Crisis

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Lucía cambia de lugar las pilas de la radio para ver si logra que el aparato funcione un rato más. En el programa de hoy es noticia el derrumbe de cielorrasos en tres colegios públicos de la ciudad, un tipo que hace números y afirma que se trata del default más grande en la historia del mundo y el presidente de la nación diciendo convencido que el que depositó dólares recibirá dólares. “A mí el país no se me fundía de esta manera”, piensa Lucía mientras toma un papel y hace sus propias cuentas, que al parecer tampoco están en el mejor momento. Ella misma trabaja en un colegio público y es por eso que, mientras escucha las noticias, se distrae imaginando qué alumnos o maestros podrían morir impactados por un pedazo de escombro en medio de la clase. “Buena candidata sería la insoportable de María Inés”, se divierte. El programa de radio continúa. Ahora hay un ex ministro hablando de economía con metáforas domésticas. Lucía escucha tranquila aunque tiene ganas de estallar de indignación. “Dicen que hay que administrar como madre y después toman deuda como jugadores empedernidos.” Recuerda entretanto una discusión con María Inés hace algunos años. Recuerda su propia voz diciendo a los gritos vos pensás que estamos bien porque no vivís de esto y la otra respondiendo con algún comentario sobre el poder adquisitivo de un turista argentino en Brasil o Miami. Se le vienen a la mente también las conversaciones en la sala de profesores, como esa vez que contó que había cambiado de psicólogo porque el tipo no entendía nada de nada y que en cambio ahora había encontrado uno mucho mejor que le daba la razón en todo. “No le vendría mal un buen pedazo de cielorraso en el marote”, piensa Lucía alternando la risa con la indignación. El aparato de radio despide los últimos sonidos confusos y finalmente se apaga. Lucía se queda en silencio, suelta el papel de las cuentas y cierra los ojos. Por un momento parece que va a llorar pero de pronto siente una inesperada tranquilidad. Da golpecitos en la mesa con las puntas de los dedos, trata de convertir cualquier sonido que escucha en una música relajante. En su mente las imágenes e ideas empiezan a confundirse y mezclarse como sucede en los instantes previos al sueño. Suena el timbre. Es un chico que pide una moneda o algo para comer. Lucía abre la puerta, lo manda a la puta madre que lo parió y vuelve a la mesa a seguir haciendo cuentas y cambiando de lugar las pilas del aparato de radio. 

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