# James Thurber – La última flor

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- Published: 2016-01-12T00:34:00-03:00
- Author: Administrador

La duodécima guerra mundial, como todo el mundo sabe, trajo el hundimiento de la
civilización. Pueblos, ciudades y capitales desaparecieron de la faz de la tierra.
Hombres, mujeres y niños quedaron situados debajo de las especies más ínfimas. Libros,
pinturas y música desaparecieron, y las personas sólo sabían sentarse, inactivos,
en círculos.
 Pasaron años y más años. Los chicos y las chicas crecieron mirándose
estúpidamente extrañados: el amor había huido de la tierra. Un día, una chica que
no había visto nunca una flor, se encontró con la última flor que nacía en este 
mundo. Y corrió a decir a las gentes que se moría la última flor. Sólo un chico 
le hizo caso, un chico al que encontró por casualidad. El chico y la chica se encargaron,
los dos, de cuidar la flor. Y la flor comenzó a revivir. Un día una abeja vino a
visitar a la flor. Después vino un colibrí. Pronto fueron dos flores; después cuatro…
y después muchas, muchas. Los bosques y selvas reverdecieron. Y la chica comenzó
a preocuparse de su figura y el chico descubrió que le gustaba acariciarla. El amor
había vuelto al mundo. Sus hijos fueron creciendo sanos y fuertes y aprendieron 
a reír y a correr. Poniendo piedra sobre piedra, el chico descubrió que podrían 
hacer un refugio. Muy deprisa toda la gente se puso a hacer casas. Pueblos, ciudades
y capitales surgieron en la tierra. De nuevo los cantos volvieron a extenderse por
todo el mundo. Se volvieron a ver trovadores y juglares, sastres y zapateros, pintores
y poetas, soldados, lugartenientes y capitanes, generales, mariscales y libertadores.
La gente escogía vivir aquí o allí. Pero entonces, los que vivían en los valles 
se lamentaban por no haber elegido las montañas. Y a los que habían escogido las
montañas, les apenaba no vivir en los valles… Invocando a Dios, los libertadores
enardecían ese descontento. Y enseguida el mundo estuvo nuevamente en guerra. Esta
vez la destrucción fue tan completa que nada sobrevivió en el mundo. Sólo quedó 
un hombre… una mujer… y una flor.
