# Varlam Shalámov – El pan ajeno

- Link: https://www.escribir.com.ar/2015/10/texto-clasico/varlam-shalamov-el-pan-ajeno/
- Published: 2015-10-04T12:57:14-03:00
- Author: Administrador

Aquel era un pan ajeno, el pan de mi compañero. Éste confiaba sólo en mí. Al compañero
lo pasaron a trabajar al turno de día y el pan se quedó conmigo en un pequeño cofre
ruso de madera. Ahora ya no se hacen cofres así, en cambio en los años veinte las
muchachas presumían con ellos, con aquellos maletines deportivos, de piel de “cocodrilo”
artificial. En el cofre guardaba el pan, una ración de pan. Si sacudía la caja, 
el pan se removía en el interior. El baulillo se encontraba bajo mi cabeza. No pude
dormir mucho. El hombre hambriento duerme mal. Pero yo no dormía justamente porque
tenía el pan en mi cabeza, un pan ajeno, el pan de mi compañero.
 Me senté sobre
la litera… Tuve la impresión de que todos me miraban, que todos sabían lo que me
proponía hacer. Pero el encargado de Día se afanaba junto a la ventana poniendo 
un parche sobre algo. Otro hombre, de cuyo apellido no me acordaba y que trabajaba
como yo en el turno de noche, en aquel momento se acostaba en una litera que no 
era la suya, en el centro del barracón, con los pies dirigidos hacia la cálida estufa
de hierro. Aquel calor no llegaba hasta mí. El hombre se acostaba de espaldas, cara
arriba. Me acerqué a él, tenía los ojos cerrados. Miré hacia las literas superiores;
allí en un rincón del barracón, alguien dormía o permanecía acostado cubierto por
un montón de harapos. Me acosté de nuevo en mi lugar con la firme decisión de dormirme.
Conté hasta mil y me levanté de nuevo. Abrí el baúl y extraje el pan. Era una ración,
una barra de trescientos gramos, fría como un pedazo de madera. Me lo acerqué en
secreto a la nariz y mi olfato percibió casi imperceptible olor a pan. Di vuelta
a la caja y dejé caer sobre mi palma unas cuantas migas. Lamí la mano con la lengua,
y la boca se me llenó al instante de saliva, las migas se fundieron. Dejé de dudar.
Pellizqué tres trocitos de pan, pequeños como la uña del meñique, coloqué el pan
en el baúl y me acosté. Deshacía y chupaba aquellas migas de pan. Y me dormí, orgulloso
de no haberle robado el pan a mi compañero.
