# Slawomir Mrozek

– Revolución

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- Published: 2015-09-25T10:49:41-03:00
- Author: Administrador

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa.
 Hasta
que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí. Durante un tiempo
me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver. Llegué a
la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación
central e inmutable. Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue 
inconformista. La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la 
incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con
la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida. Pero
al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedo más que la incomodidad.
Así que puse la cama aquí y el armario en medio. Esta vez el cambio fue radical.
Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.
Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por ese «cierto tiempo». Para ser
breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario.
Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro
de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay
que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la
vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución. Decidí dormir en el armario.
Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante 
incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies
y de los dolores de columna. Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria
total. Ya que esta vez «cierto tiempo» también se mostró impotente. Al cabo de cierto
tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio—es decir, el cambio seguía
siendo un cambio—, sino que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio,
pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo. De modo que todo habría ido
perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener
sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama. Dormí
tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y 
la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba. Ahora la cama está de
nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento,
recuerdo los tiempos en que fui revolucionario.
