CRÓNICA DE UN DÍA

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Amanece, la campana del convento invade, puntual, la mañana. Voy a buscar una remera liviana, las zapatillas y un joguing.. El aire esta fresco, como aquella tarde que le mostraba a Matilde las tipas florecidas, mientras la cola del invierno se escurría en la cañada. Estas zapatillas no son cómodas, tenías razón, pero ahora no me vuelvo, igual no voy a llegar hasta la terminal. Voy aoblar por Maipú, para no ir a esperarte este sábado a la estación. Ya son las nueve, parece mentira, otra vez el tren atrasado, menos mal que zafé con Peralta. A ella le va a encantar mi departamento tiene una vista hermosa del parque Sarmiento. Le gustan los parques y trotar en las mañanas frescas. A las once regresa y sube por las escaleras, desde su ventana se ve el botánico, a mi también me gustan los parques. Yo subo por el ascensor, cinco pisos son demasiados para mí. A veces llego primero y me quedo escuchando el inconfundible trotecito de sus zapatillas por los escalones. Otras ella llega primero, y me deja la puerta entreabierta como esperando…¡ tantas cosas! y yo paseándome hasta el octavo. El agua de la ducha golpetea sobre la cortina insinuando la lluvia sobre el único paraguas que nos cubre. El vapor que se escapa por la claraboya, es el mismo de la pava que quiere remontar hacia un medio día con olor a pizza. La una, con razón tengo hambre, mozzarela con fainá y de rúcula para ella. Le ayudo a guardar su escasa ropa con olor a Buenos Aires y a Palermo en mi placard. Siempre nos sentábamos en el mismo banco de Plaza Italia, por cabala. Allí nos conocimos y le conté que también en mi ciudad, tenemos un parque con lago y puentecito donde se jurarse amor. No nos juramos amor eterno, yo por miedo y ella dice que la eternidad es el ahora. Por fin llegó el tren. Las once, demasiado para mi impaciencia y los quince días sin verla. Le gustó mi departamento frente al parque Sarmiento. Yo deseaba besarla, tenerla, pero ella tenía urgencia por conocer cada rincón de la ciudad, tocar los árboles, beber la vida. El único paraguas nos cubre caminando por la cañada, recoge del suelo flores mojadas de las tipas, para guardarlas junto a tantas cosas que luego olvida. Las tres, ¡qué cabeza ¡ Me olvide que venían a colocar el cablecanal. Estoy cerca, si los muchachos se apuran a las cinco estaré saliendo para Rió Ceballos, es el cumple de la vieja. Estas zapatillas no sirven para trotar. Le llevo flores, las que le gustan, es lo que me ha pedido desde que se fue mi padre. Me quedaré hasta el domingo en su casa. Caminaré por el pueblo recordando aquel helado en Aldana, la pizza en Brujas, mitad de mozzarela con fainá y de rúcula para ella. Este sol de las seis de tarde no me gusta. La ruta está liviana, hacía mucho que no veía despegar un Boeing. Queríamos hacer un viaje a las cataratas para verlas desde el aire, dicen que son una maravilla. La ruta al Tigre estaba cargada. Con el sol de frente, manejó ella, le encanta el sol. Comimos pizza con las manos mirando partir las barcazas, sentados en el muelle. El río manso, como ella. Los besos fueron de fugaza. A las 22 mi hermano tuvo el asado listo, como siempre mi madre llora cuando apaga las velas, le hacemos bromas y se le pasa enseguida, pero la tristeza la lleva adentro, como Matilde. Un día me dijo que llevaba la tristeza adentro y entonces sin saber como, le juré hacerla reír siempre. Igual se murió y el tren sigue llegando atrasado, aunque le falte un pasajero, mi pasajero de los sábados. La una de la mañana, se me cierran los ojos, pero la vieja esta tan contenta, que la miro en silencio trajinar por la cocina como cuando era chico y me preparaba el café con leche, me peinaba la raya derechita y alisaba con sus manos el guardapolvo. Matilde alisa el mantel con la mano izquierda, el anillo es diminuto como ella. Sin promesas, le dije y le gustó. Acomoda las dos tazas sobre la mesa y me apura, está feliz, salió con lluvia, llegó con sol. Hace precalentamiento entre los sillones, luego bajará trotando por la escalera. La espero en el palier, siete pisos son demasiados para mí y a ella el parque Sarmiento le queda chico. La una. La una, ¿de que día, de cuál de las noches? Bueno después de todo la campana del convento es puntual. Buscaré una remera liviana y las zapatillas, doblaré por Maipú para no ir a esperarla. Parece mentira, ya son las nueve, otra vez el tren llega con retraso, menos mal que zafé con Peralta.
La una, con razón tengo hambre, pediré mozzarela con fainá y de rúcula para ella…

caminar

5 Respuestas

  1. marina Debias dice:

    Hermoso cuento. Lo lei dos veces para terminar de comprender, y al final me llego hasta el hueso. Te felicito.

  2. Gabriela Meyer dice:

    Sofía, en una parte de tu relato me perdí, pero igual me gustó. Tenés una forma de escribir muy poética y transmitís mucho sentimiento.

  3. María José Borgogno dice:

    es bonito el relato y el uso de las palabras, es poético y sensible. pero me costó seguirlo y no pude entenderlo.

  4. Pedro Félix Alonso dice:

    RECIEN LEO ESTE CUENTO, QUE PASO? PORQUE LA FECHA DE PUBLICACION ES ANTERIOR…. BUENO, NO IMPORTA. LO LEÍ, ME GUSTÓ. ME HIZO RECORDAR MUCHAS COSAS DE MI JUVENTUD, ME TRAJO NOSTALGIA, ME DIO TERNURA, ME ENRIQUECIÓ SON SUS FRASES, SOS UNA GENIA!!!!

  5. Eva Peano dice:

    SOFíA. HERMOSO TU RELATO COMO SIEMPRE. LLEVAS LA POESÍA EN EL ALMA. Eva

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