Autor: Melisa Arias

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La gárgola

Te escucho llegar. Las suelas de tus zapatos golpean fuerte en la vereda. Está tan desolada la calle afuera, que no me hace falta adivinar que son tuyos esos pasos. Destrabás las puertas que nos separan, caminás el último tramo,...

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Tiempo fuera

—No amarás —lo sentenció Abel. —Pero yo también soy una criatura del Señor, ¿por qué no podré? —Tu alma no es como la mía. Solo sé que no tendrás el tiempo suficiente. —No te creo. Dios es grande y generoso,...

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El mesías y el profeta

—Pero dejá de decir pavadas, ¡qué vas a ser un mesías, vos! El único dios que existe es el Dios al que yo sirvo, el Dios del que yo soy profeta —esgrimió Joaquín señalándose el pecho con ambas manos. Roque...

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Veneno

—¿Push up, strapples o balconette? Nunca sé cuál me marca mejor el escote… La escucho quejarse y me hierve la sangre de la bronca. Suertuda. Al menos, ella sí tiene tetas. Amo a mi hermana, pero me saca. Tal vez...

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El protagonista

—Cuando quieras —lo invitó el analista. —Ayer hablé con Marcos —escupió Sebastián—. Después de tantos años, le pedí perdón por haberlo matado. —¿Te sirvió? —Sí, creo. No me fue fácil mirarlo a los ojos y reconocer que asesinarlo fue lo...

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Familia ensamblada

Y la miró con el odio con que se dicen las verdades que pretenden herir: —¡Vos no sos mi hermana! —Bah, qué novedad —desdramatizó ella. —¡Pero Mariana nos trata como si lo fuéramos! —¿Y a vos qué te molesta? Si...

Reencuentro 1

Reencuentro

La ropa seca esperaba a ser cosechada de la soga. Ella, tirada sobre el sillón, la miraba a través de la ventana, decidida a ignorar el llamado de la obligación. —¿Vas a dejarla ahí? —Sí… ¿De qué va a servir...

6

Hirundo rustica

—Che, Alfredo, ¿y si vamos yendo? —Perá un cacho más, anoto esta última y estoy. —Pero llevate el diario, mejor. Nadie se va a dar cuenta. —¡Ya está! —exclamó victorioso. —Hijo del rigor tenías que ser —lo reprendió ella con...

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Elusión

          Estabas en condiciones extremadamente precarias ese verano en el que te conocí. Deseé que el tiempo fuyera menos veloz, pero se me escapó entre los dedos en cuanto dejé de prestarte atención. Qué miseria esa:...

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Hambre

–Quiero contarte algo –le anunció a Débora mientras hurgaba con los dedos índice y pulgar el fondo del paquete de galletas. El viaje en colectivo había transcurrido en silencio hasta ese momento. Las amigas de la infancia parecían haber agotado...

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