El Cuaderno Mágico

Tiempo de lectura: 2 minuto/s

Las dos mujeres cayeron abrazadas al piso en una lucha de manotazos y rasguños. Sofía apretaba la cartera y los apuntes contra su pecho con una mano y con la otra intentaba sacarse de encima esta linyera loca que se había ensañado con ella.
Sofía no sabía que tenía tanta fuerza y la pordiosera tampoco sabía que la falta de vitaminas , aparte de quitarle los dientes , le había debilitado los músculos.
A punto de renunciar, recordó que guardaba en su bota un cuchillo herrumbrado que había juntado en la basura. Lo sacó amenazante y Sofía no tuvo mas remedio que aflojar los brazos y rezar.
Agueda, la linyera, había llegado de Italia en un vientre adolescente que la Europa de los años cuarenta no quiso ver nacer. Su madre había sido embarcada a los quince años hacia América con la excusa de la guerra. La vergüenza y el desprestigio del apellido familiar atentaban contra los puestos políticos que pretendían alcanzar.
Cuando cumplió los cinco años su mamá murió en un accidente y empezó a peregrinar por conventos y asilos donde su pequeño retraso mental le hacía la vida amarga a ella y a sus superiores. Recién cuando cumplió los dieciocho abandonaron el intento de enderezarla y debajo de un puente, en su mundo, ella fue feliz.
Su rutinaria vida transcurría en diez cuadras a la redonda. Comía lo que encontraba, dormía como podía y en su trastorno obsesivo buscaba un cuaderno mágico, que según le habían dicho en el orfanato, cumplía los deseos a quién escribía en él.
Recorría las calles maldiciendo en su idioma, una mezcla entre italiano y castellano, con esa voz gruesa de quien se comunica poco.
Sofía era una flaca meticulosa y miedosa que trabajaba como secretaria en una empresa de transportes en una zona oscura y olvidada de la ciudad. Su trajecito beige impecable y sus tacones charolados, no coincidían con el entorno. Ella temblaba cada vez que se encontraba con la vieja en la vereda y cruzaba inmediatamente. Le repugnaba el olor fuerte y agrio que emanaban sus harapos. La cabeza enmarañada y los ojos tan oscuros y desafiantes la hacían transpirar.
Un mal día, se encontraron como tantos otros en la calle solitaria y Agueda sin piedad la atacó de frente, con los ojos rojos, la boca abierta y las manos sucias de basura revuelta. Sofía venía de la facultad y estrenaba un cuaderno rojo.
Con un grito gutural e inentendible, Agueda le pedía el cuaderno y Sofía presa del terror, solo veía a un monstruo descomunal que le quería quitar la vida.
Cuando Agueda sacó el cuchillo, el corazón de Sofía se paralizó y no tuvo más remedio que soltar sus prejuicios y escucharla hablar.
-…Dame el cuaderno…Ella, soltó sus tesoros.
Agueda abandonó el cuchillo y se abalanzó sobre el cuaderno que la esperaba abierto en la calle. Sacó un lápiz negro gastado que guardaba en un bolsillo y arrodillada como una niña, mordiéndose la lengua de tanta concentración dibujó:

mamá

12 Respuestas

  1. Damián Di Carlo dice:

    Felicitaciones por el cuento !!! 10 puntos !!!

  2. Marcela dice:

    Me emocioné hasta las lágrimas! Buenísimo!

  3. Jose E. dice:

    Muy buen cuento. La pausa al comienzo y la reaparicion al final del protagonismo del cuaderno, impecable.

  4. Mauricio Gálvez Rollán dice:

    Bellisimo, conmovedor. Gracias por compartir.

  5. Rosario Fonseca dice:

    ¡Hermoso cuento ! Muy bien relatado y muy emotiva la trama.
    ¡Felicitaciones !
    Charito

  6. Rodrigo VN dice:

    Muy bueno! Y, coincidiendo con Fredy Bustos, me encantó que dibujara (y no escribiera) “mamá”. No es un detalle menor… Excelente!

  7. Fredy Bustos dice:

    intenso! Me gustó que dibuje “mamá” y no lo escriba

  8. Carlos Crohare dice:

    Muy Lindo , Me gusto !!!

  9. marcela dice:

    Que buen cuento!!!

  10. Silvia Conci dice:

    Me encantó. Felicitaciones

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