DOS AYERES

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Caminaba yendo al trabajo. El cielo había despertado claro, luminoso. Cansino, acomodé mi corbata azul, tal lo exigía la propia pulcritud. Erguido, con firme prestancia, me destacaba ante nadie. Meditaba sobre el desamor. En la mano derecha lucía mi agenda personal, color blanco inmaculado. Solitario por la calle, de pronto escuché un ruido atroz que hizo vibrar mi cuerpo, la entereza y la visión. Tras un silencio oscuro, en plena confusión, grité por miedo al dolor pero no llegó. Quedé apabullado, entre supuestas sombras irracionales.

Surgieron imágenes borrosas, esotéricas también ángeles y contornos duplicados. Creí haberme detenido. Solté la agenda personal que cayó cerca de mis pies. Sí, me detuve, el tiempo se detuvo, también el espacio y la memoria. Me rodeó una rara sensación. Sin sonrisas pronto volví a la vida, a escuchar y ver. Entonces supe que repetía el día de ayer.

 

Pasa un auto y desde allí alguien saluda: respondo por cortesía. Distraído, casi tropiezo con un perro. Me acomodo la corbata azul, la de los viernes y no la roja de los jueves. Así confirmo, que es una repetición exacta de lo vivido ayer, salvo el color de la corbata. Llego a la oficina, lleno las mismas e idénticas planillas de ayer. Atiendo el teléfono: es mamá preguntando si llegué bien, si necesito algo y qué quiero cenar. Realmente sin diferencias a sus tantos otros llamados insistentes y aburridos.

 Cerca del medio día, llama Heber, después de tres años sin vernos. Comenta aquellas ya no novedades para mí y nos despedimos. Yo sabía lo que nos diríamos, lo ya dicho, lo ya escuchado sobre futuros encuentros. Él parecía no saber de éste, su segundo llamado: calco y repetido, para mí.

Una vez más discuto con mi jefe: hay amenazas contra mí, las que concretaría el viernes: hoy. No sé si podrá, no sé si existirá un hoy. ¿Y si se repite eternamente este ayer? ¿Si me animo, si le digo lo que siento? ¿Si lo estático triunfa y permanece? ¿Existirá la brújula moral?… Despreciado y tal vez, humillado, me alejo acarreando el misterioso secreto de sus labios.

Obsesionado, vuelvo a casa. Mi madre confiesa, como otras cientos de veces, que en sus oraciones pedía que abundaran novias, para que, por fin me decidiera. Cenamos en un silencio brumoso y horas después, se repite aquel sueño con un paisaje fantástico donde desde ése lugar se ve todo, sin tener que escuchar ningún ruido. Donde no es necesario pensar, ni esconderse, o tener novia, tampoco delatar rechazos. Donde se logra ser libre para ser uno mismo y en el cual se puede alcanzar el olvido de las penurias.

 

Hoy, viernes, desayuné, ajusté mi corbata azul, besé a mamá y emprendí el viaje a la oficina, cubierto por el asombro de un hermoso amanecer. Pensaba en el desamor de mi jefe, no deseaba discutir, sino todo lo contrario: mirarlo a los ojos sin censura mutua. Sentía la necesidad de tener fuerzas para derrumbar la pared de un rechazo final. Deduje que las cosas siempre pueden empeorar. Mis recelos persistían mientras caminaba entristecido. Un último susurro agónico, se alejaba. Fue entonces cuando descubrí una agenda blanca, en el suelo: era la mía personal.

Creo que así sucedió. A veces fantaseo. Dejo muchas cosas afuera cuando digo la verdad sobre él.

7 Respuestas

  1. Amadeo dice:

    Zulma.
    Me gustó tu interpretación. Es MUY cercana a mi intención. También busqué la fantasía de poder de detener el tiempo y que éste se repitiera.
    Efectivamente había un sentimiento amoroso entre los hombres. El final de la relación queda abierta.
    Gracias spor opinar
    Saludos
    Amadeo

  2. Zulma Chiappero dice:

    Hola Amadeo, me costó interpretar tu cuento. Lo leí varias veces. Esto es lo que deduje: el protagonista está enamorado de su jefe. Esconde a todos su homosexualidad, sobre todo a su madre, que como todas, sueña que su hijo tenga una novia. Teme una negativa a sus requerimientos y eso es lo que supongo, lo confunde, pierde la noción del tiempo, quiere repetir el jueves para que no llegue el viernes que será el de una negativa o aceptación de su amor. Espero tu devolución. Saludos

  3. Amadeo Belaus dice:

    Ada:
    Pasado el tiempo prudencial, cumplo y respondo: Sí, estaba enamorado de él
    Saludos

  4. Amadeo Belaus dice:

    Ceci:
    La intención fue esa. Un poco de ficción hacia atrás.
    Gracias por leerlo y consultar

  5. Ceci dice:

    Raro… ficción? ¿El eterno retorno?

  6. Amadeo Belaus dice:

    Ada:
    Queda pendiente la respuesta hasta el último comentario a recibir. Guardo la intriga.
    Paciencia…

    Saludos

  7. Ada Salmasi dice:

    Lindo cuento, me quedó una duda: el hombre de la corbata azul paralizado en un presente pasado,¿ esta enamorado de su jefe?

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