Vertiginoso paseo

Vertiginoso paseo

Joaquín se despertó temprano. Su padre prometió ir a buscarlo para ir a las Sierras a ver la nieve. Casi no pegó un ojo en toda la noche porque, además, le dijo que no iban a ir solos sino con una amiga y su hija, que se llama Bianca y tiene doce años igual que él.

Lo de ir acompañados le pareció una buena idea: las últimas salidas que hicieron juntos se habían aburrido bastante. Su padre estaba siempre muy callado, triste y no hablaban de casi nada. Él mismo contestaba con monosílabos ante los intentos del padre por iniciar una conversación. Así es que salir con otras personas lo entusiasmó.

«Bianca. De mi edad. ¿Cómo será? ¿Y la amiga de papá?, ¿será una novia?», pensó mientras se levantaba. Se acordó de lo que le habían contado sus amigos acerca de cómo se comportaban sus padres divorciados cuando empezaban una nueva relación y empezó a angustiarse.

Se vistió y pegó la pecosa nariz al vidrio de la ventana, esperando a que llegaran. Por la ansiedad que tenía, no pudo ni tomar el desayuno que le había preparado su madre. No sentía nada de hambre. Lo que sí tenía era un nudo en el estómago.

«Tu papá te va a contar algo», le dijo la madre cuando le dio el beso antes de salir.

Salió corriendo apenas vio llegar el auto y se sentó en el asiento de atrás, al lado de Bianca. Saludó a todos mientras se acomodaba y no pudo evitar mirar de soslayo a su compañera de viaje.

«Es más linda de lo que imaginaba», pensó cuando ella le clavó sus pupilas negras y lo saludó con una sonrisa que dejó ver sus dientes blancos y perfectos. El nudo en el estómago pasó a ser unas cosquillas. «Y la madre no es ninguna amiga», concluyó después de ver el modo en que se miraban los dos mientras conversaban.

Miró a su padre y pudo notar que esta vez no tenía el aspecto sombrío de siempre, ni la espalda curvada que le agregaba años. Por el contrario, lucía juvenil, animado y con una amplia sonrisa que le iluminaba la cara.   «¿Estará enamorado?» Pensar en eso no le gustó. Siempre fantaseaba con la idea de que sus padres se arreglaran y volvieran a ser la familia de antes. Observó también a la madre de Bianca. Era la primera vez que conocía una amiga de su padre desde el divorcio. Era delgada, pálida, de cabello castaño, se movía con suavidad y hablaba bajito. A primera vista le pareció que tenía cara de mala, y que esta vez era a él al que le tocaría tener una madrastra. «¿Qué habré hecho para recibir este castigo? », recordó las penurias contadas por sus amigos. Y las cosquillas desaparecieron y volvió la angustia.

–¿Cómo estás, Joaquín? –le preguntó de pronto la mujer con un tono de voz suave y cálido.

–Bien – fue lo único que pudo contestar.

«Uff, parece que se dio cuenta de que la miraba. No se ve tan mala cuando habla. Es
amable».

Lo cierto es que su cabeza giraba a mil por hora. Su padre estaba contento, la amiga del padre ya no le parecía tan mala y Bianca le resultaba hermosa y no sabía cómo hacer para no mirarla todo el tiempo. El viaje se le estaba haciendo eterno y a la vez quería que no terminara nunca. También se estaba descomponiendo: viajar en una ruta con curvas le revolvía el estómago. Y ni hablar de mirar hacia abajo, solo pensar en precipicios le hacía mal.

–¿Te sentís bien? –La pregunta de Bianca hizo crecer su malestar. Se puso colorado y afirmó haciendo un gesto con la cabeza para que lo dejaran en paz.

Al llegar, se maravilló por la visión del paisaje de la zona serrana: el manto blanco que tenía ante sus ojos lo dejó boquiabierto. Apenas se bajaron del auto, Bianca hizo una bola de nieve, se la tiró y corrió. Eso lo tomó por sorpresa. Él hizo otra y salió corriendo para devolverle el tiro e iniciar una guerra, pero con la torpeza de su adolescencia se resbaló ni bien comenzó la carrera y fue a parar al borde de la baranda del mirador. La visión de la pendiente tan profunda le
produjo mareos y ganas de vomitar.

Todos corrieron a ayudarlo, mientras él quería que la tierra lo tragara. Pero vio la sonrisa de Bianca, y pensó que la caída había valido la pena.

En el camino de regreso, y después de haber dejado a Bianca y a su madre en la casa, el silencio se había instalado de nuevo entre ellos.

–Pa, ¿hace mucho que las conocés? –dijo Joaquín para romper el silencio.

–Sí, hijo, desde hace años.

Y se quedaron callados el resto del viaje.

A Joaquín le pareció que la alegría de su padre se había esfumado y el aspecto sombrío había regresado.

Al llegar a su casa, entró y su madre lo esperaba.

– ¿Cómo lo pasaste? –le preguntó, demasiado expectante.

– Lo pasamos bien, mamá.

 –¿Te contó algo tu papá?

–¿De qué? ¡Bah, no me contó nada raro, ya sabés que él es muy callado!

La madre de Joaquín buscó el teléfono, furiosa y le escribió un mensaje: « Te pedí por favor que le contaras. Es hora de que Joaquín sepa que tiene una hermana».

 


Adriana Vallejo

 

Adriana Vallejos nos dejó el 9 de octubre de 2020 para irse de paseo.

Donde quiera que te encuentres, Adry, queremos que sepas que vas a estar siempre en nuestras tertulias, como una más, y siendo tan feliz como lo fuiste en el taller.

Te mandamos un abrazo inacabable.

10 Respuestas

  1. Leti dice:

    ¡Adoro esos finales! Y el estilo prolijo y cuidado.

  2. Anahi Mariana Guevara Carballo dice:

    Que buen final!!!!

  3. callefarm dice:

    ¡Excelente desenlace! Felicitaciones.

  4. Andrea Sánchez dice:

    Un final inesperado y todo el color de tus cuentos! Felicitaciones, Adri!

  5. Paula dice:

    ¡Gran cuento, Adri! Me encanta leerte.
    Espero que sigas compartiendo tus relatos.

  6. María dice:

    Qué final, Adri! Me encantó!

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