Aullidos en la madrugada

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Conocí a Camila hace varios meses, cuando me pidió que le arreglara un ventilador, su ex marido lo había armado al revés. Cada vez que en su casa había un desperfecto me llamaba para que lo solucionara y yo esperaba ansioso escuchar su voz. Así transcurrieron los meses. Empecé a ir todas las tardes a tomar un café y fumarme un puchito a pesar de que ella no toleraba el olor a cigarrillo y siempre me retaba porque hace mal. Ese viernes le dije que cenáramos en su casa. Yo preparé el asado y ella la ensalada. No me cansé de mirarla. Es muy bella y joven, sus cabellos largos, abundantes caen bajo sus hombros como una cascada de rizos rojizos y sus ojos color miel cuando me miran me derriten. La cena terminó con un partido de chin chon, dejé que gane ella. Minutos después de las 04,30 hs recibí un llamado suyo, estaba furiosa.

–Vos ¿quién te creés que sos? Andá a hacerle esas bromitas a tu abuela. ¡Yo no soy ni tu novia, ni tu amante ni nada!

Me siento tan mal. ¡Qué metida de pata me mandé con Camila! Bueno… lo que pasa es que esa noche no me fui directo a casa. Después de cenar, me junté con los muchachos para jugar un partido de bochas, tomé unas copas de más. Llegué a casa a las 04:30 hs. Y la tentación fue muy fuerte. Marqué su número telefónico, ella atendió medio dormida.

–Hola Camila, habla el hombre lobo. – Comencé a aullar de manera desaforada. – ¡Te quiero comer!– Y continué aullando como un lobo en celo.

Todavía resuenan en mis oídos sus palabras: “Que sea la primera y última vez que me llamás a esta hora. Pero, vos ¿quién te creés que sos? Andá a hacerle esas bromitas a tu abuela. A mí no me despertás más a la madrugada. ¡Yo no soy ni tu novia, ni tu amante ni nada!” Suspiro cuando pasa a mi lado y no me saluda. ¡Cómo duele el alma cuando está enamorada y no es correspondida! Camila es un amor imposible, hay 35 años de distancia.

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