Una cuestión de dos y ceros

Al ver esta foto tomada el año pasado, burda por cierto, lo primero que pensé es que su autor no imaginó el 2020 que nos esperaba. De hecho, pareciera que su profecía escultórica se terminó cumpliendo. Y si la imagen fuera de ahora, mostraría un arreglo navideño a tono con lo que ha sido este año: burdo. Un año que nos llenó de miedo, nos encerró en nuestras casas, en nosotros mismos y quizás nos acorraló y nos hizo sacar lo peor.

En mi caso, el comienzo del 2020 me encontró, además, con una situación personal complicada. El apocalipsis perfecto, pensé en marzo, cuando todo comenzaba, con el mundo exterior y el mío interno desmoronándose al igual que en el 2002, cuando estuve en una situación similar donde no había una pandemia pero sí una epidemia económica de la que Argentina luchaba por recuperarse. «Una cuestión de dos y ceros», me asaltó la lógica cabalística hace unos días. Lo bueno, siguiendo el razonamiento, es que hasta el 2200 no se va a repetir la nefasta conjunción y, cuando lo haga, es muy posible que me salve de enfrentarla.

Pero marzo, como dije, me encontraba lejos de una humorada como la de recién y, junto con las Tertulias para escribir, cerca de un muro apocalíptico que no mostraba puerta para atravesarlo. Entonces, lo primero que hice, fue refugiarme en la escritura. ¿Antes me quejaba por la falta de aislamiento que necesitaba para escribir? Bueno, ahora la tenía, y a la fuerza. Así pude escribir a un ritmo como el que hacía tiempo no había tenido, ocupado en ires, venires y reuniones que hoy, que puedo verlo en perspectiva, quizás no valían tanto el tiempo que insumían. Pero lo principal: a fuerza de escribir y escribirme, pude conjurar el mal hechizo del 2020.

…Y ese mismo refugiarse en las palabras fue el que comencé a transmitir a todos los contertulios mientras, en el camino, iba adaptando los talleres a una nueva modalidad virtual que, aunque con una pantalla delante, nos volviera a acercar. Así, al final de cada tertulia me encargué de reforzar que a la pandemia la estábamos venciendo a fuerza de escritura, y el «dejo todo» se fue haciendo «sigo, pero no sé» hasta que llegamos a «¡al final está bueno!». Y si el último verbo lo he puesto en plural, es porque no lo hice solo. Jamás hubiera podido.

Las nuevas Tertulias son un constructo colectivo donde primaron nuestras voluntades. Valiéndonos de herramientas como WhatsApp y Google Meet, nuestro deseo por escribir y compartir nuestras historias terminó encontrándole una puerta a ese muro apocalíptico. Al atravesarla, nos encontramos más unidos que antes, creciendo como nunca (no exagero, solo que omitiré incontables párrafos de explicaciones metodológicas para demostrarlo), y con la sorpresa de un nuevo taller donde ya no existen la localía ni las distancias: contertulios de Estados Unidos, Italia, España, Irlanda, México, Ecuador, Chile, Brasil y Colombia pueden dar testimonio de ello con la riqueza de léxicos y culturas que le han aportado a nuestro argento (y aquí omitiré otra parrafada de anécdotas).

Por todo ello es que, a nivel personal, puedo decir que este 2020 ha sido un gran año para mí y, lo más importante, para los talleres. Apuesto a que el 2021, ya sin tanto 2 y 0 juntos, sea aún mejor y que la vida nos dé este año muchas fichas para sostener y redoblar esta apuesta.

Germán Maretto

 

PD: Como me han preguntado, aprovecho a decir que el taller virtual sigue con normalidad y el presencial, ahora grupal online, retomará la primera semana de enero. Ambos, por ahora, aceptan inscripciones. Basta con hacer clic en las palabras coloreadas.

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