33 errores comunes que crucifican una historia (y cómo evitarlos)

Tiempo de lectura: 11 minuto/s

Sí. La cantidad de errores que se cometen a la hora de escribir una historia rozan el infinito, pero en un intento de armar una lista (odiosa, como toda lista), recopilé los que considero más comunes.

A la hora de compilarla, me pareció importante establecer una primera división basándome en la forma y el contenido. Vamos que venimos: 

ERRORES DE FORMA

Hacen a la manera en que se cuenta la historia, es decir, cómo está escrita. Suelen ser los más sencillos de enmendar.

1: Redacción:

Una mala ortografía y puntuación pueden aparejar una mala/deficiente comprensión del texto. Algo a tener en cuenta es que confiar totalmente en los correctores de texto del procesador (Word, etc.) no es aconsejable. 

2: Cacofonías:

Son sonidos repetidos que maltratan los oídos. “El que poco coco come, poco coco compra; el que poca capa se tapa, poca capa se compra.” Para remediar estos trabalenguas innecesarios, basta releer el texto en voz alta y buscar sinónimos a las palabras con un mismo final. 

3: Abuso del gerundio:

El gerundio (verbo terminad0 en “ando”, “endo”) debe emplearse para describir una acción que transcurre a la vez que otra y para poco más. Su uso obliga generalmente a redactar frases enrevesadas e incorrectas. “Se publica un nuevo decreto estableciendo…”, debería escribirse: “Se publica un nuevo decreto que establece…” ya que es el decreto el que establece y no que se publica a la vez que se establece.

4: Exceso de adverbios acabados en “mente”:

La repetición constante de los “obviamente, cabalmente, constantemente, realmente, simplemente…” afea un texto. Si en un mismo párrafo o en párrafos seguidos, se han usado dos o tres, seguro que se puede sustituir algún “desgraciadamente” con un “por desgracia…”

5: Variar el tiempo de la narración:

Es muy común comenzar a narrar en un tiempo verbal y, conforme se avanza en la historia, cambiarlo sin percibirlo. “Mario camina por la calle. Vio a Marisa y la saludó”. Para solucionarlo, hay que tener en cuenta en qué tiempo comenzó la historia, para continuarlo y también evaluar si la acción siguiente es posterior o anterior a la previa.

6: Cambiar la persona gramatical:

Ocurre cuando la historia viene contada desde una persona gramatical (yo, tú o él) y es cambiada por otra. “La mujer está en la cola de la caja del supermercado. Estoy apurada y el cajero está más lento que nunca”. La manera de evitar esto es no perder de vista quién cuenta la historia, si un personaje o un narrador externo.

7: Empleo de “el mismo”, “la misma”, “los mismos”:

Es incorrecto su uso con sentido anafórico, es decir, vacío de contenido. Casi nunca resulta necesario y las frases quedan más sencillas y comprensibles si se suprimen. En caso imprescindible, puede sustituirse por este, esta, estos… En vez de“Habrá que adelantar el pago y luego gestionar la devolución del mismo”, debería escribirse: “Habrá que adelantar el pago y luego gestionar su devolución” o “Habrá que adelantar el pago y luego gestionar la devolución de este” (prefiero con la primera).

8: Dequeísmo y queísmo:

No es correcto decir “Pienso de que deberían hacerlo” ni “Estoy seguro que deberían hacerlo”. Lo correcto se averigua preguntando al verbo. Tomando el primer ejemplo: ¿Sería “¿tú qué piensas?” o “¿tú de qué piensas?”?

9: Dificultades con el verbo haber:

El verbo haber es impersonal y va siempre en singular. Es un error muy extendido decir: “Habían varias personas” cuando lo correcto es: “Había varias personas”.

10: Una “s” de más:

Esa que se pone en la 2ª persona del pretérito indefinido de indicativo, es otro error común. Por ejemplo, no es “estuvistes”, sino “estuviste”. Solución: eliminar esa maldita “s” cuando sea “tú” o “vos” a quien se refiera.

11: Deber y deber de:

El verbo deber antes de un infinitivo se emplea para expresar obligación: “Debe estudiar más si quiere aprobar”. Cuando se usa la construcción “deber de” se expresa suposición, probabilidad: “Debe de estudiar más porque saca mejores notas que antes”.

 

ERRORES DE CONTENIDO

Hacen a la historia en sí misma, en su esencia, en el “de qué se trata”. Generalmente son más complejos de enmendar.

12: Romper la ley causa-efecto:

Suele pasar cuando un personaje actúa repentinamente, de manera imprevista y la razón queda sin una explicación necesaria. “Nino está comiendo lasagna. Ama ese plato. Su cara de disfrute podría verse a kilómetros. De repente saca un revólver y se dispara en la cabeza” (y el cuento sigue como si Nino se hubiera rascado la pera). Cuidado con los “de repente, de pronto, en un momento dado…” Solución: Tener en cuenta que cada acto es causado por algo y tiene efectos posteriores, es decir que está asociado a los acontecimientos precedentes y también a los futuros.

13: Vocabulario abstracto:

En un relato las grandes palabras: “Verdad, Libertad, Destino…”, las técnicas: “regurgitación, peritonitis aguda, procesador X-86…” y la psicológicas “depresión, no encontraba motivaciones, era una familia tensional”; están de más. Conviene prescindir de ellas porque no ayudan a la comprensión de la historia, no explican el trasfondo del argumento y no implican al lector emocionalmente con la historia.

14: Estilo asertivo:

En este estilo de narración se afirma o niega firmemente, llevando con demasiada firmeza la historia y, por ende, haciendo que la misma pierda matices que la enriquecerían. A veces los “casi, quizás, parece que…”, otorgan un aire de indecisión al narrador que contribuye a la verosimilitud de la historia. “X es un santo” cae en lo monótono, en cambio “X es casi un santo”, provee de un foco de interés al lector que se preguntará acerca de ese “casi”. 

15: Estilo enfático:

Exagerar suele romper la credibilidad de un cuento o, al menos, de un personaje. “Sus entrañas se estremecieron ante aquel alarido sobrecogedor que desgarraba sus tímpanos”, podría hacer sonreír burlonamente a más de un lector. Por este motivo siempre es bueno preguntarse si se está contando con la debida magnitud un hecho.

16: El relato archipiélago:

La acción se presenta en islas, sin un nexo visible que los una, algo así como “no es una historia sino un montón de cosas que pasan”. Para evitar esto cabe pensar en las preguntas que se haría el lector a la hora de leer los hechos que se narra.

17: Descripciones innecesarias:

Las descripciones, si bien enriquecen una historia con detalles, también la detienen. Por esta razón es necesario pensar si la historia sigue siendo la misma si se omite o no determinado detalle.

18: No hay un nudo:

Sin un giro verdaderamente imprevisto de la historia o un conflicto potente de al menos un personaje, la historia es incapaz de sostener la atención del lector ya que corre riesgo de convertirse en algo habitual que cualquiera podría contar. Esto no es sencillo de resolver, pero siempre la pregunta “¿qué tiene de especial esto que estoy por contar?” es un buen paliativo.

19: El nudo no se entiende o no queda claro:

Derivado del anterior, es posible que no quede bien explicado por qué tal situación le representa un conflicto/giro imprevisto al personaje. Aquí la pregunta es “¿se entiende por qué tal situación/hecho complica o desestabiliza al personaje?”

20: Desenlace/final de la historia ilógico o confuso:

Una de las grandes razones por las que leemos una historia es porque necesitamos saber cómo termina/se resuelve. Si el final no es claro o no se corresponde con la lógica de la historia, el lector se quedará insatisfecho. La manera de resolver ésto es preguntarse de qué se trata la historia, cómo es que se complica/problematiza, y cómo es que se resuelve.

21: No hay desenlace:

La historia queda inconclusa. El lector se queda con un “¿Y cómo sigue?” ya que lo que se ha presentado no queda resuelto. La solución es, ganarle de mano al lector y preguntárselo primeramente como autor hasta que se sienta que no hay tal lugar para tal pregunta.

22: Falta de ambientación:

Si bien hay relatos en los que no se necesita una descripción del lugar o los objetos, una buena ambientación hace que el lector se implique emocionalmente con la historia y no que ésta sea un mero constructo lógico. No es lo mismo que un personaje viva en una casa de barrio humilde y tome vino barato que que viva en una casa en el barrio más exclusivo de París y tome un Chateau Armand cosecha 1954 de € 3.000. Ambos son casas y vinos, pero no lo que ello implica en cada situación. Aquí conviene pensar en si lo que se está contando no requiere de una descripción que lo enriquezca en su justa medida.

23: Quitar el foco del protagonista:

Esto ocurre cuando el cuento comienza teniendo a un personaje como central y, en su transcurso, cambia a otro, dejando al primero en el olvido o relegado a un plano secundario. Para evitar esto conviene preguntarse constantemente de qué se trata la historia.

24: El tono didáctico del narrador o del personaje:

Ocurre cuando el narrador deja de lado la historia para detallar alguna teoría, hecho histórico o técnico que en poco ayuda al transcurso de los hechos. “Roberto tocó el timbre. Inventado en 1883 por J. Willie, el timbre simplificó considerablemente la tarea de…” Similar al anterior, pasa cuando el personaje adopta un tono informativo innecesario. “-Hola, María, hija de Don Roberto, nacida en febrero de 1983 y recibida de licenciada en Matemáticas, ¿cómo estás? -la saludó José, su amigo del alma.” A fin de no caer en esta trampilla, es necesario analizar si tal “información dura” es necesaria o no para el transcurso de la historia.

25: Olvidarse de otras sensaciones aparte del oír y ver:

Los personajes no sólo ven y oyen. También huelen, saborean, sienten por la, el cuero cabelludo, los genitales… Solución: no perder nunca de foco que los humanos somos verdaderas máquinas de sentir.

26: Problemas con los verbos de dicción (“dijo”):

En el intento de enriquecer una narración, es frecuente el empleo incorrecto de sinónimos del verbo “decir”, como “musitar”, “expeler”, “discursear”, y otros más rebuscados que significan algo muy distinto de lo que el autor probablemente quiso decir. Por esto hay que tener 1) cuidado, 2) diccionario para saber qué significa cabalmente tal verbo.

27: Escribir de temas desconocidos por el autor:

Es un error más frecuente de lo esperado. No está mal incursionar en “territorio desconocido”, pero siempre es aconsejable investigar ya que, si no, un lector iniciado en el tema se da cuenta enseguida de la carencia de conocimientos.

28: Omitir información en pos de conservar el misterio/intriga:

Esta práctica suele desembocar en textos crípticos, confusos. Para evitar esto, cabe analizar si es necesario ocultar determinado hecho y tener en cuenta que hasta los libros más premiados son extremadamente obvios en algunos pasajes a fin de que el lector comprenda cabalmente la historia.

29: Escenas desorganizadas:

El orden lógico se rompe, dejando al lector en la incertidumbre de cómo es que el personaje X pasó de una escena/acción a otra. “Mariano va en su coche, con las dos manos en el volante. Mira por la ventanilla. Gira de nuevo la cabeza. El mozo le ha dejado el café en la mesa. (¿Teletransportación? ¿Salto en el tiempo? ¿Magia?)” La manera de resolverlo es usar la lógica. Una cosa después de otra.

30: Diálogos confusos: ¿quién dice qué?:

Cuando se hace conversar a los personajes, las líneas de diálogo comienzan a sucederse. Y si bien es muy odioso que cada línea de diálogo sea sucedida por un “dijoX” o “dijo Y”, es necesario que cada tanto se le recuerde al lector quién es el que habla. Este “recordatorio” deberá ser más frecuente cuanto más personajes hable y/o más largo/complejo sea lo que digan.

31: Título pobre:

Es muy común dejar el título a la buena de Dios, sin que éste represente al cuento, ni sugiera algo que mueva al lector a su lectura. Para evitar esto conviene pensar si el título representa de alguna manera la historia, ya sea literal o simbólicamente.

32: Personajes poco descriptos:

Es frecuente, no sólo omitir describir a los personajes, sino que además ni siquiera se los nombra. Si bien hay narraciones en las que no es necesario, en otras se arman despioles al estilo “Él la miró a ella y ella lo miró a él (pero sin aclararle al pobre lector que hay dos “ella” y dos “él”. Una es alta, rubia y hermosa, la otra baja, retacona y desdentada. En el lado de ellos, tenemos al moreno simpático y musculoso y al flacuchento oloroso y holgazán). Es por ello que hay que ponerse en el lugar del lector y darle algunas señas que caractericen (y enriquezcan al personaje).

33: Diálogos innecesarios:

No es necesario transcribir toda una conversación, sino lo más importante. Evitar los “-Hola. -Hola, ¿qué tal? -Bien, ¿y usted? -Muy bien. -Ah, qué bien. -Adiós. -Adiós. -Tenga un buen día. -Gracias, usted también.” y así sucesivamente. Para evitar esto hay que prender y apagar la cámara sólo en los momentos jugosos del diálogo.

Germán Maretto

Incorregible vividor de la vida.

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16 Respuestas

  1. myriammonast@hotmail.com dice:

    Estoy muy contenta con todo lo que aporta este taller para poder escribir. Gracias Germán!!

  2. Ayuda muchísimo y tendremos que leerlo varias veces. Tal vez al terminar cada cuento porque seguro que algún error se nos escapó. Muchas gracias Germán.

  3. Victor dice:

    Muy bueno…gracias

  4. Cynthia Jazmín Romero dice:

    Me encantó este artículo, me hacen falta corregir unas cuantas cosas de la lista 😛

  5. dorana dice:

    hola,, me parece de gran ayuda , pero , en realidad los talleres tratan estos erroeres o solo son orientativos, ?

  6. Silvia Conci dice:

    Creo que he cometido uno o varios errores en todos los puntos.
    Valioso el material aportado. Creo que he sido musa inspiradora.

    Muchas Gracias

  7. nora dice:

    excelente ayuda para lograr buenos escritos
    nora camino

  8. Jose E. dice:

    Excelente. Colabora y mucho. Gracias.

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