Cielo

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El juego que nos proponíamos era tratar de llegar de una sola vez. Sin pifias, sin pisar la línea, sin tirar la piedrita afuera del casillero. Si uno le erraba, por más cerca que estuviera, quedaba descalificado. Nunca pude llegar de un solo intento. Ni siquiera estuve cerca. Aunque enfocara los ojos como si delante tuviera el tesoro más deseado. Jamás.

En cambio, para él, todo era diferente. Arrancaba y en la primera tirada ya saltaba como si nada los nueve casilleros. Me dejaba, cada día, con las ganas de ganarle. «Te falta mucho, enano» me decía, mientras ponía su mejor cara burlona. ¡Claro, porque él nunca tuvo que competir con nadie que fuese mejor y más grande! En cambio yo…

Yo siempre detrás suyo; persiguiéndolo para que pasara el rato conmigo: «¡Ey!, ¿jugamos un rato?». Ah pero él… él me tenía prohibido entrar a su habitación. Si a mí no me importaba escuchar sus discos, ni leer esos libros que tenía en la mesita de luz, ni mucho menos, tocar sus instrumentos. No me interesaba nada de él. O casi nada.

Porque, en realidad, sí quería que me enseñara cómo pegarle de chanfle a la pelota, o en qué lugar sentarme en el aula de la escuela; No se…  Qué se dice cuando te gusta alguien, o por lo menos, que estuviera para defenderme de los más grandes cuando me molestaban. Pero el forro nunca tenía tiempo para mí. Siempre para los otros. Que los amigos, que el futbol, que son tiempos difíciles, que la boludez nueva con la que saltó al ultimo.

«¿A quién le interesa la patria? Si eso no existe, si la patria somos nosotros», le dije, aunque no entendiera bien que le estaba diciendo. Quizás por eso no me escuchó. O porque nadie me prestaba atención en esa casa. «Escondete por lo menos», le grité haciendo pucheros. Pero me calló de un coscacho que todavía me acuerdo.

Estaba clarísimo que quería que todos estuvieran preocupados por se iba de casa, porque nos iba a defender, porque los ingleses esto, los ingleses aquello y vaya a saber que mierda con esa isla…

Y él… él siempre queriendo llegar en el primer intento al cielo.

7 Respuestas

  1. Viviana Romero dice:

    Por la forma en que está escrito, como lector, pude estar ahí. Vivir cada acción. Es muy profundo y emotivo. Felicitaciones.

  2. José María Torres dice:

    ¡Qué maravilla! Por favor no dejes de escribir nunca.

  3. Roberto Sosa dice:

    Sos más dulce, Meli. Gracias por lo que decis. ¡Con mensajes así, cómo no seguir escribiendo!

  4. Melisa Alexandra dice:

    Niño, Rober: qué pena que no te tengo a mano para darte un abrazo otra vez.
    Este cuento se teje tan sutilmente alrededor de uno que, apenas termina, te dan ganas de abrazar al protagonista y devolverle todos esos momentos que no vivió con su hermano.

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