Así se hace

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Los días transcurren distinto cuando se es niño. El tiempo olvida su paso por la cuadra, los escenarios cotidianos se convierten en pequeñas películas y todo alrededor, todo es casi perfecto. El olor a tarde eterna luego del colegio es dulce y las comidas apuradas nos llenan de risas mientras corremos hacia los amigos. Son esos días en los que uno es dueño de su mundo y del de todos, olvidando lo que los adultos llaman responsabilidades y viviendo el desparpajo de ser feliz. Así transcurrieron los años de niñez, rodeados de una madre luchadora, con gran sentido de la protección, pero también consciente de que sus hijos se irían pronto de su lado. Ella siempre decía que “los hijos varones son así, se desprenden con facilidad del hogar y solo pasa a ser un recuerdo con chispas”.

Ese viernes se perfilaba como la antesala de un excelente fin de semana, sin horarios para los libros y las tareas y con plena libertad para hacer rodar el cuerpo sin descanso entre escondidas, pelotas con barro y nuevos juegos inventados. Madrugamos a la fuerza; mi madre debía hacer un trámite en el banco que ya no podía esperar más y con el miedo latente del último incendio, producto de una merienda fallida, no tenía mucha confianza en dejarnos solos otra vez. Sólo quisimos hacer un par de tostadas, pero por culpa del Chavo del 8, su barril y los golpes a los cachetes de Quico nos distrajimos más de la cuenta.
A las 7.30 las puertas del banco se abrieron (en aquel tiempo el día comenzaba más temprano, cuando había ganas de trabajar y no tanto deseo de asambleas de media mañana o fines de semana interminables). Éramos los segundos en la fila; mi hermano y yo teníamos las cabezas apoyadas el uno con el otro, como también los hombros, con la ilusión de estar entre sábanas calientes. Nos sosteníamos entre dormidos y malhumorados. Mi madre revolvía la cartera en busca de su billetera y para cuando nos encontramos frente a la cajera, ya estaba abierta y lista para recibir ese regalo de fin de año. Creo que solo en ese momento logramos despertarnos un poco, ya que vimos en esos billetes algunos regalos extra para Navidad. En pocos segundos ya estaba el dinero guardado y emprendimos camino hacia la salida en el otro extremo del lugar. Mi hermano se adelantó corriendo, ya que la necesidad de un baño lo apuraba, sumada a su natural prisa por no perder un segundo en otra cosa que no fuese divertirse. Cuando ya se veía afuera, un grueso vidrio le salió al cruce, casi quebrándole la nariz y acompañando la escena con un sonido aterrador y de eco totalmente indiscreto; atontado por el golpe, giró hacia un costado en huída pero otro grueso vidrio estaba ahí. Esta vez la mano que envolvía la nariz hinchada fue la víctima, acorralando a los rojos nudillos. Se vio obligado a sentarse haciendo pucheros mientras buscaba a mi madre. Ella se ocultaba detrás mío para que no se viera su burla y risa, que le impedían socorrer a su hijo menor, quien seguía sollozando en soledad y vergüenza. Pero, para sorpresa nuestra, el mocoso se limpió la humillación de la cara sin tiempo que perder, sacudió al ras sus rodillas y arremetió hacia la vereda.
Porque así se hacía en aquellos años, así se hacía cuando se era niño. Porque así se hacía cuando las horas paseaban tranquilas marcando cada uno de nuestros nombres con irrepetibles recuerdos. Porque nos levantábamos cada día sin pensar que le seguía otro y lo hacíamos único, porque mi hermano así jugaba a vivir, sin pedir permiso y sin dejarse vencer.

9 Respuestas

  1. Karina dice:

    Primer y último párrafos, una poesía hermosa que me sumerge en recuerdos más de sensaciones que de historias. El nudo del cuento me hizo morir de risa!!! Combinación perfecta de humor y nostalgia!

  2. Mauricio Gálvez Rollán dice:

    Gracias por su tiempo y lectura, son alentadores!!!!

  3. Cecilia Aimar. dice:

    ¡Es un bello relato! Teñido de nostalgias de la infancia, con imágenes visibles y lindo lenguaje. ¡Gracias Mauri! Beso.

  4. gustavo roque dice:

    Maravilloso, he vivido esa niñez y ahora la trajiste aqui, gracias

  5. horacio dice:

    VI MUCHO DE MI INFANCIA

  6. Muy lindo recuerdo y mejor relato. Un abrazo y felicitaciones.

  7. mabel dice:

    me gusta siempre la atmósfera! un beso, compañero

  8. José Tedesco dice:

    MAURICIO , PERFIL BAJO , VUELO ALTO. ME ENCANTO

  9. noe dice:

    Me encantó la claridad de las descripciones,, claras, y sobre todo transmisoras de ternura. Simplemente hermoso.

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