mar o la cancha? ¿Tendrían tiempo de llevarme antes de que termine el día? Seguro que no.
¿Y si fuera un lugar de por acá?
El río, diría que me emborracha de gusto; la mejor parte es justo en el codo, donde se hace ancho y el agua remolinea las hojas de los sauces llorones. Ese podría ser; y fui allá casi todos los días. Pero no sé.
¿Qué se sentirá en el lugar de los sueños?
Seguro que es hermoso, como perfecto diría; y que ahí, uno se debe sentir muy contento y descansado. Debe de ser un lugar para estar largo y sentirse pupudo de gusto. Y debe de ser el lugar al que uno quiere ir cuando está triste y tiene ganas de llorar y también cuando se anda chocho por la vida. Seguro que uno quiere llevar a sus más amigos a ese lugar, sentarse a pasar el rato y sentirse orgulloso porque el de uno, es el más lindo del mundo.
Seguro que ese lugar tiene una parra como la de mi abuela Santina y está ella ahí, cebando mates.

Rosario Fonseca

¿Qué hago cada día? Soy profesora de inglés en el secundario desde hace 24 años, y desde hace cuatro, soy vice directora del primario .¡ Amo lo que hago ! ¿Qué hago desde hace 33 años? Estoy casada con Enrique wojnacki desde 1080, y tenemos tres hijos José de 32, Laura 31 y Paula 26, ahora también tenemos un nieto Agustín de 7 meses y está llegando Lola.

1 respuesta

  1. graciela dice:

    a veces nuestro lugar en el mundo esta ahí donde estuvimos siempre en los afectos en el cariño, ese es nuestro lugar y esta lleno de energías y las fuerzas para soportar nuestro transitar de la mano de nuestros seres queridos.
    hermoso relato, claro y vivencial

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